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Colombia vota el domingo

El próximo domingo 29, Colombia elegirá nuevo presidente. Tres de los cuatro candidatos principales a ganar las elecciones, se midieron en un debate televisivo a comienzos de semana y volverán a encontrarse el jueves 26. Repasamos aquí los principales ejes de debate. Sobre el final de la nota reproducimos un columna de opinión firmada por Javier Tolcachier, que nos servir´para comprender un poco mejor lo que está sucediendo en ese hermano país.
Redacción
Tras el debate del pasado lunes, tres de los principales candidatos a ganar la presidencia en Colombia, se lanzaron duros dardos, esbozaron parte de sus propuestas y tuvieron una coincidencia: hay desconfianza en el sistema electoral y en las garantías que la Registraduría pueda dar.
Así Gustavo Petro (Pacto Histórico), Federico Gutiérrez (Creemos Colombia) y Sergio Fajardo (Centro Esperanza), acudieron a la cita; mientras que Rodolfo Hernández, de la Liga de Gobernantes Anticorrupción, canceló a última hora y su atril quedó vacío.
Los dos punteros de las encuestas –Petro y Gutiérrez– se sacaron chispas por cuenta del Clan del Golfo. Todo comenzó cuando el del Pacto hizo referencia a ese grupo ilegal relacionándolo con ‘la Oficina’ y, de paso, intentando vincular al de Creemos Colombia con ese grupo delincuencial.
“El Clan del Golfo está ligado a ‘la Oficina’, que tiene un nombre de ciudad que no quiero mencionar. Y uno de los integrantes de esa ‘Oficina’ hizo parte de su gabinete (…) Su secretario de seguridad era de ese grupo”, increpó Petro a Gutiérrez. Pero el exalcalde de Medellín le respondió que no tuvo ningún vínculo con ese grupo y que, por el contrario, durante su gestión en la capital antioqueña estuvo amenazado por la respuesta que impuso contra la ilegalidad. Y, de paso, rectificó a Petro al recordarle que, contrario a lo que dijo, Gustavo Villegas está libre y que fue condenado por otro delito: omisión de denuncia.
Entre tanto, el de la Centro Esperanza planteó una política para enfrentar los problemas de seguridad derivados de ese grupo, la cual pasa –entre otras cosas– por potenciar la presencia del Estado en las regiones.
Respecto a cómo abordarán la cuestión tributaria, Fajardo le pidió a Petro que le explicará de dónde sacaría los 130 billones que, según sus cuentas, se necesitan para implementar los programas sociales que propone, sosteniendo que sus planteamientos requerirían $65 billones de pesos más de los que tiene estipulados. No obstante, el del Pacto le salió al paso diciéndole que en su propuesta el objetivo es que esas pensiones no tengan que ser financiadas por el presupuesto, sino con los recursos que saldría de las pensiones más altas.
Fue tal la discordia que ese tema quedó punta y los candidatos prometieron presentar nuevas cuentas el próximo jueves, cuando se tiene previsto otro debate presidencial. Sobre este capítulo, Gutiérrez prometió que mantendría la edad de pensión, el funcionamiento de los regímenes privados y Colpensiones, y que daría un ingreso garantizado de hasta $500.000 a los adultos mayores que no tienen pensión, una propuesta que también tienen en el papel Fajardo y Petro, mostrando que la jubilación es un tema con el que los tres buscan conquistar el voto de los 39 millones de colombianos habilitados para sufragar.

COLOMBIA: ¿PORQUÉ VOTAR? ¿Y POR QUIÉN?

Por Javier Tolcachier*

Hay quienes opinan que votar no sirve para nada. Que ningún candidato cumple sus promesas, que el poder real impide que se lleve a cabo un programa de cambio real, que una vez “arriba”, la amnesia borra todo compromiso moral con la mayoría que lo puso en ese sitial…
Quienes optan por la abstención suelen además agregar que el poder corrompe, abatiendo las buenas intenciones previas; que la oposición hará todo lo posible por bloquear las medidas del gobierno; que la prensa de propiedad concentrada ordenará lo que el gobierno debe hacer desde sus titulares; que la política imperial no permitirá desalinearse de sus mandatos; que, en definitiva, el modelo supuestamente democrático ya está caduco y no responde a los intereses del pueblo.
Y desde cierto punto de vista, no les asiste poca razón a quienes señalan esto. Y no son pocos los que así piensan… o sienten, que para el caso, da lo mismo.
Los números hablan por sí solos.

Padrón y abstención electoral en Colombia

En las elecciones presidenciales de 2002, en las que Álvaro Uribe Vélez ganó en segunda vuelta contra Horacio Serpa, la abstención orilló el 54% sobre un padrón electoral de 24 millones doscientos mil habilitados. En esa oportunidad, cerca de 400 mil personas eligieron rechazar con voto nulo o blanco. Cuatro años después, el padrón aumentó en más de 2 millones y medio. Sin embargo, acudieron a las urnas solo 700 mil votantes más que en la anterior, elevando la abstención un punto. Y el mismo número volvió a decir que no a cualquiera de los contrincantes.
En 2010, con casi 30 millones de colombianas y colombianos inscritos (11% más que el padrón anterior), se abstuvo de votar un 51% en primera vuelta y más de un 55% en segunda, siendo electo como sucesor de Uribe, Juan Manuel Santos. Los blancos, anulados y no marcados sumaron cerca de 700 mil, reafirmando el rechazo mayoritario a las opciones en pugna.
En 2014, las cosas empeoraron. Más del sesenta por ciento del padrón de posibles votantes (unos 33 millones) en primera vuelta y 52% en la segunda, no concurrió a la cita, a lo que deben agregarse un millón de votos blancos o nulos en ambas. En la última elección (2018), en la que también un ungido por Uribe y su partido resultó presidente, la abstención se redujo al 46%, quizás porque los electores percibieron que esta vez sí podría “darse vuelta la tortilla”. El candidato perdedor entonces, Gustavo Petro, aparece ahora como favorito en la inminente contienda.

¿Por qué votar entonces?

Con la regularidad cuatrienal habitual (sospechosa en un país con tanta irregularidad), el 29 de Mayo habrá nuevos comicios presidenciales con un padrón que, tal como en anteriores oportunidades, ha aumentado nuevamente en 3 millones de electores.
¿Cuántos, entre los 39 millones de inscritos, participarán de esta lid? ¿Acaso ha variado algo en la percepción del pueblo sobre la democracia o la política en general? ¿Es que ha disminuido la violencia fomentada desde adentro y desde afuera por intereses ajenos al bienestar popular?
Claro que esto no ha sucedido. Por el contrario, el malestar ha aumentado y este es precisamente el motivo, junto a la posibilidad de un candidato creíble y opositor a Uribe y su clan, por el que quizás el porcentaje de votantes sea mayor esta vez.
Lo que sí ha sucedido es que el pueblo ha hecho oír su voz en las calles. A lo largo de 3 meses, entre Noviembre de 2019 y Febrero de 2020 primero y luego a partir del 28 de Abril 2021 de manera ininterrumpido, un Paro general movilizó a vastos sectores del país contra las políticas del gobierno de Duque en una protesta extendida y generalizada. Plantones, bloqueos, asambleas populares y gigantescas manifestaciones se sucedieron a pesar de la represión y la pandemia, a pesar de la seguidilla de asesinatos y masacres. El malestar mudó en rebelión y ésta caló hondo en el sentir popular a la espera de la oportunidad de cambiar de rumbo.
¿De qué otro modo, luego de una movilización contundente el pueblo habría de señalizar su descontento contra 20 años de políticas represivas y regresivas sino también con su voto? ¿De qué otra manera podría evitarse que un nuevo sustituto del viejo régimen coloque las riendas del poder político en las manos de la oligarquía?
A pesar de la desconfianza y el descrédito, ampliamente justificados por un sistema político excluyente, mentiroso y estructuralmente corrupto como el colombiano, y justamente por eso mismo, en esta oportunidad, cuando la balanza parece inclinarse hacia una nueva dirección, las razones para ir a votar pesan más.

¿Por quién votar?

No puede desligarse el masivo despertar del pueblo colombiano que encuadra la situación política del país, de acontecimientos similares sucedidos en Octubre 2019 en Chile y Ecuador, el primero inmerso en una dictadura neoliberal durante casi medio siglo, el segundo, en medio de políticas regresivas de la mano de un presidente traidor al mandato recibido en las urnas.
Es interesante visibilizar lo que sucedió en las elecciones de esos países con posterioridad a las expresiones mayoritarias de rechazo popular a políticas de ajuste. En Ecuador, el voto por Andrés Aráuz, que podría haber neutralizado el camino al abismo neoliberal iniciado por Lenin Moreno, se dispersó en primera vuelta con candidaturas como las de Yaku Pérez (Pachakutik) o Xavier Hervas (Izquierda Democrática), permitiendo que en segunda, la alianza de “todos contra Correa y su candidato”, catapultara al banquero de derechas Lasso al palacio de Carondelet.
Por el contrario, en Chile, una heterogénea coalición – tan heterogénea como el movimiento social que se levantó contra el gobierno de Piñera – logró vencer al fascismo, encumbrando en la función presidencial a Gabriel Boric, representante de una generación joven. Más allá del triunfo electoral, el pueblo chileno pudo encaminar en paralelo la largamente añorada y estratégica transformación constitucional que, de ser aprobada el 4 de Septiembre próximo, disolverá los últimos grilletes formales del legado pinochetista.
Estos antecedentes constituyen una evidencia cierta para el pueblo colombiano, que ha sufrido la violencia sin interrupciones desde su época colonial, pero que ha exhibido su gallardía y desarrollado una gran capacidad de sobreponerse a la adversidad extrema.
Es por esto que, pese a las presiones, a la guerra sucia y las amenazas, y con la imprescindible distancia frente a las habituales manipulaciones de los sondeos de opinión pública, el vaticinio de las empresas encuestadoras previo a la elección del 29 respecto al vencedor, es muy similar, obteniendo Petro entre 36 y 45% de los votos válidos.
No es desatinado pensar, sin embargo, que las encuestas, casi en su totalidad encargadas por medios controlados por el poder económico, tengan como objetivo relajar la participación asegurando que, de cualquier modo, Petro saldrá primero y a su vez, crear la impresión de que habrá una segunda vuelta.
La suspicacia aumenta, cuando se observa que en los últimos sondeos dados a conocer, se está potenciando la candidatura de Rodolfo Hernández – supuestamente en la vereda de la “antipolítica”- en desmedro del candidato de las derechas “Fico” Gutiérrez, quien inevitablemente perdería en segunda vuelta, según todas las consultoras.
Otra maniobra desesperada de última hora por parte del sector conservador, es poner en tela de juicio la honorabilidad y confiabilidad del registrador nacional, Alexander Vega, cuya remoción, alerta el Pacto Histórico, podría significar un aplazamiento electoral, posibilitando así nuevas estratagemas para evitar la victoria del progresismo.
En cuanto a la concurrencia electoral, las encuestas no ofrecen dato alguno, ya que todas utilizan la pregunta sobre la voluntad de participar en la elección como filtro, lo que no permite saber con anticipación la dimensión que podría tener la abstención.
Pero sí es posible encontrar referencias sobre el amplio apoyo de la juventud a Petro, barriendo en este segmento poblacional a los demás contendientes, lo que podría significar que en esta franja, más proclive al rechazo por abstención que otras, habría una mayor participación, lo que a su vez, haría aun más amplio el triunfo del senador y ex alcalde de Bogotá.
A pocos días de la cita electoral, de no mediar acontecimientos de barbarie política de último momento, es improbable que cambie la tendencia.
De este modo, las y los colombianos están ante una circunstancia infrecuente, la de unir el voto útil (a ganador) con el voto de conciencia, uniendo con el sufragio la acción, el corazón y la cabeza. Una oportunidad dorada de comenzar a cambiar su destino en unidad consigo mismo y con el futuro social.

*Investigador del Centro Mundial de Estudios Humanistas y comunicador en Pressenza, agencia internacional de noticias con enfoque de Paz y No Violencia.

Fuente: Nodal / El Colombiano

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