La geopolítica energética y el “ecologismo cavernario”

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La geopolítica energética y el “ecologismo cavernario”

Las últimas semanas dejaron como saldo dos grande movimientos que ponen a las claras, cuáles son los diferentes intereses que en materia de energía están atravesando a la Unión Europea. Observarlos, permite reflexionar sobre el rol mundial de América Latina y de Argentina en el mapa mundial del debate energético.

Por Pablo Casals

Bajo la excusa de contribuir a que Europa alcance los objetivos propuestos para reducir las emisiones de dióxido de carbono hasta el 2050, el responsable de mercado Interior de la Unión Europea, Thierry Breton, admitió que la transición debe incluir a la energía nuclear, incluirla en la categoría de “energía verde”, y realizar inversiones en nuevos reactores por 500 mil millones de euros.

Según el francés, desde aquí hasta mediados de siglo, la UE debe destinar 20.000 millones de euros anuales para los reactores de nueva generación, que se añadirán a los 50.000 millones necesarios de aquí a 2030 para poder mantener en funcionamiento las centrales nucleares actuales. Breton, entiende que impulsando a la energía nuclear como “verde”, la captación de inversiones será más favorable, que apelando solamente a las variables eólicas y solares.

El funcionario asimismo, actúa en línea con la política impulsada por el presidente francés, Emmanuel Macron, de construir nuevos reactores para renovar el parque energético actual que en ese país genera el 70% de la energía eléctrica. Breton destaca que el 26% de la energía en la UE proviene de fuentes nucleares; y que se practicarse la transición mencionada, habrá que duplicar la generación durante la próxima década.

Los países que se oponen a que la energía nuclear obtenga su estatus de “verde”, serían Alemania, Austria o España, entre otros. Sucede que dicho alineamiento obedece a otra de las caras del tablero geopolítico: Rusia, su gas y sus gasoductos.

Alemania, gran centro industrial del continente, requiere como ningún otro país europeo de la provisión del gas ruso. A partir de las tensiones diplomáticas entre la OTAN y Rusia, y éste último y Ucrania, dicho insumo estratégico escasea provocando alzas de precios, y desequilibrios diplomáticos en torno a la mesa europea.

Cuando se habla de la OTAN, se habla de Estados Unidos; y la dimensión del conflicto con el gigante euroasiático implica que no se habilite el despacho de gas en el recientemente terminado mega gasoducto del Báltico, que une directamente a Rusia con Alemania. Según el especialista en materia energética, Carlos Ortíz, el escenario inmediato indica que el país teutón se erigirá como uno de los principales nodos de distribución de gas por todo el continente. De allí el interés Alemán porque la expansión de otras fuentes de energía como la nuclear no prospere.

En este contexto, lo que impera el la suba de precios en pleno invierno europeo. Es así como Estados Unidos entra en escena “dispuesto a suplantar el relativamente económico gas ruso provisto por gasoductos; con el más costoso y operativamente más complicado gas norteamericano que debería transportarse mediante buques metaneros”.

Ahora bien…. ¿dónde queda la supuesta posibilidad de sustitución de estos insumos por las energías eólicas y solares?

El conflicto internacional descripto vuelve a certificar que las mencionadas operan como mero complemento de las energías de base como es la proveniente del gas natural – o la hidroeléctrica. Las energías de base son las que otorgan eficiencia, calidad y confiabilidad técnica. Europa necesita energía ahora; y la propuesta “verde” habla de un escenario de mediano y largo plazo.

Estados Unidos pasó el tres décadas de principal importador y consumidor de energías de base, a exportador de las mismas, gracias a las sucesivas ocupaciones militares en Medio Oriente, la concentración empresaria en el sector, y las mega inversiones en torno al petróleo y gas no convencional (fracking).

Ante este marco y esas potencias, las “organizaciones ecologistas trasnacionales”, no ejercen la misma “presión internacional”, o “fueron mucho menos severas que las que esas organizaciones hacen en países por fuera del Eje Nor-Atlántico (Estados Unidos – Inglaterra – Alemania), como por ejemplo sobre Argentina.

Las mismas tensiones en torno a la geopolítica del petróleo y el gas acontecen en materia de energía nuclear. Las potencias son las mismas y las ONG’s también.

Nuestro país no es petrolero o hidrocarburífero. Argentina tiene petróleo y gas para su propio abastecimiento y desarrollo industrial. Lo mismo podría decirse de sus reservas de carbón y de su capacidad de completar en forma autónoma el ciclo energético nuclear para su propio beneficio mediante el uranio natural.

Ante esas muestras del contexto internacional y las disputas que están ocurriendo en materia de geopolítica energética, sólo resta coincidir con las conclusiones de carlos Ortíz respecto de las organizaciones ambientalistas financiadas por el Eje Nor-Atlántico: “Lo que en realidad buscan, esas agresivas ONG “ambientalistas”, es oponerse constantemente a todas las iniciativas que al ser desarrolladas nos proyectan a la necesaria senda del desarrollo socio económico […] sólo buscan atarnos al subdesarrollo crónico […] es la oposición de un ecologismo cavernario”.

Fuentes: El Independiente y CAOEnergía

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