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En el Alto Valle de Río Negro y Neuquén se está implementando lentamente el denominado “Sistema Sudafricano” para el cultivo de la uva de mesa. Si bien, ya posee más de tres décadas de implementación en el país, el INTA lo ha tomado para su investigación, y -de acuerdo a la decisión política y técnica que se adopte -, se vislumbran beneficios y perjuicios en el horizonte.
Redacción
El desarrollo de los cultivos de la vid tanto para vitivinicultura como para uvas de mesa continúa creciendo en el Alto Valle de Neuquén y Río Negro. Así como ya se ha hecho habitual la presencia de vinos rionegrinos en el mercado, acompañado de su difusión regional y la creación de una “ruta del vino”, también hay productores que han optado por la fruta fresca de mesa.
No es extraño que esto suceda. Más allá de las condiciones del mercado de consumo de vinos; la caída permanente a nivel interno como a nivel internacional de la demanda de peras y manzanas; o los escasos márgenes que la tradicional producción de frutas de pepita están dejando a los productores a raíz de la alta concentración de una cadena orientada hacia el exterior y no hacia el consumo interno; lo real también es que hay conocimiento regional en materia de producción de fruta fresca e infraestructura instalada de almacenaje y frío.
De allí que el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) Seccional Alto Valle, esté acompañando la experiencia y evaluando como novedad, un sistema de producción que posee más de tres décadas en el país: “Sistema Y”; “Sudafricano”; o “Open Gable”.
La diferencia básica es que este sistema, estructura las plantas en forma de “Y” en lugar del tradicional parral. A nivel regional, dicho sistema se ha implementado en Perú y Chile – desde allí se estima que el método llegó durante la década de los 90’s.
¿Cuáles serían los beneficios que está evaluando el INTA? Por un lado, que la disposición de cada vid en filas independientes “que permiten hacer la plantación en años sucesivos, según las necesidades de cada escala de producción”. A partir de postes, brazos “ala” construidos con perfiles metálicos y guías de alambre, se arma una estructura nunca mayor a 1,70 mts, lo que facilita la recolección y las tareas culturales. Es decir, tanto para la poda, acondicionamiento, limpieza y cosechas, la disposición de la planta “optimiza” el tiempo de ocupación de la mano de obra.
Según los distintos informes, en el Alto Valle existen unas 100 hectáreas dedicadas a la uva de mesa, con un rinde promedio de 25 toneladas cada una.
Más allá de los rindes, precios y condiciones de comercialización, la voz de los trabajadores menciona que es un sistema más sencillo dado que evita el uso de escaleras; evita riesgos de accidentes y facilita las tareas de poda y limpieza, porque los cuadros de las chacras están “más ordenados”.
Sin embargo, existen perjuicios potenciales para el trabajo,aunque tal vez no para el coste de producción y formación de precio. Es algo que admite el INTA: la organización de las plantas permite la inserción de maquinaria que reemplace mano de obra en cualquiera de las tareas mencionadas que se ejercen en ese primer eslabón productivo.
La reflexión es la siguiente: si se está pensando en el diseño e implementación de maquinaria, bien podría aprovecharse la oportunidad para que la tecnología no “saque gente del zurco”.

Fuente: INTA / Diario Río Negro

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