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A 207 años de la realización del Congreso de Oriente, o de Arroyo de la China, donde el pueblo federal se declaró independiente del Reino de España y de toda nación extranjera, vaya este recordatorio y rápido repaso de los acontecimientos.
El Editor Federal
El Congreso de Arroyo de la China – actual Concepción del Uruguay, provincia de Entre Ríos -, fue el cónclave destacado por los historiadores federales y populares como – valga la redundancia – “el primer Congreso netamente federal de Hispano América”. Enterrado para la historia oficial argentina, pergeñada por Mitre y sostenida pos Halperín Donghi, los Romero entre otros acólitos, dicho Congreso aparecieron expuestos dos de los principios fundantes de la unidad de nuestro pueblo; y que en cada manifestación popular en cada punto del territorio vuelven a aparecer: la independencia absoluta de todo poder extraño; y la necesidad de una organización institucional federal y popular de nuestro pueblo y nuestros gobiernos.
Principios que por entonces y todavía, colisionaban abiertamente con los designios políticos que sostenían al centralismo del puerto de Buenos Aires, que a lo largo de dos siglos a sabido ganarse odios, amigos, sirvientes y compañías de conveniencia. No es casual por lo tanto, que pilares tan fuertes que subsisten en el corazón y el sentir popular, permanezcan lo más escondidos que sea posible por parte de la historiografía oficial, los relatos institucionales y los festejos.
Ya Artigas definía en su correspondencia el clima de los acontecimientos y su lugar en el conflicto: “Yo no hice otra cosa que responder con la guerra a los manejos tenebrosos que el Directorio me hacía por considerarme enemigo del centralismo, el cual sólo distaba un paso del realismo (refiriéndose a la monarquía)”; o bien: «pero los Pueyrredones y sus acólitos querían hacer de Buenos Aires una nueva Roma imperial, mandando sus procónsules a gobernar a las provincias militarmente y despojarlas de toda representación política, como lo hicieron rechazando los diputados al Congreso que los pueblos de la Banda Oriental habían nombrado y poniendo precio a mi cabeza».

Un poco de contexto

En febrero de 1815, fracasada la intentona alvearista de someter a las provincias en la denominada Asamblea del Año XIII (que en realidad, sesionó durante casi todo el ’14); más las acciones militares sobre Montevideo; y mientras San Martín comenzaba su experiencia mendocina de cara a la formación del Ejército de los Andes; el gobierno central porteño estaba sumido en una de sus crisis permanentes por aquellos años.Al punto de que el entonces Director Supremo, Carlos María de Alvear, puso a disposición de Inglaterra las suertes de las Provincias Unidas del Río de la Plata.
En Montevideo, Otorgués – hombre de Artigas -, se hacía de la gobernación de la ciudad-puerto y de la Banda Oriental. De a poco, las provincias del litoral – Misiones, Corrientes, Entre Ríos – se van levantando contra Buenos Aires. Santa Fe, por ejemplo, lo hace el 24 de marzo de 1815, encolumnándose bajo la referencia de Artigas.
El Directorio envía un ejército al mando del Gral. Ignacio Álvarez Thomas, con el objetivo de disuadir los alzamientos. Sin embargo, ese jefe militar, se subleva en Fontezuelas y desconoce la autoridad de Buenos Aires.
Carlos María de Alvear deja el cargo el 16 de Abril, siendo designado José Rondeau en su reemplazo. Hasta tanto éste se hiciera cargo, el sublevado Álvarez Thomas es nombrado interinamente como nuevo Directo Supremo y retorna a Buenos Aires.
Ante la coyuntura, los artiguistas consideran que los conflictos con el centralismo estaban saldados, y el 29 de Abril de 1815, convoca a un Congreso, y de lo cual comunica al Cabildo de Buenos Aires: “Hoy mismo van a salir mis circulares convocando a los Pueblos que se hallan bajo mi mando y protección para que por medio de sus respectivos diputados entiendan en la ratificación espontánea de la elección, que para ejercer la suprema magistratura recayó en la muy benemérita persona del Brigadier D. José Rondeau, y en calidad de suplente, en la del General del Ejército Auxiliar Don Ignacio Álvarez”.
Es decir, Artigas extendía la mano a Buenos Aires en aras de concertar una paz y unificación, reconociendo las autoridades que la ciudad central se había dado. Sin embargo, semanas después, Álvarez Thomas, enviaría a Francisco Bruno de Rivarola y al coronel Blas Pico para intentar solucionar las diferencias entre Artigas y el Directorio establecido en Buenos Aires. Cuentan los historiadores que entre el 16 y 17 de junio, a bordo de una goleta anclada en el río Uruguay frente a Paysandú, los enviados por el Director Supremo provisorio ofrecieron la independencia de la Banda Oriental mediante un Tratado de Paz y Amistad. Por este tratado Buenos Aires reconocía la independencia de la Banda Oriental del Uruguay: “Ofrecía una paz y amistad eterna entre las provincias contratantes echando un velo sobre todo lo pasado y que las provincias de Corrientes y Entre Ríos quedaran en libertad de ponerse bajo la protección del gobierno que gusten”.
La respuesta de Artigas fue el rechazó la posibilidad de la secesión de la Banda Oriental del resto de las Provincias Unidas, y contra propuso un tratado de catorce puntos (el denominado “Tratado de Concordia entre el Ciudadano Jefe de los Orientales y el Gobierno de Buenos Aires”), donde se proclamaba el federalismo y declaraba: “La Banda Oriental del Uruguay está en el pleno goce de toda su libertad y derechos, pero queda sujeta desde ahora a la Constitución que organice el Congreso general del Estado, legalmente reunido, teniendo por base la libertad”.
Como se imaginarán, las negociaciones fracasaron.

Inmediatamente, Artigas convocó a un Congreso que se llevaría a cabo en el Arroyo de la China ( hoy Concepción del Uruguay). Si bien, las Actas del mismo no se han conservado, existen actos administrativos contemporáneos y concordantes con fechas, misiones y resoluciones. Por ejemplo, que el diputado por Santa Fe, Pascual Diez de Andino, arribó al cónclave con las mismas “Instrucciones” que ya en 1813 portaron los diputados de la Banda Oriental ante la Asamblea Gral. Constituyente (la del Año XIII) en la primera de las cuales se reclamaba: “Primeramente pedir la declaración de la independencia absoluta de éstas colonias, que ellas están absueltas de toda obligación de fidelidad a la corona de España y Familia de los Borbones y que toda conexión política entre ellas y el estado de la España, es y debe ser totalmente disuelto”.
Otro de los instrumentos que fue adoptado por este Congreso, fue el que Artigas propusiera a los enviados por Álvarez Thomas: “las Provincias de la Liga, y la Liga misma, formarían parte del Estado denominado Provincias Unidas del Río de la Plata […] en el pleno goce de toda su libertad y derechos, pero sujetas desde ahora a la Constitución que organice el Congreso General del Estado, legalmente reunido, teniendo por base la libertad”.
Fue así entonces, que con la la reafirmación de la independencia de estos territorios de toda dominación extraña, el luego denominado “Congreso de Oriente”, designó a sus delegados para llevar a Buenos Aires las decisiones que se habían adoptado por parte de los territorios de Las Misiones, Corrientes, Entre Ríos, Santa Fe, Córdoba y la Banda Oriental. Es decir, más de la mitad del territorio que por entonces abarcaban las denominadas Provincias Unidas del Río de la Plata.
Algunos de los principios enunciados por dicho Congreso fueron: la elección amplia, forma y democrática de autoridades y representantes por parte de los pueblos y las provincias; la organización política de los Pueblos Libres en una Confederación de defensa y asistencia sin lesionar las autonomías provinciales; propuestas para el comercio interprovincial y con el extranjero; el papel de las comunidades indígenas en la economía de la Confederación; la política agraria (expropiación y repartición de tierras); las industrias y la navegación; y la posibilidad de extender la Confederación al resto del ex-Virreinato del Río de la Plata (incluyendo al Alto Perú y al Paraguay).

Cárcel para la Comisión

Uno de los objetivos de la Comisión que viajó a Buenos Aires, fue la de consolidar la paz y unidad territorial, a partir de invitar al Directorio a reconocer la Independencia declarada en el Congreso y lograr la organización federal. Sin embargo, los representantes artiguistas no obtuvieron respuestas favorables, no fueron recibidos y fueron confinados hasta mediados de agosto de 1815 en la fragata Neptuno, al mando del comandante Guillermo Brown anclada frente al puerto.
A partir de allí, la relación entre el Directorio y la Liga de los Pueblos Libres sería irreconciliable. Situación que se materializaría en el apoyo de Buenos Aires a la invasión anglo-portuguesa a Las Misiones y a la Banda Oriental.
Asimismo, meses más tarde el Directorio convocó a la reunión de un Congreso en Tucumán. Al mismo, Entre Ríos no respondió a la convocatoria, como tampoco lo hicieron Santa Fe, Corrientes, Misiones y la Banda Oriental. Córdoba envió representantes con propuestas y perspectivas federales que decantaban del Congreso de Arroyo de la China.
Tras la lógica ausencia del litoral en Tucumán, el Directorio – ya a cargo de Juan Martín de Pueyrredón – designó diputados entre sus acólitos para todas las provincias participantes, por temor a que sucediera algo similar a lo ya acontecido en la denominada Asamblea Constituyente del Año XIII: que las provincias que respondían a Artigas y las que en ese momento respondían a San Martín (Mendoza, San Luís, San Juan y en menor medida La Rioja), tornaran las conclusiones de Tucumán a una suerte contraria a las pretensiones porteñas.
Así, pasados más de 200 años de aquel Congreso que tuviera lugar en Arroyo de la China, y que el 29 de junio de 1815 declarara la Independencia de los Pueblos Libres de Sudamérica, es que los federales, abrazando la causa popular, asumimos como propia y rendiremos homenaje a aquellas mujeres y hombres que forjaron los pilares principales de nuestro pueblo.

Fuente: Trabajos de Andrés Silvestri y Julio César Rondina publicados por el Instituto Artiguista.

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