Patrimonio a desguace
3 marzo, 2022
Colonialismo con cambio climático
3 marzo, 2022
ver todo

Casi casi que estamos en la misma que ese pueblo de medio oriente; aquél que no puede sembrar cultivos estivales de escala, que importa alimentos terminados, y cultiva tres hectáreas de trigo al año.

Por Pablo Casals

De alguna manera, ya lo habían anunciado antes de que estalle la guerra entre rusos y ucranianos. Si el precio internacional del trigo seguía subiendo, tanto las exportadoras del grano como los molinos y las harinera se volcarían al mercado internacional. Con el conflicto bélico en desarrollo, la reacción del sector era de esperarse.

Las crónicas lo describen bien: “los molinos han suspendido hasta nuevo aviso las entregas de harina y en las panaderías hay incertidumbre sobre lo que va a pasar y a qué precios recibirán los próximos despachos. Y si el problema persiste incluso hay temor de que se pueda producir desabastecimiento del producto y afectar la fabricación de artículos como el pan y sus derivados”.

Tanto Rusia como Ucrania están entre los mayores productores y exportadores de trigo del planeta. Si la guerra persiste, y durante la primavera europea no se siembra, para mediados de año el trigo va a escasear en el mundo y por lo tanto su precio va a incrementarse.

Por eso, en nuestro país, aunque no estemos sujetos a bombardeo y estemos por entrar en otoño, si el conflicto se acentúa y el Poder Ejecutivo Nacional sigue mirando como pasa el tren, se verá en todas partes lo que ya sucede en algunas provincias argentinas: algunos molinos harineros optaron por especular con una mayor suba en el futuro y suspendieron las entregas.

Desde las entidades que nuclean a los panaderos sostienen que la harina argentina no tiene precio definido para el mercado interno. Sucede también que entre el 75 y 80% de la composición del valor del kilo de pan en mostrador, depende del precio de la harina; y esta del precio del trigo.

Asimismo, y depende desde qué provincia se lea esta nota, una decena de molinos concentran el 60% de la molienda. Esta a su vez se sitúa en un 90% en las provincias de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe. Es de esperar entonces que los precios del mencionado insumo de encarezcan en la medida que la demanda se aleja de esas tres provincias.

Mientras tanto, es curioso que desde el Gobierno Nacional – o los provinciales – no se aborde seriamente el asunto del abastecimiento y las cadenas de precios internos. Avisamos que el aceite, azúcar y bienes complementarios irán corriendo la misma suerte; máxime en épocas de paritarias donde los salarios se incrementan y por tanto el comercio puede “tirar” hacia arriba un poquito los precios, para hacer “diferencia” o simplemente bicicletear más holgados las cadena de pagos.

Esa dinámica – además de ser “de libro”- es parte de la realidad del “zafe permanente” para el pequeño comerciante. Mismo mecanismo que en las grandes cadenas de supermercados significan ganancias exorbitantes en dos o tres días, que generalmente giran a sus casas matrices extranjeras.

La guerra es la peor de las penurias para los pueblos. El colonialismo es la segunda. Escolasear con la comida de todos debe ser la tercera… Seguramente.

Fuente: MAGyPN / BCR / Diario de Cuyo

Invitame un café en cafecito.app

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.