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Sin ofensa ni temor 9: Ser y estar en un paraíso fiscal

Columna destinada a mover la cabeza. Si temes hacerlo, no la leas. Reproducimos el artículo escrito por Rolando Astarita* y publicado días atrás en el portal Socompa bajo el tíulo de “El centro más oscuro del capitalismo”. Paraísos fiscales, globalización del capital y socialismo.

Por El Editor Federal

Las cifras en miles de millones de dólares que van a parar a los 70 paraísos fiscales que existen en el mundo son, de tan exorbitantes, casi inconcebibles. Los gobiernos se resisten a enfrentar el poder inmenso de las corporaciones – centros nerviosos del comercio global- y ultra millonarios que evaden y eluden impuestos. Resultado: el socavamiento del desarrollo de los países más pobres y aumento de la desigualdad.

En octubre de 2021 se publicaron casi 12 millones de documentos relacionados con cuentas en paraísos fiscales. Pusieron en evidencia parte de la riqueza oculta de políticos, empresarios, artistas, deportistas, miembros de familias reales, líderes religiosos y corporaciones de más de 200 países. Es lo que se conoció como Pandora Papers. Antes, en noviembre de 2014, habían aparecido los Luxemburg Leaks: operaciones secretas de 343 grandes empresas para evitar el pago de impuestos; que habían contado, para hacerlo, con la colaboración de las autoridades de Luxemburgo. Un año y medio después, a principios de 2016, se filtraron los archivos del bufete panameño de abogados Mossack Fonseca. Con este episodio se conoció que el entonces presidente Mauricio Macri había integrado el directorio de Fleg Trading, empresa registrada en Bahamas entre 1998 y 2008. Luego se supo que también integró el directorio de Kagemusha, otra offshore formada en Panamá. Y se reveló que otros altos funcionarios de su gobierno eran propietarios de otras empresas offshore. Son las partes del gigantesco iceberg global de finanzas ocultas. En lo que sigue presentamos algunos datos sobre el tema, tomados de organismos internacionales, y diversas asociaciones y grupos de investigación y denuncia, y avanzamos algunas conclusiones de tipo político.

70 paraísos 70

Existen más de 70 paraísos fiscales en el mundo, entre ellos Andorra, Barbados, Liechtenstein, Bahamas, Luxemburgo, Bermudas, Islas Vírgenes Británicas, Seychelles. También hay países adelantados, como Suiza, Hong Kong, Países Bajos, Luxemburgo. Por su parte, EE.UU. hospeda grandes sumas de activos poseídos por extranjeros en condiciones de fuerte secreto; y el estado de Delaware es un conocido paraíso fiscal. Gran Bretaña dirige una red global de Overseas Territories and Crown Dependencies que incluye algunos de los paraísos fiscales más grandes del mundo, como las Islas Vírgenes Británicas, Bermuda y Jersey. Ni EE.UU., ni Gran Bretaña, ni otras potencias, hacen mucho por acabar con este sistema. Todos estos paraísos poseen instituciones que protegen a los inversores y son estables políticamente.

Esencialmente, se trata de inversión financiera que se realiza a través de paraísos fiscales y va a los llamados “vehículos de propósitos especiales”. Estos carecen de actividad real; son cáscaras vacías. Poseen registro legal sujeto a ley nacional; son propiedad de extranjeros; tienen pocos empleados; poca o ninguna producción en el país huésped; y agrupan actividades financieras o de tenencia como su actividad principal. Por eso, lo que figura como inversión directa extranjera en los países paraísos fiscales no tiene contrapartida en inversión productiva real. Por ejemplo, Luxemburgo tiene apenas 600.000 habitantes, pero una inversión extranjera directa de 4 billones de dólares. Es igual a la de EE.UU. y mayor que la de China; aunque no refleja inversión productiva alguna en Luxemburgo. En un estudio citado por Ahmed et al. (2020) se establece que casi el 40% de la inversión extranjera directa es canalizada a través de los paraísos fiscales. En India, China y Brasil entre el 50 y 90% de la salida de la inversión extranjera directa se realiza a través de entidades extranjeras sin sustancia económica. Y entre el 50 y 60% en los países desarrollados como EE.UU. y Gran Bretaña.

En 2019, un Informe de la Comunidad Europea estimaba la riqueza global offshore en 7,8 billones de dólares, equivalente al 10,4% del producto global (EC 2019). Otros estudios citados en ese informe establecen cifras que van de 8,3 billones a 10,3 billones de dólares. Las estimaciones varían debido a la secrecía de estos centros y a que tampoco hay consenso de lo que debe ser considerado un paraíso fiscal. Pero en cualquier caso, las cifras son enormes. Solo las compañías de la American Fortune 500 tenían, en 2017, un estimado de 2,6 billones de dólares en cuentas offshore. También individuos ricos utilizan las cuentas offshore para eludir o evadir impuestos. Por ejemplo, entre los clientes de Mossack Fonseca había 29 millonarios (poseen miles de millones de dólares) de la lista de los 500 más ricos de la revista Fortune. Además, desde la crisis financiera de 2008/9 la inversión fantasma crece a un ritmo más elevado que la IED genuina y que el producto global.

En estos entramados juegan un rol clave los estudios que organizan y venden las empresas offshore ubicadas en los paraísos fiscales. Así, Mossack Fonseca creó unas 240.000 compañías de este tipo. Los clientes pueden comprarlas por cifras irrisorias, por ejemplo, 1.000 dólares. Según Richard Murphy –cofundador de Tax Justice Network– las empresas más grandes que proveen esos servicios de auditoría, consultoría y consejos impositivos son Pricewaterhouse Coopers, Deloitte, EY and KPMG (entrevista a RM en GUE/NGL 2017). Todas operan en alrededor de 150 países, y en total están en unos 180 países. Cobran elevadas comisiones, de manera que son contratadas por corporaciones poderosas y clientes con mucha riqueza. Entre otras actividades hacen lobby para que continúen existiendo los paraísos fiscales; y se oponen a medidas que puedan romper con la secrecía de los mismos.

Elusión y evasión de impuestos

Los paraísos fiscales permiten escapar, o debilitar, leyes y regulaciones de otras jurisdicciones. Por ejemplo, eludir las reglamentaciones que obligan a dar a conocer la actividad de la empresa, sus dueños, el capital propio, etcétera. El secretismo tiene un primerísimo lugar en esta operatoria, junto a los bajos o nulos impuestos. En algunos paraísos fiscales se privilegia el aspecto impositivo, en otros el secretismo, y en otros una combinación de ambos. La mayoría de las empresas que tienen ramas offshore opera entre la elusión fiscal y la evasión fiscal. La elusión consiste en evitar el pago de impuestos utilizando maniobras permitidas por la ley. Para esto, los abogados y contadores estiran al máximo la ley, y “a menudo las empresas operan en las zonas grises de lo que es cubierto por la ley” (GUE/NGL 2017). Usualmente explotan brechas o diferencias de las leyes impositivas de los países.

La elusión se realiza muchas veces con el conocimiento tácito de las autoridades; pero además, los funcionarios estatales apenas pueden seguir las maniobras, que se hacen cada vez más intrincadas y complejas. Debemos tener presente que actualmente el 60% del comercio mundial tiene lugar al interior de grupos corporativos (ibid. P. 11). En ocasiones, además, los políticos y los gobiernos ponen obstáculos a las investigaciones de los funcionarios. GUE/NGL cita el caso de Hesse, estado de Alemania, donde un gobierno conservador usó informes médicos falsos para despedir a investigadores que habían examinado con demasiado celo las actividades de Commerzbank. Se los declaró mentalmente insanos, y solo fueron rehabilitados mucho después por la Justicia.

La evasión fiscal, a diferencia de la elusión, consiste sencillamente en violar las leyes. Dado que el sistema impositivo tiende a privilegiar al lugar donde están localizadas las casas matrices de las multinacionales, y las mismas se encuentran en los países adelantados, los países atrasados son los que más padecen, relativamente, la evasión impositiva. Las pérdidas anuales en términos de ingresos por impuestos corporativos (sea por maniobras legales o ilegales) a partir de la utilización de los paraísos fiscales oscilarían entre los 500.000 y 600.000 millones de dólares. De estas sumas, unos 200.000 millones corresponderían a las pérdidas de países atrasados por evasión impositiva de corporaciones; una incidencia en el PBI bastante mayor que en los países adelantados. Por otra parte, las pérdidas por impuestos no pagados por individuos llegarían a 200.000 millones de dólares por año (ibid.).

Ahmed et al., citado, plantean que los paraísos fiscales han sido caracterizados crecientemente como extractores de riqueza que socavan el desarrollo y aumentan la desigualdad en los países desarrollados. Citan un estudio de 2017 según el cual el 15% de las ganancias ocasionales de los países productores de petróleo con gobiernos autocráticos es desviado hacia paraísos fiscales. En su investigación, y vinculada a la revelación de los Panamá Papers, establecen que existe un claro patrón de abuso de las elites de los países en desarrollo de amasar riqueza utilizando los paraísos fiscales.

En cuanto a las empresas multinacionales, señalan que los paraísos fiscales les sirven de centros de operaciones financieras que manejan enormes montos de capital y comercio. Junto a los centros financieros líderes en el mundo –Londres, Nueva York, Frankfurt y Tokio- se han convertido en centros nerviosos de las cadenas de comercio global y en un rasgo permanente de los negocios internacionales. Una parte significativa de las empresas multinacionales tienen subsidiarias en los paraísos fiscales, o en algunos casos están en manos de multinacionales parientes registradas en los paraísos. Citando informes de la UNCTAD destacan que esos países ofrecen bajos impuestos o tratamiento fiscal beneficioso para transacciones financieras internacionales, redes de trato sobre doble imposición y acceso a los mercados financieros internacionales, lo que los hace atractivos para empresas grandes y pequeñas. “Enormes flujos de capital van hacia y desde los paraísos fiscales cada año”.

Luego de señalar que los impuestos “normales” a las ganancias de las corporaciones en los países europeos son aproximadamente del 30%, GUE/NGL dice que las empresas envían los beneficios obtenidos en esos países a los paraísos fiscales: “Esos lugares o bien generalmente gravan a los beneficios de las empresas con impuestos muy bajos, u ofrecen acuerdos a medida y como resultado las tasas impositivas efectivas están muy por debajo del nivel oficial, nominal” (p. 6).

Tax Justice (2021) dice: “Una estratagema frecuentemente observada, como la aplicada por MTN, Amazon o Apple es que una subsidiaria de la empresa traslade las ganancias a una entidad intermedia del grupo localizada en jurisdicciones con impuestos bajos o nulos como Irlanda, Mauricio, Luxemburgo o los Países Bajos, en lugar de realizar pagos directamente a la sede de la empresa. Estos fenómenos pueden detectarse tanto en la inversión directa de entrada como de salida” (ibid., p. 59).

Los paraísos fiscales han contribuido a la caída de las tasas impositivas promedio de las corporaciones, del 49% en 1985 al 24% actual. Los beneficios de las corporaciones multinacionales estadounidenses que van a los paraísos fiscales se estima que aumentó entre el 5 y 10% de los beneficios brutos en los 1990, a entre el 25 y 30% en la actualidad (Shaxson, 2019). La Comisión Europea calculó que para los 28 países de la Unión Europea, y para el período 2004/2016 la pérdida anual promedio debida a la evasión fiscal internacional fue de unos 46.000 millones de euros, aproximadamente el 0,46% del PBI.

Según Tax Justice, a través del abuso fiscal transfronterizo global las naciones latinoamericanas perderían anualmente US$ 43.000 millones, lo que representa el 20,4 por ciento de los presupuestos nacionales de salud pública en la región. Cita a CEPAL según la cual las salidas financieras ilícitas de América Latina debido únicamente a la facturación errónea del comercio ascendieron a 102.000 millones de dólares en 2013. Lo que resultó en pérdidas fiscales en todo el continente de 31.000 millones de dólares.

Manipulación de precios internos

A menudo las multinacionales manipulan los llamados precios de transferencia entre sus afiliadas. En teoría esos precios deben reflejar los precios de mercado que habría entre dos participantes que no están relacionados. Pero hay muchos resquicios para eludir esa disposición, y el precio termina siendo el que la empresa dice que es.

Un ejemplo es lo ocurrido con Starbucks: “En 2012 se reveló que, aunque Starbucks tuvo ventas por un valor de 1.200 millones de libras esterlinas en el Reino Unido en los tres años anteriores, la empresa no pagó impuestos al ingreso corporativo, ya que informó cero ganancias. Esto fue posible utilizando prácticas tales como la transferencia por precios, registrando patentes con una subsidiaria en una jurisdicción de bajos impuestos fuera del Reino Unido y luego realizándole pagos por royalties; y pagando intereses por préstamos…” (Ahmed et al., p. 8, nota). También: “En el presente, los países alrededor del mundo son signatarios de más de 3000 tratados bilaterales de impuestos. Por lo tanto, el escenario impositivo está cambiando constantemente, y esta complejidad permite a las empresas multinacionales usar técnicas de transferencias de precios para girar beneficios desde jurisdicciones de altos impuestos hacia las de bajos impuestos”.

GUE/NGL señala que, de acuerdo a los estándares desarrollados por la OCDE, los precios para comprar y vender bienes y servicios dentro del mismo grupo económico deben corresponderse con los precios del mercado libre. En la realidad, sin embargo, muchos pagos entre empresas relacionadas se hacen para bienes o servicios muy específicos tales como asesoramiento interno de la administración o componentes no ensamblados de un producto final; en estos casos, no hay servicios o bienes comparables por fuera de la empresa.

“Como resultado los grupos corporativos pueden elegir sus precios internos de transferencia de manera relativamente libre para mover los beneficios desde y hacia diferentes países” (p. 6). Un ejemplo popular de transacciones intra-compañía para desviar beneficios son las patentes y tasas por licencias. Por ejemplo, una oficina establecida en un paraíso fiscal recibe pagos por el uso de marcas y tecnologías de todas las partes del grupo que están activas y tienen ganancias. Dado que no hay una referencia establecida para esos “activos intangibles”, la empresa puede definir las tasas por licencias que deben pagarse de forma tal que la mayor parte de los beneficios de la actividad real fluye hacia el paraíso fiscal (véase ibid.).

Otro caso es el de empresas como Amazon o Google que ganan a través de ventas en internet y ya no están registradas físicamente en todos los países en los que venden. Por lo tanto pueden eludir impuestos simplemente porque evitan tener una “presencia impositivamente gravable”. Otra forma de eludir impuestos es mediante el financiamiento intra-grupo: partes del grupo con actividad real en un país toman préstamos de partes del grupo ubicadas en los paraísos fiscales. Los intereses a pagar por estos préstamos ficticios reducen el beneficio normal en los países que aplican impuestos y generan beneficios en el paraíso fiscal (GUE/NGL 2017, pp. 10-11).

Los precios son los que se nos canten

Otro de los mecanismos principales que alimenta las fugas de capitales -y las consecuentes colocaciones en paraísos financieros- es la manipulación de los precios de las mercancías comercializadas internacionalmente. Típicamente, es la subfacturación de exportaciones y la sobrefacturación de las importaciones.

Refiriéndose a estas maniobras en América Latina, Tax Justice dice: “Los riesgos graves de flujos financieros ilícitos en el comercio internacional surgen a través de manipulaciones en el precio, la cantidad y la calidad de las mercancías comercializadas declaradas en la aduana…” (p. 41). No se trata solo de productos agrícolas. “Un estudio sobre las exportaciones brasileñas de hierro entre 2009 y 2015 encontró evidencia de una sustancial manipulación de precios comerciales que resultó en importantes pérdidas en ingresos fiscales. Otro estudio reciente sobre las exportaciones peruanas de cobre entre 2003/2017 encontró anomalías en los precios y pidió más investigaciones y análisis a nivel de país para explorar su papel en los flujos financieros ilícitos”. Cita a CEPAL, según la cual, en 2017 los flujos financieros ilícitos en el comercio latinoamericano se originaban, en un 40%, en transacciones pertenecientes al sector manufacturero.

Lavado de dinero

Naturalmente, la secrecía de los paraísos fiscales es muy conveniente cuando se trata de lavar fondos provenientes de la corrupción u otras actividades ilícitas como tráfico de personas, drogas, armas. “Todas estas formas del crimen necesitan reciclar los beneficios a través del sistema financiero a fin de usar el dinero de nuevo en la economía formal.

Este proceso se conoce como lavado de dinero y florece vía refugios con secrecía tanto como la evasión y elusión de impuestos” (GUE/NGL p. 14). Agrega que el FMI estima que el lavado de dinero equivale a entre el 2 y el 5% del producto mundial. En 2016 significaba entre 1,5 a 7,5 billones de dólares. El lavado consiste en, primero, colocar el dinero en una cuenta bancaria o en algún depósito financiero en un lugar con reglas laxas. Luego se transfiere de un banco a otro, a menudo vía diferentes países, para que no pueda ser detectado. El tercer paso es integrar los fondos en una economía real mediante la compra de propiedades u otras inversiones. La secrecía de los paraísos fiscales ayuda a evitar las reglas anti lavado. Por eso se convierten en el punto de entrada de dinero sucio en el sistema financiero oficial (GUE/NGL pp. 11-12).

Aunque el comercio internacional también se puede usar para lavar dinero proveniente de ilícitos. Al respecto, Tax Justice: “Por ejemplo, una empresa brasileña lavó las ganancias del delito mediante la venta de jarabe (o sirope) con sobreprecio a varias empresas fantasma. La empresa brasileña pudo reintegrar las ganancias de estas ventas en la economía legítima a través de su cuenta bancaria brasileña, que recibió los pagos de las empresas fantasmas” (p. 42).

Altos funcionarios, gobernantes, políticos

Ya hemos mencionado a Mauricio Macri y funcionarios de su gobierno vinculados a empresas offshore y a Mossack Fonseca. Pero además, entre los clientes de este bufete figuraban otros once jefes de Estado actuales o pasados. Entre ellos, Putin, presidente de Rusia; Poroshenko, de Ucrania; Xi Jinping, de China, y ex jefes de Estado de Georgia, Irak, Jordania, Qatar, Arabia Saudita, Sudan y Emiratos Árabes.

Asimismo, unos 200 políticos, incluyendo un número importante de ministros. Por ejemplo, un cuarto de los miembros del gabinete de Islandia tenía empresas offshore. Dirigentes chavistas también aparecen en la lista. Pero antes incluso de que estallara el escándalo, Mossack Fonseca había sido investigada por la “Operación Lava Jato”, en Brasil. Los fiscales la llamaron “gran lavadora de dinero” y presentaron cargos.

Otro indicio, esta vez criollo, de las relaciones de políticos burgueses, incluidos abnegados militantes de la liberación nacional con este tipo de fondos: en el affaire Panamá Papers se conoció que Daniel Muñoz, ex secretario de Néstor Kirchner, y su esposa, Carolina Pochetti, eran titulares de la sociedad Gold Black Limited, establecida en Islas Vírgenes Británicas. Posteriormente, en 2018, los Pandora Papers permitieron conocer que también eran propietarios de la offshore Old Wolf Limited, holding inmobiliario y administradora de propiedades. Muñoz y Pochetti utilizaron los servicios del estudio Trident Trust, uno de los proveedores de entramados offshore más importantes del mundo. De esta manera se ocultó dinero negro, que posteriormente se volcó a la compra de propiedad inmobiliaria -por un valor de 73 millones de dólares- en EEUU.

Otro caso. Según aparece en los Panamá Papers, los lobistas que intermediaron entre empresas argentinas y el gobierno de Venezuela para la comercialización de maquinaria agrícola montaron un entramado offshore entre Panamá e Islas Vírgenes Británicas. El mismo comenzó a funcionar en abril de 2004, diez días después de que Néstor Kirchner y Chávez firmaran el convenio entre Argentina y Venezuela. Se creó entonces Palmat Intertrade, registrada en Panamá. Más tarde se creó otra offshore, Madero Trading. Estas redes se utilizaron para circular dinero y adquirir y administrar propiedades inmobiliarias en EE.UU. “Burguesía nacional e industrialista”, como reza el relato.

Una clase capitalista transnacional

Estos desarrollos forman parte de la internacionalización del capital y crecimiento de una clase capitalista crecientemente transnacional. Un proceso en el cual participan las multinacionales, instituciones financieras, políticos y funcionarios gubernamentales. Se trata de fenómenos de largo plazo, vinculados a la mundialización de la relación capitalista. No es algo que se deba a la deshonestidad particular de algunos, o muchos capitalistas; o a la moda del neoliberalismo. Comprende también a Estados y gobiernos que se dicen defensores “de lo nacional” y hasta enemigos de la globalización.

Existe una relación estrecha entre el crecimiento de los flujos financieros transnacionales y las políticas económicas de los Estados, destinadas a atraer inversiones y garantizar la libertad de explotación de la fuerza de trabajo por el capital. Esa convergencia de intereses se manifiesta, por ejemplo, en que también las empresas estatales se subordinan crecientemente a la lógica de la valorización del capital.

Un caso representativo es la petrolera saudí Aramco, que produce el 10% del petróleo en el mundo y es una de las mayores compañías del mundo, tanto por sus ganancias, como por su capitalización bursátil. Otro ejemplo de la imbricación Estados–capital financiero mundializado son los fondos soberanos de inversión. A comienzos de 2020, las 10 más grandes poseían riqueza por 7,44 billones de dólares. El mayor, el Norges Bank Investment Management, de Noruega, reunía 1,365 billones. Una porción significativa de las tenencias de estos fondos se encuentra en otros países.

El telón de fondo es la internacionalización del circuito del capital. En este respecto GUE/NGL señala que en el último siglo las corporaciones han crecido mucho más allá de sus fronteras nacionales y se han reducido las reglamentaciones políticas para manejar los flujos internacionales de capital. “Mientras las diferentes partes de una empresa usualmente actúan internacionalmente en conjunto, como un grupo corporativo total, cada entidad en un país dado es gravada de manera independiente. Renault produce y vende automóviles por todo el globo, está manejada desde Francia, pero sus diferentes partes son gravadas de manera separada en docenas de países” (p. 5).

Esta contradicción entre el carácter global del capital, y las regulaciones estatales nacionales se potencia por la competencia impositiva entre los países. Los gobiernos pujan por atraer capitales ofreciendo más ventajas impositivas. “Cada gobierno trata –sea a través de impuestos bajos o vacíos disimulados- de atraer a la mayor cantidad de empresas posible con esos regalos” (GUE/NGL, p. 6).

Por eso también este fenómeno pone en cuestión la conocida tesis de la financiarización, según la cual el capitalismo contemporáneo se caracterizaría por la dominancia del capital financiero (bancos, fondos de inversión y de otro tipo) sobre el capital productivo-industrial, comercial, agrícola. El trasvase de fondos líquidos desde estas formas de capital productivo al sector financiero, y del sector financiero a las inversiones productivas (por ejemplo, adquisición de paquetes accionarios por parte de fondos de inversión), están mostrando el entrelazamiento de intereses entre las diferentes formas de capital, que a su vez adquiere cada vez más un carácter global.

En este marco los períodos de débil inversión y las plétoras del capital (plusvalías que no vuelven a la producción y buscan la valorización financiera) alimentaron el crecimiento de las deudas externas; y los flujos transnacionales de capitales líquidos. Con la consecuencia de la profundización y extensión de los mercados a nuevas zonas del planeta y la imposición de la lógica de la valorización sobre masas crecientes de asalariados. Los fondos offshore, y semejantes son partes del mismo proceso.

Socialismo vs el nacionalismo burgués y pequeñoburgués

De esto se desprende una conclusión política: es imposible revertir, en un sentido duradero, este proceso apelando al reformismo nacionalista, e invocando principios morales, como hace el progresismo bienintencionado. Las razones de la creciente mundialización del capital -financiero, productivo, mercantil- se encuentran en las relaciones de producción, en un sistema económico que busca producir y realizar plusvalía al máximo posible. Por eso estos procesos no se revierten con alguna medida estatista burguesa del tipo control de cambios, impuestos a las transacciones cambiarias, estatización del comercio exterior, y semejantes. Tampoco suprimiendo algún organismo internacional.

Es una tontería pretender que el “culpable” de las fugas de capitales, del crecimiento de las offshore, etcétera, son, por caso, el FMI, o el BM. Estos organismos no son más que expresiones de superficie de corrientes más profundas. Es necesario precisar estas cuestiones para no hacerle el juego a las políticas nacionalistas y estatistas de colaboración de clases. No hay que alentar falsas ilusiones. Los nacionalismos burgués o pequeñoburgués, incluso “radicales” (así se reivindiquen trotskistas) son impotentes frente a la creciente internacionalización del capital. El programa y la política del socialismo deben partir de estas realidades para ofrecer una salida progresiva a las masas trabajadoras.

Textos citados

Ahmed, A.; C. Jones e Y. Temouri (2020): “The relationship between MNE tax haven use and FDI into developing economies characterized by capital flight”. Transnational Corporations, vol. 27, N° 2, UNCTAD.

European Commission (2019): “Estimating International Tax Evasion by Individuals”, Working Paper N° 76.
GUE/NGL (2017): Panama Papers: Dirty Money and Tax Tricks, https://left.eu/content/uploads/2017/12/dirtymoneyandtaxtricks.pdf (GUE/NGL for Gauche Unitaire Européenne/Nordic Green Left).

Palloix, C. (1975): “Las firmas multinacionales y el proceso de internacionalización, México, Siglo XXI”.

Shaxson, N. (2019): “Tackling Tax Havens”, Finance & Development, September, vol. 56 N° 3, IMF.

Tax Justice Network y Laindadd (2021): “Vulnerabilidad y Exposición al Riesgo de los Flujos Financieros Ilícitos en América Latina”, enero, https://www.taxjustice.net/wp-content/uploads/2021/01/Vulnerability-and-exposure-to-illicit-financial-flows-risk-in-Latin-America-Tax-Justice-Network-Jan-2021-SPANISH.pdf.

*Es docente en la Universidad Nacional de Quilmes, y en las facultades de Ciencias Sociales y de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires.

Fuente: rolandoastarita.blog. / Socompa

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