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Hace 25 años atrás en un contexto desastroso para Argentina, un trabajador debía trabajar media hora para comprar un kilo de carne. Hoy, debe yugar 4,5 horas y tal vez no le alcance.
Redacción
Si se analiza la cadena de valor de la carne vacuna, veremos el cómo y el por qué las medidas de control de precios, cupos y restricciones a la exportación no arrojan resultados positivos. No hay datos precisos de la cantidad de cabezas de ganado, precios, movimientos de invernada o a mercado. Todo funciona en un marco de imprecisión que el Gobierno no comprende y – valga la redundancia -, tampoco gobierna.
Así tenemos por una parte, que el stock ganadero no aumenta, de cara a bastecer a una población cada vez mayor. Reglas del capitalismo que enuncian que ante una mayor demanda de un producto y una oferta igual o menor, el producto va a aumentar su precio.
Asimismo, y más allá de las cuotas de exportación cárnica (Hilton, Europa y recientemente acordada, Estados Unidos) que establecen una “reserva” de venta externa, la demanda china en materia de carne vacuna es cada vez mayor, y l contexto de guerra euroasiática “agranda” en algún sentido la cartera de clientes.
Así, los lobbistas de la carne atacaron de nuevo. Las restricciones a la exportación de carne vacuna recaen sobre los famosos siete cortes populares y a no más del 24% de la producción nacional. Según los sectores con mayor poder de presión en el mundo ganadero, eso implicaría alrededor de 700 mil toneladas durante el 2022; es decir, “un 30% abajo del potencial exportador real de Argentina”.
Estiman asimismo que los precios internacionales para la carne vacuna argentina, aumentaron a razón de un 35 a 40%. Eso significaría un total de 5.400 millones de dólares, pudiendo superar los 7.600 millones si se accediera a levantar los denominados “cepos” exportadores y llegar al millón de toneladas.
También argumentan que con las nuevas cotizaciones y sumando las exportaciones de menudencias, cueros y otros subproductos, las ventas totales se redondearían en un valor cercano a los 8.000 millones, y así el gobierno tendría mayor espalda para afrontar los pagos al Fondo Monetario Internacional (FMI).
Mientras tanto, en el mercado interno la carne vacuna aumentó durante marzo un 10% en mostrador de carnicería respecto de febrero. Lo cual refleja a cuánto se “baja” el kilo de carne del camión y cuánto se traslada. Según el corte y la región del país, el kilo en promedio ronda los 930 y 1.400 pesos.
Pasado a dólares y comparando con los valores de los precios internacionales, volvemos a comprobar que la familia argentina adquiere los alimentos a precio de exportación. Calcule en valor oficial ($ 118) o en “blue” ($ 195), el kilo de carne va de la mano cuesta U$S 7,67.
Valor irrisorio para la economía argentina, y que supera en al menos un 50% de su valor histórico en dólares. Llevando todos los aspectos del ingreso del ingreso de un trabajador con éste parámetro,
estamos en condiciones de decir que para mantener un nivel de vida digno, un salario argentino promedio debería rondar los 450.000 pesos.
Puesto en otros términos, el salario argentino está 9 veces más bajo que hace un cuarto de siglo. Una catástrofe de la cual por el momento, sólo goza el 20% de la población y que su número continúa en franco descenso.

Fuentes: DNCA / SENASA / INDEC

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