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Por el petróleo baila el mono y los yankees también

Estados Unidos necesita el petróleo venezolano. Las medidas adoptadas por Washington permiten que la empresa petrolera estadounidense Chevron negocie directamente con el gobierno de Caracas el reinicio de las operaciones de explotación petrolera.
Redacción
El paso dado por Estados Unidos de otorgar autorización a la transnacional petrolera estadounidense Chevron para volver a operar en Venezuela, coincide con una relajación de las restricciones a las remesas, turismo y visados impuestas por Donald Trump contra Cuba, aprobada recientemente. Según los especialistas en el tema, la iniciativa refleja un reacomodo de perfil continental en vísperas de una Cumbre de las Américas que no pinta bien para Washington.
Chevron venía haciendo lobby en la Casa Blanca desde la llegada misma de Joe Biden, para reiniciar sus operaciones en Venezuela. La empresa estadounidense nunca se fue de ese país. Mantuvo su plantilla de personal y operaciones de mantenimiento para el regreso abierto, que se da ahora. El petróleo venezolano, expulsado del circuito de las refinerías estadounidenses desde 2017, ahora es demandado con urgencia por la administración Biden, en un intento de reequilibrar su mapa energético, en plena guerra en Ucrania y con los antecedentes de denostar a la OPEP y enemistarse (y aplicarles agresivas “sanciones”) con dos grandes productores de petróleo como Irán y Venezuela.
Por estos días, Estados Unidos, intenta diluir su urgencia de acceder al petróleo venezolano. Cabe recordar que el primer paso dado en marzo con el viaje de funcionarios estadounidense a Caracas que se entrevistaron con Nicolás Maduro  se produjo en paralelo a la prohibición de importar crudo y gas ruso. El encuentro en el Palacio de Miraflores, fue interpretado como un desafío al protagonismo de la Plataforma Unitaria que representa a las oposiciones en la mesa de negociaciones que fue suspendida hace pocos meses en México; y que frente al nuevo panorama quedó sin iniciativa y con el monopolio de la agenda antibolivariana arrebatado por varios días.
Estos movimientos dejan en evidencia que la política de Estados Unidos ha perdido respaldo en el laberinto de las oposiciones, y deja a la intemperie una convergencia política y social contra las medidas de coerción de Washington que obliga a Biden a una revisión inmediata mientras la insatisfacción y las distancias crecen.
Por su parte, Chevron ofreció duplicar la producción petrolera venezolana en poco tiempo, lo que le permitiría a Estados Unidos sustituir unos 700 mil barriles diarios de crudo de origen ruso que ya no entran a Estados Unidos, tras la prohibición impuesta por la propia Casa Blanca.
En paralelo, la empresa estatal iraní National Iran Oil Engineering and Construction Company (NIOECC) suscribió un contrato de 110 millones de euros con la estatal venezolana PDVSA para repotenciar la refinería El Palito. Una señal de profundización de la alianza estratégica entre ambos países con sectores petroleros atacados por Estados Unidos. De hecho, en gran medida la puesta en marcha de la industria petrolera venezolana se debe a una alianza con Irán, que comenzó con el envío de buques con gasolina en 2020, pero que sigue y se profundiza. Esto permite a Venezuela acceder a suministros, equipamientos tecnológicos y esquemas de triangulación para comercializar su petróleo, evadiendo las acciones de guerra económica, financiera y comercial estadounidenses. Además, Irán aseveró que su capacidad productiva volvió a los estándares previos a la estrategia de “máxima presión” de Donald Trump en 2018: más de 3 millones de barriles diarios.
El reclamo generalizado en la región latinoamericano-caribeña y la apuesta de varios mandatarios de no asistir a la IX Cumbre de las Américas en Los Ángeles debido a la exclusión de Venezuela, Cuba y Nicaragua, también supone un desafío a la autoridad de la administración Biden, que se expone a otra cumbre intrascendente. Estados Unidos pergeñó estas cumbres en 1994 con el único fin de imponer el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Se sabe que dicha iniciativa fracasó en Argentina en 2005.
Por otra parte, Estados Unidos busca zafarse de este escenario de vacío de hegemonía y autoridad recalibrando su política exterior en el continente. La administración Biden entiende que la influencia estadounidense en la economía, el comercio y la inversión en la región está siendo minada por China. El gigante asiático gana terreno con asociaciones estratégicas y una modalidad de pactos bilaterales que no condiciona los beneficios de la integración económica a una relación de vasallaje y subordinación geopolítica.
Los analistas afirman, que pivotando sobre el triángulo central de poder de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestramérica (ALBA), bajo el juego ya conocido del soft power, donde la narrativa pro-derechos humanos, la infiltración mediante ONG y las maniobras encubiertas de desestabilización amparadas en figuras “ciudadanas” y “civiles” sustituyen el ataque directo. Advierten asimismo que con el objetivo de contrarrestar a China, Estados Unidos procurará dividir a la región y realinear países en lo geopolítico, mediante métodos posmodernos de captación cultural que incluso puedan estar situados en el bloque progresista.

Fuente: Alai.Info

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