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La PIAP, la estudiantina del color, y el olor a yankee

En torno al agua pesada argentina y nuestra PIAP, están terciando acontecimientos en pleno desarrollo que engloban la pulseada geopolítica en torno a las industrias nuclear, química y petroquímica.
Redacción
Días pasados, la presidente de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), Adriana Serquis, declaró que la prioridad respecto de la Planta Industrial de Agua Pesada (PIAP) ubicada en Arroyito, provincia de Neuquén, es su reactivación para la producción de agua pesada para abastecer a las centrales nucleares que están en marcha; además de planificar la producción en caso de que se concrete la quinta central.
Al agua pesada, es un insumo fundamental para la refrigeración d ellas centrales nucleares que se encuentran en funcionamiento. A pesar de que la PIAP es la planta más grande del mundo en su tipo, Argentina está importando ese insumo dado que la planta está paralizada desde 2017.
Por entonces, bajo el gobierno de mauricio Macri, las propuestas de “reconversión” de la PIAP no ha dejado de resonar, e incluso abundan los proyectos al respecto. La fábrica ha sido considerada para convertirla en un polo de fabricación de amoníaco para la obtención del denominado “hidrógeno azul”, como también transformarla en una fábrica de urea que pueda abastecer al agronegocio local, y a los de Brasil, Paraguay y Uruguay.
Tales propuestas no han se han diluído o desaparecido; son acontecimientos en pleno desarrollo que engloban asimismo una pulseada geopolítica en torno a las industrias nuclear, química y petroquímica.
Desde la CNEA admiten que la pérdida que sufre la PIAP y la cadena nuclear en general llevará mucho esfuerzo recuperarla: de una empresa que superaba los 400 operarios, desde 2017 sólo quedó un centenar que se encarga de las tareas de mantenimiento. Un despropósito si se considera que la empresa Nucleoeléctrica Argentina SA, (NA-SA) encargada de la operación y funcionamiento de las centrales tanto de Embalse Río Tercero como las dos Atuchas, se encuentra importando agua pesada desde 2021.
Así, la reactivación de la PIAP que se estima que llevará prácticamente 24 meses entre capacitación del personal y puesta en condiciones operativas, tendrá de base una demanda de 485 toneladas de agua pesada que es lo que precisan las tres centrales hasta el final de su vida útil.
Según distintos informes, la PIAP posee una capacidad de producción anual de cerca de 200 toneladas. Sin embargo, y en función de las últimas declaraciones de las autoridades de la CNEA, sólo se pondría en funcionamiento el 50% de la capacidad, lo cual implica un total anual esperado de alrededor de 85 toneladas promedio. Es decir, que según los anuncios, la fábrica se reactivaría por ocho años: dos para acondicionamiento y seis para la producción.
Asimismo, Serquis declaró que esa cifra “justifica la posibilidad de volver a poner en marcha la planta”; es decir, de no aparecer la alternativa, no se estaba pensando estratégica y soberanamente desde CNEA. Tal vez, el impulso, obedezca al interés de la mencionada NA-SA para llevar adelante el proyecto de la “quinta central”, también de tipo CANDÚ, que requerirá para toda su vida útil una 500 toneladas de agua pesada. De concretarse, le agrega otros seis años de vida productiva a la PIAP.
Respecto a las propuestas de reconversión ,tanto la presidenta de la CNEA como Daniel Bianchi – gerente general – han manifestado que “no descartan” las propuestas de reconversión del gobierno de Neuquén, como de los capitales privados. El tema está “caliente” porque la la adenda del contrato de mantenimiento con la Empresa Industrial de Servicios de Ingeniería de Neuquén (ENSI) está a horas de vencerse.
Por lo tanto, la CNEA busca negociar con la Provincia de Neuquén beneficios como la eximición de impuestos para que la planta retome la producción luego de cinco años de parálisis. Es decir, busca la fuente de los fondos. De allí que no descarte la transformación de las instalaciones tal lo propuso el ex presidente Macri: que se utilice para hacer urea y fertilizantes; o bien – y también – lo que proponen los neuquinos: hacer amoníaco para luego obtener hidrógeno azul (derivado del gas) y competir con los rionegrinos que harán hidrógeno verde.
Una estudiantina del color que tapa un conflicto geopolítico.

Fuente: CNEA / Vaca Muerta News

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