Sin ofensa ni temor 14:¿Ante un nuevo sistema internacional?

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Sin ofensa ni temor 14:¿Ante un nuevo sistema internacional?

Columna destinada a mover la cabeza. Si temes hacerlo, no la leas. Compartimos con ustedes, la nota del periodista Julio Fernández Baraibar publicada en “La Señal Medios”, donde reflexiona sobre el nuevo equilibrio de poder que se estaría conformando en el mundo, y la oportunidad de América Latina en ese contexto.
El Editor Federal

“¿Cuándo se ha visto a una Superpotencia preparar sus límites, promoviendo y no reprimiendo el surgimiento de un Concierto de Potencias? Pero si no lo hace, su hegemonía, al no poder por sí inventar el “orden mundial”, puede sí generar un “largo interregno” sin orden internacional con desórdenes crecientes. Tal el dilema que abre el siglo XXI”. (Alberto Methol Ferré, Los Estado Continentales y el Mercosur)

A principio del siglo, cuando en la Argentina aún no habían ocurrido las jornadas del 19 y 20 de diciembre, y gobernaba abúlicamente Fernando de la Rúa, el profeta de la Banda Oriental nos alertaba sobre lo que vendría.
Lo que estamos viendo en estas semanas es, en mi opinión, la coronaciòn de una nueva distribuciòn del poder mundial.
Se está pariendo un nuevo orden internacional, un mundo con distintos y diversos polos. Un mundo donde la voluntad criminal del capital financiero y los EE.UU. no son ya el único y unívoco poder. Un mundo más sinfónico y polivocal. Un mundo que necesita nuestra unidad continental y en el que nosotros necesitaremos imperiosamente esa unidad continental.
Perón decía que la política es la política internacional. El fin del imperio americano, que comenzó a fines de la Segunda Guerra Mundial, y se consolidó en 1989, nos traerá a los pueblos periféricos -o semicoloniales, como les decíamos antes- un escenario mundial que dará mayor facilidad a nuestros intentos de generar una economía autónoma, de justicia social. Pero es imprescindible la unidad de América Latina o, por lo menos, de Suramérica. Individualmente, ninguno de nuestros países tiene destino. Ni siquiera Brasil, que es el más grande.
Básicamente mi opinión, y la de muchos analistas tanto argentinos como europeos, es que la crisis ucraniana, por un lado, y la exigua respuesta militar de la OTAN, por el otro, han generado un quiebre en el sistema hegemónico mundial, que no es otra cosa que la cristalización en hechos del poder alcanzado por varios países que cuestionan la unipolaridad yanqui: Rusia, China, India, Irán, Turquía, etc. Es decir, estamos convencidos de que existe desde hace ya varios años una multipolaridad de hecho, que ha sido resistida ferozmente por la Superpotencia, para usar las palabras de Methol Ferré, y ha producido este “largo interregno” iniciado, más o menos, con el siglo. Si bien los protagonistas concretos de la polìtica internacional han actuado en un espacio multipolar, la conducta de los EE.UU. ha sido de resistencia y hostilidad permanente a esa multipolaridad de hecho.
EE.UU. se ha quedado sin respuesta. Rusia, que, por supuesto, nadie piensa que es socialista o algo por el estilo, se ha acercado aún más a China, generando un gran poder continental ante el poder marítimo de EE.UU. y UK. El conflicto, en mi opinión, finaliza en algunos días. La morralla nazi de los grupos ucranianos no puede aguantar y el ejército ucraniano, me parece, no ha aparecido en toda su magnitud, porque no quiere enfrentar abiertamente a Rusia.
Europa ha quedado pegada a los EE.UU., y queda por ver qué va a hacer Alemania, que es el único país de Europa occidental con algún tipo de capacidad.
Es evidente que se enfrentan, además, dos concepciones del capitalismo. Por un lado, un capitalismo con hegemonía del capital financiero, improductivo y desindustrializador, y por el otro una forma mixta de capitalismo privado y capitalismo estatal planificado, en muchos casos con control obrero, pero que pone el centro en la producción de mercancías. Hoy ese modo de producción está en desarrollo y avance. Europa y EE.UU. agonizan en el desierto improductivo del capital financiero.
Este es el momento ideal para nuestros países y, en especial, para la Argentina. China, lo hemos dicho antes, puede ocupar el lugar que el Reino Unido ocupó durante la “belle epoque” oligàrquica. Nuestras economías son complementarias, pero son muy disímiles nuestra dimensiòn geográfica, económica, poblacional y militar. Si bien, cuando hubo en aquellos años dorados, alguna cabeza con fervor patriótico, la relación de semicolonia privilegiada nos permitió lanzar la doctrina Drago, en defensa de la Venezuela sitiada, o el “América para la humanidad” de Roque Sàenz Peña, para detener a la doctrina Monroe, esa relaciòn, y la particular estructura social argentina, trabaron la posibilidad de un desarrollo industrial basado en nuestras exportaciones, y toda esa riqueza se diluyò en gastos suntuarios.
La economía china, hasta ahora, no es una economía de naturaleza imperialista. Tampoco es una potencia colonialista. Pero esta no es ninguna garantía. Està y estarà en las manos y la voluntad nacional de los argentinos convertir esa complementariedad en mayor soberanía, en mayor industrialización, en una diversificación de nuestras exportaciones, en más trabajo y mejores salarios.
El pesimismo que se ha enquistado en nuestra filas es absurdo y solo sirve al enemigo. El pesimismo es bombardeo estratégico enemigo.

Fuente: La Señal Medios

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