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Una manta corta para las economías regionales

Durante los primeros días del año, el ministro de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación, renovó una gran parte de su gabinete. Repartió las principales Secretarías entre cuadros representantes de distintos sectores de las estructuras empresarias y territoriales del agro argentino. Uno de esos cambios, estuvo en la Secretaría de Alimentos, Bioeconomía y Economías Regionales, donde designó a Luis Contigiani, referente de la Federación Agraria.

Redacción

Días atrás, el nuevo funcionario brindó una entrevista a un medio santafesino, y desarrolló su visión d ellos principales conflictos y la tarea encargada por Julián Domínguez para su gestión. Según Contigiani, buscará la industrialización de la ruralidad, con una “agenda de promoción de las pymes agroalimentarias, desarrollo territorial, incorporación de valor agregado y reducción de la distancia entre el productor y el consumidor”.

Para el Secretario se trata de un programa del “desarrollismo del siglo XXI”, que tendrá como ejes la elaboración de planes estratégicos regionales en conjunto con autoridades y entidades del sector; e instrumentos tributarios y financieros para promover proyectos de integración productiva, asociativismo, agregación de valor e inversión regional. Por ello se incorporaron al trabajo “ cuadros que tratan de representar la diversidad de la Argentina agroalimentaria”.

Contigiani, explicó que la situación actual del sector es consecuencia de las políticas aplicadas en los ’90; y que “ese modelo se llevó puesta la ruralidad en Argentina, y al sujeto que produce, a los territorios y a las regiones”. Sin embargo, asume que “Argentina multiplicó su producción y en los sectores competitivos de la producción primaria, el salto en productividad fue enorme”. Por eso, cuando el funcionario habla de “desarrollismo”, apunta a “industrializar a fondo el complejo agroalimentario”; agregar valor e integrar vertical y horizontalmente la producción.

Para eso, el Secretario de Alimentos, Bioeconomía y Economías Regionales, propone que la política pública debe estar enfocada en el segundo y tercer eslabón de cada una de las 31 cadenas agroalimentarias que producen en el país, poder transformar los productos primarios y exportarlos con valor agregado.

Contigiani reconocía que la mayor parte de los 78.000 millones dólares que se exportaron en 2021 están desvinculados del mercado interno porque los beneficios de esos negocios se van a las casas matrices de las multinacionales exportadoras. Eso explica el por qué la clase política se queda con la mirada fiscal respecto de la producción agropecuaria y como mayor proveedor de divisas.

Como estrategia para cambiar esa mirada, el funcionario entiende que la ley agroindustrial debe sancionarse rápidamente, porque en la misma están contemplados una serie de instrumentos importantes: “canje de bienes de capital, promoción de semilla fiscalizada a partir de la reducción del impuesto a las ganancias, reintegros a las exportaciones. En segundo lugar, el objetivo es elegir, en el marco de la planificación con las regiones, los proyectos que se pueda para apoyarlos en la generación de valor. Y en tercer lugar, la Secretaría puede potenciar el reintegro de exportación del 0,5% para las empresas que tienen el certificado Alimentos Argentinos”

Dentro de lo propuesto, Contigiani adujo que no se va a resignar “un milímetro la potencialidad exportadora pero tampoco podemos dejar de hacernos cargo de una Argentina en crisis”. En definitiva, propuso “acercar” al productor y al consumidor final,desarrollando políticas al interior de las cadenas, y generar alternativas dentro de las cadenas de comercialización para que todo el esfuerzo no confluya en las cinco o seis cadenas que aglomeran la mayor parte en el mercado interno.

En la entrevista mencionada, Contigiani no explica concretamente cuáles serán esos instrumentos. Hasta el momento, el proyecto de ley para la agroindustria le “ordena” el negocio a las principales empresas del sector. Lo más “chicos” deberían acoplarse a ese sistema propuesto y apostar a ser rehenes de un sistema de concentración mejorado y menos brusco.

Por otra parte, que un pequeño productor agropecuario, pueda desde su iniciativa generar mecanismos de asociación previos a tener la demanda de sus productos más o menos asegurada, es un salto al vacío que pocos se atreverán a realizar. Más vale malo conocido que bueno por conocer.

De allí la importancia que tanto la cartera de Agricultura como de Producción, creen los instrumentos estatales necesarios para garantizar demanda a cambio de precio sostén para el productor. Y eso se hace controlando la cadena logística y el negocio de exportación. Con buena voluntad, esta comprobado que no alcanza: la manta sigue quedando corta o directamente desaparece.

Fuente: Agroclave

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