El mundo, tres periodistas y un kilo de mandarinas

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El mundo, tres periodistas y un kilo de mandarinas

La comercialización de cítricos dulces en Argentina está en su época central. Se van definiendo precios internacionales, costos internos, valores de referencia, y los problemas de siempre: al productor le quedan de ganancia el 7,78 % del valor de exportación de lo que produce por kilo.
Redacción
Hay testimonios que son más que elocuentes, que arrojan datos concretos y comprobables. Según Gustavo Piloni, integrante de la Cámara de Exportadores de Cítricos del NEA, entre 2010 y 2020 el sector exportaba entre 120 a 125 mil toneladas de cítricos dulces de la región, y luego de allí en adelante los envíos no superan las 40 mil tn. Es decir, la tercera parte.
Luego vienen las explicaciones al respecto y no necesariamente se debe coincidir. Pero tan bien nos aportan información: la de cómo se piensa el sector, cómo se proyecta esa cadena de valor por sus propios actores, y cuál es su visión de la marcha general de la producción y el comercio exterior del país.
En ese aspecto, las causas que se ponen arriba de la mesa para explicar la baja de ventas externas al casi 70%. Por ejemplo, se argumenta que entre la crisis logística global a raíz d ella pandemia, donde se generó una especie de “embudo” – y por ende encarecimiento – del flete internacional, para luego dar paso al conflicto bélico entre Rusia y Ucrania que cerró mercados a los cítricos y además, generó una conmoción en la relación comercial con Europa.
A estos argumentos se suman los de casi siempre desde la perspectivas de las empresas exportadoras: la baja posibilidad de competir en relación a los precios; dadas la paridad cambiaria; los derechos de exportación; la burocracia y la inflación (en pesos a nivel interno, y en dólares en el mercado internacional), y la ausencia de acuerdos comerciales con otras naciones que respondan a las necesidades de la actividad.
Detallan entre otros factores, que han aumentado los costos internos de almacenamiento, habida cuenta que entre la escasez de contenedores para carga refrigerada, más el considerable aumento del costo de los fletes – dicen que van del 100 al 150% de incremento -. A dan números: por ejemplo, el flete de un contenedor cargado de cítricos dulces con destino a Holanda o el Reino Unido, que el año pasado costaba 2.700 dólares hoy vale 7.200 (167% más caro). Un contenedor, carga aproximadamente de 20 a 23 toneladas.
El viaje a Rusia, mediante pallets en bodega refrigerada, pasó de 300 dólares a 540 (80% más alto). Un pallet de naranjas carga 775 kilos; y uno de mandarinas 715 kg.
Hay más datos, pero en lo que sigue, hay un dejo de “protección” al bolsillo inglés o ruso; que no se traduce en las fruterías, verdulerías o despachos mayoristas de nuestro mercado interno.
Por ejemplo, el precio promedio por caja de mandarinas de 10 kilos a Rusia es de U$S 9 FOB (puesto en el barco). Es decir, 0,90 centavos de dólar por kilo. Eso factura el exportador, y sobre lo cual paga impuestos después. Pero dicen que dado que el costo del flete por caja implican 4 dólares más (44,5%); al mercado ruso la caja llega a 13 dólares, y a las mesas rusas a no menos de 2 dólares por kilo – en las mesas argentinas no baja de 1 dólar como mejor precio -.
Los argumentos son más cuidadosos con la mesa inglesa: Sudáfrica, miembro de la Commonwealth, y por ende poseedora de “ventajas naturales” en cuanto a relaciones comerciales con Gran Bretaña y sus países afines – Holanda por ejemplo -, es el país que tiene mayor peso en la producción de cítricos dulces del mundo.
Ante el contexto internacional de los últimos dos años, los sudafricanos, pensando en sudafricano (o en inglés, que es casi lo mismo), aumentaron sus volúmenes exportables de naranjas, mandarinas y pomelos hacia su “madre patria”. Es decir, mandaron a Europa 50.000 toneladas más, sin mayores aranceles de ingreso.
Teniendo en cuenta los valores expresados más arriba, la tonelada de mandarinas llega a puerto inglés a un valor de aproximadamente U$S 1.215. Pero, por esa relación de competencia/protección de los propios, para el cítrico argentino corre también un 16% de arancel de importación. Por lo tanto, una vez que la mandarina es descargada y toca muelle inglés, la tonelada pasa a costar U$S 1.409. O sea, que la comadre británica consigue en la verdulería mandarina argentina a no menos de U$S 1,85 el kilo. La sudafricana en cambio, no superará el dólar y medio.
Si acaba de comprar mandarinas y no quiere amargarse, no haga las cuentas comparativas entre lo que se paga en Londres y lo que sale en Tapalqué, Paso de los Libres o Los Menucos.
Pero sepa que la Cámara Exportadora reconoce que al productor, de aquellos 0,90 centavos de dólar por kilo de exportación, le queda en la mano -y con un buen contrato – U$S 0,22 por kilo, de los cuales sólo 7 centavos son ganancia. El resto del precio final está en fletes internos; acopio, acondicionamiento y empaque (cuota de frío, cartón y papel); servicios portuarios; honorarios y pago de comisiones a intermediarios.
Para cerrar, vamos explicar brevemente el funcionamiento del mundo: tres redactores de tres países distintos estaban en su trabajo. Uno ruso, otro inglés, y otro argentino. Coincidentemente, al salir del laburo, cada cual fue a la verdulería más cercana a comprar un kilo de mandarinas. El ruso, que vive en Moscú, pagó por ellas U$S 2. El inglés, en Londres se las llevó por U$S 1,85. En Buenos Aires, el argento, gatilló (como barato) U$S 0,75. Y no se queje colega de Pasco e Yrigoyen: si usted viviese en Río Gallegos, no pagaría menos de U$S 1,20.
“Pero… Londres está a 15 mil kilómetros de dónde produce la mandarina y yo estoy a 500 nomás, ¿por qué pago tanto por la fruta?”; preguntó incrédulo el porteño…
El mundo es así pibe… – dijo el verdulero mientras acarreaba una bolsa de papa-. Correte querido…

Fuente: MAGyPN / MREyCN / CEECD

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