La industria textil no es sólo trapos
24 febrero, 2022
Comenzaron las licitaciones para el Gasoducto Vaca Muerta – San Jerónimo
25 febrero, 2022
ver todo

Salta, la seca

Una parte del sector agropecuario de Salta, no es “el campo” de Salta. No todo es igual. La producción es heterogénea y de ahí el conflicto permanente que acarrea. Aunque se quejen por las mismas cosas que los santafesinos o los bonaerenses, allá hay otros problemas con la soja, el maíz, las vacas y la sequía; y su escala de producción es menor. Aquí algunos datos para comprender.

Redacción

Desde “el campo”, hay quejas y quejas. No es lo mismo un productor de la denominada zona núcleo (Buenos Aires, Santa Fe, Este de Córdoba y Entre Ríos), que los productores del resto del país aunque se dediquen a producir la misma mercadería. Los factores concurrentes son variados, pero podemos nombrar algunos para tomar perspectiva. Hoy nos vamos a centrar en algunos casos salteños que nos servirán de ejemplo.

La sequía está asolando al territorio nacional en términos generales, pero no en todas las regiones afectó de la misma manera. Otro factor, son los rindes por hectárea: entre una unidad en pergamino y otra en Salta hay cerca de un 100% de diferencia. Además, los costes logísticos se encarecen: los insumos no llegan al mismo precio al NOA; los fletes y estadías hasta – por ejemplo – Rosario también tiene otro costo. De allí que tanto NEA como NOA pugnen cada tanto en unificar su matriz de transporte para poder obtener mejores condiciones de compras y ventas a lo largo del ciclo productivo.

La Sociedad Rural salteña, protesta al unísono que su par bonaerense: restricciones, retenciones, Ingresos Brutos, tres o cuatro cotizaciones diferentes respecto del dólar, y márgenes de rentabilidad siempre insuficientes. Si bien todo eso contiene cuotas de certeza, especulación e intencionalidad política, queda claro que para el NOA la discusión no es la misma que en la pampa húmeda.

Por ejemplo: la ausencia de lluvias en Salta retrasó la siembra de maíz y soja entre 10 y 15 días. Los productores dependen del promedio de precipitaciones de aquí a principios de abril, para tener un parámetro certero de cuál puede ser el resultado de la campaña. Sin embargo, se estima que los rindes caerán un 15%.

Los favorece – si se quiere – respecto de la campaña anterior que la soja está rondando los 600 dólares por tonelada y el maíz superó ampliamente los US$ 250. Pero, al mismo tiempo, los insumos y servicios se han incrementado en un porcentaje parecido.

La discusión de fondo es a qué precio liquidan la cosecha. Al dólar oficial, al “Bolsa”, al paralelo -que es lo mismo que el anterior pero en negro. El reclamo es válido. Más allá de la legalidad o no de las cotizaciones, o las cargas impositivas sobre la actividad, lo real es que la referencia para los precios de toda la cadena es la moneda norteamericana en su cotización informal; que mantiene con la oficial una diferencia del 100%.

Eso se ve más claro en los precios internos de la carne. Pero previo al precio del mostrador, hay una dinámica productiva. Siguiendo con Salta, si no mejora el régimen de lluvias, los pastos serán escasos. Por lo tanto, como dijeron desde la Sociedad Rural “los campos han reacomodado las cargas”. En buen romance: se forzó el destete antes de tiempo, y se salió a vender animal chicos antes de tiempo para anticipar las pérdidas. Eso implica que, los vientres disponibles serán menos para el año que viene, habrá faltante de terneros, y en términos regionales el costo del kilo vivo tenderá a subir.

Más allá de las cuestiones regionales, el tema de fondo pasa por el rol que tomará el Gobierno Nacional respecto del plano general de la actividad agropecuaria. Hemos descripto en varias oportunidades sobre la mirada “fiscalista” de la actividad, que consiste en recaudar en concepto de aranceles, regalías y retenciones; y “devolver” al campo con subsidios de toda índole en forma discrecional, con los cuales general poder de maniobra política para el diálogo territorial de cara a la campaña siguiente.

En el larguísimo mientras tanto de casi cuarto de siglo, las denominadas economías regionales están con niveles de quebranto nunca vistos en la historia, con precios sostenes 20 o 30% por debajo de lo que corresponde. Las cadenas de producción están altamente concentradas y extranjerizadas, o directamente desfilando tras el precio internacional.

El Gobierno no tiene más allá de las declaraciones ni los consensos ni la decisión política, de avanzar hacia un ordenamiento logístico interno, que permita trazar horizontes concretos en materia de producción de cara al mercado interno; como tampoco manifiesta voluntad de tomar las riendas de establecer los términos de intercambio para el comercio exterior.

El resultado: cada año se vuelve a empezar pero desde un escalón más abajo.

Fuente: MAGyPN / AgroNOA

Invitame un café en cafecito.app

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.