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Una historia de ARSAT

Días atrás se conoció por parte del Presidente, la designación de Matías Tombolini a la presidencia de ARSAT, la sociedad estatal que brinda servicios de transmisión de datos, telefonía y televisión por medio de infraestructura terrestre, aérea y espacial. Con el anuncio, durante la pasada semana, el periodista Daniel Arias, publicó un extenso informe sobre la empresa, que nos ayudará a comprender la situación de esa actividad en nuestro país.

Redacción

El ex candidato a Jefe de Gobierno porteño por Consenso Federal, que venía desempeñándose como vicepresidente del Banco de la Nación Argentina, reemplazará a Néstor Pablo Tognetti, un histórico referente del INVAP y desde la formación de ARSAT. El cambio, si bien no fue explicitado en estos términos públicamente, radicaría en que no hubo un cambio de criterio respecto del avance de ARSAT en la tarea de acercar el acceso a Internet en todo el país al cliente final, “lo que constituiría una competencia desleal con quienes a lo largo de estos años han invertido en redes de última milla, como cooperativas locales”, y las tres grandes empresas pertenecientes al Grupo Clarín. Tognetti entretanto quedará como Gerente General de la empresa, a condición de que el nuevo titular, no toque las gerencias.

Hasta aquí la introducción. En adelante continúa el trabajo del colega Arias.

En 2006, el presidente Néstor Kirchner se anotició de que la Argentina iba a perder las 2 posiciones orbitales geoestacionarias que le quedaban a la Argentina por falta de uso por la empresa franco-alemana Nahuelsat, un engendro perpetrado por Menem. Tras expropiar a Nahuelsat, cuyo único satélite fue un fracaso técnico y cuyo segundo aparato jamás fue entregado, Kirchner decidió crear una empresa satelital de telecomunicaciones del estado, e INVAP mandó a Tognetti, que empezó con 6 empleados en 2 habitaciones del entonces Correo Central. Esos fueron los humildes comienzos.

En 2013 ARSAT, con un perfil público siempre bajísimo, estaba terminando y testeando su satélite ARSAT-1 en Bariloche, con fecha de vuelo para la primavera de 2014, venía construyendo el satélite número 2, también -y sobre todo- la Red Nacional de Fibra Óptica (ReFeFo), administraba el mejor Data Center del Cono Sur, había desplegado la red nacional de antenas de la Televisión Directa al Hogar (TDA) con un par decenas de canales públicos y privados de acceso gratuito para el 96% de la población, era participante del Programa Conectar-Igualdad y se había vuelto un enorme y codiciado factor de poder económico y político.

ARSAT era una empresa de tecnología capaz de comunicar por el espacio y por fibra óptica y gran ancho de banda a las 24 provincias, y todo con menos de 260 empleados, en general técnicos, ingenieros y obreros calificados, con relativamente pocos administrativos. Entonces, como premio por todo lo hecho, a Tognetti, tras mucho serruchaje de piso, le dieron el raje. Con el deber sobrecumplido, el tipo se volvió a Bariloche y a INVAP con cierto alivio. Por supuesto, las posiciones satelitales no se perdieron. La más valiosa, la 81 Oeste, la tenía pedida el Reino Unido y los gringos ya la consideraban propia. Sorry, lads.

El reemplazo de Tognetti fue Matías Bianchi. Es un ingeniero de telecomunicaciones y tuvo la virtud de seguir con lo planificado: poner en órbita ambos satélites, empezar el diseño del tercero en INVAP con modernizaciones importantes respecto de los dos anteriores, hacer crecer la ReFeFo y empezar a ponerla en funcionamiento, y ampliar la cartera de negocios del Data Center.

Pero para no pelearse con «las Telcos» (los monopolios privados de las telecomunicaciones) ARSAT se abstuvo de dar «milla final», es decir, se prohibió llegar directamente con la inmensa ReFeFo a los hogares. Por el contrario, le vendía ancho de banda a espuertas, y a precio promocional, a los ISP (Internet Service Providers) de todo el país.

Era una decisión de estado, no de ARSAT, y no parecía mala política hasta que lo fue: en general, los ISP son cableras y cooperativas del interior con poca plata y pésimo servicio. Inevitablemente, algunas cableras aprovecharon el nuevo ancho de banda a precio sensacionalmente bajo para reclutar más clientes y seguirles dando el mismo servicio miserable a todos, viejos y nuevos.

Por su parte, ARSAT fingió estar distraída cuando tres empresas del Grupo Clarín, a la sazón ya el segundo mayor oligopolio comunicacional de Sudamérica, se juntaron con 200 cooperativas chicas y cableritas para gozar de los descuentos. Una canasta de pollitos con hambre, pero entre ellos tres elefantes disfrazados con plumas y gritando «pío-pío». ARSAT seguía siendo chica y razonablemente eficiente, pero se había llenado de parásitos externos. Algunos enormes, como se ve.

Sin embargo con una parte importante del espectro electromagnético en manos de ARSAT y sin atribuirse, el gobierno de Cristina Kirchner anunció un primer servicio «con milla final»: la empresa Libre.Ar. Habría sido una movida astuta, porque los usuarios finales estaban rigurosamente podridos de las empresas de celular, por su funcionamiento horroroso. Telefónica, Telecom y Claro sintieron claramente la amenaza de Libre.ar. Con mejorar un poco el precio y la calidad de servicio, y la ReFeFo alimentando con fibra óptica las torres celulares, el estado argentino las barría del mapa.

En 2014 el gobierno puso misteriosamente marcha atrás. Hizo cuentas del costo de las nuevas antenas que iba a tener que pagar el estado y la cantidad de nuevos empleados que demandaría ARSAT para atención directa a público, supongo. El hecho es que decidió licitar las frecuencias de ARSAT, y en 2015 las ganaron estas tres compañías con el compromiso de instalar 4G en todas las ciudades grandes, y 3G en las medianas y chicas.

Obviamente no cumplieron. Y obviamente el ENACOM no tuvo voluntad o tiempo para hacerles cumplir, porque a fines de 2015 cambió el gobierno nacional y las Telcos asumieron directamente el control, ejem… del ente de control.

Cuando ganó las elecciones el macrismo, el nuevo Ministro de Telecomunicaciones, Oscar Aguad, nombró a su yerno, Rodrigo De Loredo. Ambos tenían los indiscutibles pergaminos técnicos que da ser radicales y cordobeses. Ambos pararon en seco la construcción del ARSAT 3, lo que casi hizo quebrar a INVAP. En su momento, pareció el objetivo real detrás del objetivo aparente.

No fue tan así. ARSAT en el espacio, con apenas dos satélites de poco ancho de banda, ya le jodía la vida a unos cuantos. A los que Aguad le abrió los cielos argentinos unilateralmente. Autorizó a 26 satélites estadounidenses y europeos (neto predominio de España) a vender señal Argentina, sin contraprestación, lo que va a contramano no sólo de la razón sino de los reglamentos de la Unión Internacional de Telecomunicaciones.

De Loredo, ganoso desde el vamos de ganar la alcaldía de Córdoba Capital, se montó sobre el equipo de comunicación de ARSAT para pagarse la campaña, que amplió contratando empresas de publicidad cordobesas, y literalmente pavimentó de fibra óptica su provincia natal, muy en desmedro de otras. Se sacaba fotos a pie de topadora, abriendo zanjas. Y con eso no le fue nada mal.

Pese a que sí le fue mal. En 2017 tuvo que dimitir, tras dos escándalos fuertes: primero, trató de venderle el ARSAT 3 (y el 1 y el 2 también) a Hughes Space, que se quedaba con los tres sin poner casi un mango: el 25% del costo del 3, los dos primeros venían de yapa. Para lograr oposición interna cero, De Loredo venía haciendo una limpieza étnica de camporistas en puestos directivos, pero también en los técnicos, aunque fueran gente sin color partidario. ¿Para qué le servían al aspirante a intendente de «La Docta» seres tan extraños como, por ejemplo, un experto en control de calidad de construcción satelital?

El segundo escándalo no lo causó él: tras el papelón protagonizado por el Ministro de Trabajo, Jorge Triaca, que tenía media familia metida en muy altos cargos del estado, este aspirante a edil se ligó el súbito ataque de decencia del gobierno nacional. Quien más, quien menos, el gabinete macrista era un infiernito de acomodados y «parientes de», y De Loredo quedó señalado como indiscutible yerno de Aguad y tuvo que renunciar. Eso y lo de Hughes habían vuelto impresentable al susodicho ante el país, pero no así en Córdoba, provincia generosa, donde salió segundo en la compulsa por nuevo intendente.

De la sartén al fuego, la empresa entonces fue intervenida por macristas puros y duros del Ministerio de Modernización y se ligó de golpe y sopetón unos 200 endoparásitos cuyo trabajo era, paradójicamente, podar empleo público en todo el estado nacional. No se sabía qué eran ni qué hacían. El comedor ya desbordaba. ARSAT simplemente les daba escritorios, computadoras, celulares, transporte y unos sueldazos de órdago para cortar cabezas.

Pero lejos de ser empleados públicos que cazaban empleados públicos, estos eran emprendedores en el sentido vampírico-menemista: procedieron a empezar a dividir a ARSAT en «quintitas» para hacer negocios personales, y a despedir técnicos históricos al voleo y en lote, fueran tirios o troyanos, para sembrar el terror. El plan de máxima era partir a ARSAT y privatizar los pedazos, vos llevate la ReFeFo, yo me quedo con el Data, ¿alguien quiere los dos satélites? Si las elecciones de 2019 las ganaba Macri, habría sido el paso siguiente.

Cuando ganó Alberto Fernández, ARSAT estaba literalmente hecha puré y no hacía nada. Era un enorme cadáver. 36.000 km. de fibra óptica en todo el país, trompeteaba la empresa en su portal. Pero en el interior había intendentes que tenían una caja de fibra óptica en la plaza hacía meses, o años, e ignoraban para qué demonios servía, porque ARSAT había puesto casi todo su esfuerzo comunicacional en el intento de fabricar otro intendente, el de Córdoba Capital. Lo mismo pasaba con los ISP. ¿Que tenemos una caja de conexiones de ARSAT a dos cuadras desde hace un año? ¿Y por qué nos enteramos recién ahora?, me decían en tal o cual cablera o cooperativa. Y no del interior profundo, sino de vecindades de Marpla, ruta 2.

El Data Center se estaba deteriorando técnicamente mientras se dispersaba en negocios rarísimos y altamente personales de los «walking dead» menemistas que lo habían invadido. Muchas de las torres de la Televisión Directa al Hogar estaban sin señal, y no había maldito el plan de reactivarlas, para no estorbar a Cablevisión y similares. ¿Conectar Igualdad? Muerto tras haber repartido 5,4 millones de notebooks en las escuelas públicas de lugares pobres, libres de Windows, con código libre y programas educativos excelentes desarrollados por el Ministerio de Educación. Y la lista sigue.

Raúl Martínez, el interventor final, ex preso por contrabando desde Uruguay y sobreseído por una Suprema que no era la Maryland, hizo compras por contratación directa por $ 300 millones… desde Uruguay. Al parecer, a Martínez lo oriental lo fascina, especialmente el lujo oriental: el tipo se construyó un helipuerto, editó un libro de lujo contando sus hazañas administrativas en la empresa y dado que a la pobre ARSAT le faltaba el ancho de banda del ARSAT-3, no tuvo más remedio que comprarle 6000 antenas satelitales a Hughes Space para dar servicio, desde un satélite de Hughes, a las zonas cordilleranas donde no llega la ReFeFo. Las antenas no se usaron ni para colgar medias mojadas, pero Hughes las cobró. A falta de satélites argentinos, algo había que darles, pobres muchachos.

Cuando Alberto Fernández presidente aquilató los desastres, hizo traer a Tognetti express desde Bariloche para que le hiciera resucitación cardiopulmonar a la empresa, que estaba en coma cuatro. Tognetti dejó sus ocupaciones de jubilado (asesorar a INVAP en ingeniería satelital, andar en kayak por el Nahuel Huapi, fundar una fábrica de whisky artesanal) y se vino a Baires como terapista intensivo de su propia obra.

Bajo su mando, ARSAT empezó a dar signos de vida, incluso de vida inteligente. Contrató a INVAP para un tercer satélite, el SG-1, muy novedoso por su propulsión eléctrica y sus antenas multidireccionales. Desparasitó y empezó a reequipar «el Data». Y hace unos meses, habilitó a una cincuentena de PyMES del interior profundo para dar «milla final» en sitios incomunicados, lo que debe haberle caído bastante mal a las Telcos.

En fin, Tognetti sacó a ARSAT de la intensiva y del pronóstico reservado, la dejó en recuperación como paciente externo, y le salvó las papas al presidente. Que lo acaba de premiar con otro patadón para dárle la empresa a un economista que tal vez sea Isaac Newton revivido en plan comunicacional. Tiene un premio Martín Fierro y más libros que la Biblioteca Nacional. Pero por currículum, queda claro que nunca construyó satélites ni tiró fibra óptica ni puso miles de antenas satelitales para darle internet a escuelas aisladas, ni…

Observaciones: desde que Tognetti inventó y puso en valor a ARSAT, sus directores duran a lo sumo un par de años. Y desde que la resucitó, parece que esa ley de dos años y te serruchan sigue vigente. Es que ahora ARSAT, además de una vaga amenaza de agarrar última milla en serio y mandar las Telcos a desuso, tentación que tendríamos unos cuántos, resulta una caja formidable para todo animal político. Cosa que Tognetti, un técnico eficaz y un gerente honesto y de muy bajo perfil, resueltamente no es.

Esto se lo echan en cara muchos militantes que dicen tenerla clarísima. ¿Por qué «el Togno» era tan poco tribunero? Él se la buscó. ¿Quiere hacer un test rápido? Busque fotos de Rodrigo de Loredo en Internet. ¿Ya las contó? ¿Ah, no puede contarlas? OK, ahora busque fotos de Tognetti. ¿No encuentra nada o casi nada? En términos de ingeniería de telecomunicaciones, esa comparación muestra que el ruido paga más que la señal. Una dirección profesional y eficiente en una empresa tecnológica del estado aparentemente en nuestro país es algo malo.

La otra observación: la segunda serruchada de piso de Tognetti sucede antes de dos acontecimientos importantes. Uno es la decisión que deberá tomar el gobierno sobre la telefonía celular 5G: ¿será con tecnología china o con tecnología yanqui? Sergio Massa y Gustavo Béliz militan por lo último, y necesitan tropa propia en la cúpula de ARSAT, al estilo de la menemista Claudia Bello. Van arrimando la bocha, se diría.

El otro acontecimiento importante es que los servicios de 5G se licitarán y sólo concursarían Telecom, Telefónica y Claro, que incumplieron rigurosamente los términos de la licitación de servicio 4G de 2014. Es un asunto del ENACOM, pero en el actual cuadro político, un exceso de profesionalismo y honestidad en ARSAT puede ser indeseable.

Especialmente si se tiene en cuenta que el despliegue de 5G consumirá ancho de banda de un modo prodigioso, que obligará no sólo al despliegue de una gran red de antenas celulares de radiofrecuencia, sino de fibra óptica al pie para alimentarlas de señal. La ReFeFo consta de alrededor de 38.500 km. «iluminados» con un único cable de fibra óptica muy grueso, de 48 pelos. Eso da un ancho de banda como jamás tuvimos antes, pero de todos modos probablemente no alcance para «la internet de las cosas».

En 2024 ARSAT deberá comprar y desplegar más fibra óptica en los «tritubos», sus enormes cablecanales subterráneos blindados y de tres tubos. Uno de ellos tiene un macizo cable de fibra, dos de ellos están vacíos: al enterrarlos se previó este tipo de ampliaciones. «Soplar» fibra óptica en los canales vacíos de los tritubos -se hace por diferencias de presión de aire- es un gasto menor comprado con el despliegue inicial de esa red de redes. Pero no así la compra de fibra nueva. Ése sí que es un negoción.

En suma, ARSAT, que en 2012 fue brevemente el mayor comprador de fibra óptica del mundo, probablemente volverá a serlo, y manejará montañas de plata. Cuando se ponga en órbita el ARSAT-3 probablemente ese satélite, por ancho de banda, ganará el doble que el 1 y el 2 sumados (US$ 30 millones cada uno). Pero créame que eso será un chiste frente a la compra de fibra nueva. Alta caja, estimados. Y creo que por estas cosas se va -o lo van- a Tognetti.

Fuente: AgendAr

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