La maquinaria agropecuaria tiende al gigantismo

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La maquinaria agropecuaria tiende al gigantismo

El proceso de evolución tecnológica que rodea al mundo agropecuario va en franco ascenso. Eso se refleja en los rindes, los procesos de producción llevados adelante y la maquinaria diseñada para tal fin. Cada vez hay más campo sembrado, con mayores rindes y máquinas más grandes.
Redacción
Toda innovación técnica tiene un fin político económico detrás. Por más que no se la enuncie, o incluso no se elabora discursivamente desde el mundo comercial, las evoluciones tecnológicas en cualquier campo de la producción traen consecuencias buenas y malas y el agro no está ajeno a ellas. Así, en los campos se observan año a año diversas estructuras modulares mecánicas, que van reemplazando a la maquinaria tradicional al mismo tiempo que se optimizan los procedimientos.
Uno de los segmentos que hace punta al respecto está vinculado a las aplicaciones de agroquímicos. No es para menos. Argentina importa más del 80% de los agroquímicos aplicados en nuestro campo (4,5 millones de toneladas sobre 5,6 utilizadas), y la diferencia en el tipo de cambio repercute en un aumento sustancial en lso costos de producción a causa de éstos.
Por lo tanto, el ingenio se pone en funcionamiento; se tienen en cuenta diversas investigaciones que se viene haciendo respecto de los agroquímicos y se financia su funcionamiento. En eso, el sector de la maquinaria agrícola, siempre está atento: una mejora tecnológica que se incorpore a su producto ofrecido abre las oportunidades de ventas.
Por ejemplo, si tomamos en cuenta la fertilización, los equipos hoy presentan instrumentos de precisión en la dosificación, la facilidad de regulación y rangos de aplicación más amplios y uniformes; permitiendo dividir las franjas de aplicación en 12 secciones independientes y controladas automáticamente. Según los ingenieros, el sistema permite un ahorro del producto del 15%.
Otra solución encontrada fue la de reducir la superposición de haces de aplicación, que es uno de los problemas que se generan en los procesos de pulverización, y que pueden aumentar significativamente el gasto en agroquímicos para la protección de los cultivos. Teniendo en cuenta que el área de superposición suele estar entre el 2% y el 12% en el peor escenario, se calcula que un productor desperdicia en promedio 14.000 dólares en fertilizantes al año.
Por otra parte, las aplicaciones del producto suelen repetirse innecesariamente en el área a fertilizar, sin que ello repercuta en mayores beneficios. Entonces, existen métodos sofisticados que controlan la aplicación de agroquímicos electrónicamente en la tarea de pulverización, como el sistema de control de apertura y cierre automático boquilla a boquilla y el control automático de secciones, en el que la pulverización se enciende y apaga automáticamente al entrar en el área, al salir del campo y al pasar por algún punto que ya haya recibido tratamiento.
Con estas tecnologías la reducción de la superposición del área ya tratada puede alcanzar un 50%, con una reducción de hasta el 10% de los costos actuales en agroquímicos.
También están los sistemas pulverizadores autopropulsados, basado en una carga electroestática de las gotas más la asistencia de aire, lo que permite que la aplicación alcance el objetivo con más eficiencia, a una tasa de aplicación menor y reduce en un 35% la denominada “deriva aerotransportada”. En criollo, al controlar mejor la pulverización en cuanto a cantidad y dirección del equipo, se reduce el perjuicio que pudiera causar el viento.
Por último, se está desarrollando un drone terrestre, impulsado con baterías y dotado de un sistema que combina aplicaciones de inteligencia artificial, que identifica malezas y puede hacer aplicación selectiva de los agroquímicos implementados. Pensado preferentemente para los herbicidas, la tecnología busca maximizar la efectividad de cada aplicación y lograr un estándar de ahorro del 75 al 80% respecto de la usanza actual.
El dron permitiría al mismo tiempo ingresar en forma más seguida a los distintos lotes, con menor cantidad de producto, y realizar puntualmente la aplicación sobre las malezas. El dispositivo bautizado “Terran”, posee características modulares por lo que puede adaptar a distintos tipos de cultivos, según el requerimiento del productor.
La adquisición de maquinaria agropecuaria viene teniendo un repunte desde principios de 2021, en consonancia con el aumento de los precios internacionales de los granos y oleaginosas, y la búsqueda permanente de mayores rindes a corto plazo. Según las estadísticas privadas del sector metalmecánico, el aumento en las ventas entre cosechadoras, pulverizadoras y tractores aumentó un 10% respecto del año anterior, e incluso hay picos mensuales que se acercan al 20%.
Lo negativo de todas estas innovaciones tiene dos caras. Por un lado, si bien parte de las investigaciones y desarrollos se realizan en nuestro país, las nuevas patentes y mejoras de diseño se patentan en el extranjero. Lo mismo con la fabricación tanto de los motores, como del instrumental y los distintos dispositivos modulares: a pesar de la capacidad industrial nacional, la manufactura en su mayoría genera puestos de trabajo en el exterior.
La otra cara, es la cantidad de personas que expulsa del campo este tipo de tecnologías. De ahí que volvemos a cómo empezamos la nota: toda mejora o innovación tecnológica encierra un fin político y económico.
Un tractor ideal para el campo argentino estaría en los 50 y 75 hp. Mejora el proceso de producción y requiere además del tractorista entre dos y tres personas más para la operación conjunta del convoy de trabajo. Sin embargo, el gigantismo al que tiende la maquinaria, su multifuncionalidad, la automatización y su carácter progresivamente modular, quita gente del cuadro. Hay máquinas de 410 hp operando en nuestro campo; el proceso no se detiene y cada vez más gente queda afuera o se pasa a actividades menos rentables dentro de la cadena agropecuaria, o directamente migra alas ciudades.

Fuente: MAGyPN / INDEC / Agrositio / Motor 1

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