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Caros engordes

El feedlot es un ejemplo de cómo suben los precios internos de producción a partir del aumento de los insumos que dependen o de la importación o cuyo valor está signado o determinado por los mercados internacionales.

Redacción

Mientras en el Congreso están desarrollándose todas las conversaciones previas al tratamiento de la ley agrícola, algunos sectores privados, plantean sus propias dificultades de cara a poder anotar un poroto en el texto definitivo. Sin embargo, y más allá de que la producción nacional seguirá supeditada al mercado externo – lamentablemente -, las discusiones nos permiten conocer algunos números de la actividad.

Por el ejemplo, según un informe de la Cámara Argentina del Feedlot (CAF) para el mes de enero de 2022, el encierre aumentó sólo 0,5% respecto de diciembre y llegó a apenas a 56,5% de la capacidad total instalada en el sector. Para el feedlot, cuanto mayor es la cantidad de animales se tiene en disponibilidad, los costos fijos de producción se reducen. Las épocas de sequías, por ejemplo, serían periodos donde debería “convenir” éste sistema de producción y obtener una ocupación mayor.

Según el informe, las pérdidas en un animal liviano alcanzan los 3.000 pesos por cabeza, más un 40% adicional relativo a caídas de valor dentro del propio proceso de producción del animal. Los costos de estructura y los gastos operativos aumentaron, al igual que en todas las actividades.

Uno de los insumos principales es el grano de maíz, base del alimento balanceado proporcionado en corral, cuya suba en el mercado internacional y en los precios internos, hace que el margen de venta sea de sólo un 10 %. Asimismo, también se registra un desfazaje entre la hacienda de invernada y el gordo, el animal terminado: por los terneros de invernada se pagan entre 300 y 330 pesos el kilo vivo, cuando la hacienda liviana con destino a la faena se negocia en el mejor de los casos entre 240 y 250 pesos.

En definitiva, este segmento de la actividad ganadera tiene forzosamente a la concentración. Según los números, los feedlots que prosperan o se mantienen, son los que tiene la actividad integrada. Es decir, o son fabricantes de su alimento, los que están integrados a la cría, o están ligados ala comercialización de hacienda. El mismo informe de la CAF explica que el 60% de las cabezas disponibles está en los feedloteros de mayor tamaño (más de 10 mil cabezas), que son los que tiene mayor poder de maniobra y respaldo financiero, dado que pertenecen a frigoríficos, o producen sus terneros y alimento.

A los que no puedan ”aguantar” la presión se los precios de los insumos, sólo les queda esperar un repunte en las cotizaciones del kilo vivo a través de la demanda externa. Lo cual repercutiría gravemente en los precios generales de la cadena cárnica para el consumidor final argentino.

Fuente: CAF

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