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OPEP más, FED menos

El despliegue de las naciones petroleras. La realidad interior del mundo financiero. El dinero. La materialidad. La interna de la Reserva Federal, sus motivos y sus resonancias. Los Estados Unidos, China, Rusia e Irán en Asia Occidental. Las preguntas y el rumbo.

Por Gabriel Fernández *

 La historia del petróleo es, ciertamente, extensa. Arranca hace más de 200 millones de años, cuando la mayor parte del planeta Tierra estaba cubierta de agua. Los procesos geológicos y la lenta acción bacteriana sobre la materia orgánica acumulada en el fondo del mar dieron lugar a esta mezcla de hidrocarburos que tanto tiempo después ha alcanzado un valor singular. Para una especie, la nuestra, que no lo vio nacer.

VIRAJE E INFLUENCIA. Por estas horas, los integrantes de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) contienen el 43 por ciento de la producción y poseen el 81 por ciento de las reservas mundiales. ¿Quiénes son? Están los miembros fundadores: Arabia Saudita, Kuwait, Irán, Irak y Venezuela; junto a ellos, más recientemente incorporados, Argelia, Angola, Ecuador, Libia, Nigeria, Qatar, Gabón, Indonesia y Emiratos Árabes Unidos.

Si durante una buena porción de la era en curso la organización fue un ariete de los Estados Unidos para desplegar su control mundial, los últimos años develaron otro panorama. El emerger de la OPEP +, que involucra a la Federación de Rusia, ofrece un dolor de cabeza adicional a la potencia del Norte y sus aliados pues ha derivado en acuerdos multipolares que se asientan en los intereses de los protagonistas directos y desplazan la incidencia previa.

En los años 70, las restricciones en la producción abrieron el camino a un incremento sostenido de los precios del viscoso producto, y de los ingresos de los miembros de la OPEP, con secuelas intensas y perdurables sobre la economía internacional. En los 80, la OPEP estableció objetivos para sus integrantes. Su acción resultó clara: al reducir el volumen, los precios fueron en alza. Lo cual fue refrenado en 2008 y 2016 para limitar la oferta. Ese último año, al incorporar nuevos asociados, el control sobre el petróleo y su precio, se profundizó.

La agitación de los medios occidentales con línea editorial delineada por el capital financiero se evidenció enseguida y se desplegó hasta el presente. Ante la dificultad para brindar datos fehacientes sobre las decisiones de la entidad debido a su progresivo viraje, plantearon con fervor la hipótesis de la confrontación entre saudíes y rusos. ¿La intención? De máxima, desmembrar la OPEP para dar lugar a una nueva organización alineada con las necesidades de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN); de mínima, gestar roces y contrastes internos entre sus componentes.

Fíjese el resultado, lector. El experto indio MK Bhadrakumar nos informa, desde The Cradle, que “Algo curioso sucedió en Viena el domingo justo cuando la 35ª Reunión Ministerial de la OPEP+ estaba a punto de comenzar en su sede. A tres principescas organizaciones de noticias occidentales, Bloomberg, Reuters y el Wall Street Journal, se les prohibió ingresar a las instalaciones de la OPEP. Cuando se preguntó al respecto, los convocantes respondieron: ´Esta es nuestra casa´”.

Es que la idea de confrontación fue relevada por la de “concordia”. Así lo explica el diplomático y analista: “Detrás de la serie de decisiones de producción de la OPEP+ que irritan al occidente colectivo se encuentra una estrategia estricta ruso-saudí y una mayor cooperación energética ruso-iraní”. Nótese la inserción de la palabra estrategia a la hora de definir las tareas dispuestas entre las dos grandes potencias.

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El proceso se fue concretando a la vista de muchos, pero la inercia en el estudio de los alineamientos forzó la continuidad de la idea de situar a los árabes como operadores atlantistas. La monarquía no se democratizó ni modificó sus preceptos internos, pero resolvió sacar cuentas claras y priorizar sus intereses por encima de los norteamericanos. Un impulso fue el bombardeo de la destilería en 2019 en la zona fronteriza con Irak –se insistió en responsabilizar a Irán, sin sustento-, otro las exigencias del G7 para insertar sus reglas (sus necesidades) en el funcionamiento de la OPEP, otro el anuncio de China de adquirir todo el petróleo posible de origen saudí para sus industrias.

En noviembre de 2018, en Buenos Aires, el presidente ruso, Vladimir Putin, se acercó al príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohammed bin Salman, en la cumbre del G-20. Lejos del choque esperado, el cruce derivó en sonrisas y gestos de confianza; choque … esos cinco. Desde entonces, la evolución del vínculo ha sido acelerada.

Este 7 de junio ambos concretaron una conversación telefónica en la cual analizaron la estabilidad del mercado energético y la cooperación bilateral en el seno de la OPEP+. La información surge de un cable público del Kremlin. La charla, que podría haberse mantenido en reserva, fue intencionalmente difundida hacia todo el planeta. “Ambas partes valoraron muy positivamente el nivel de cooperación en el marco de la OPEP+, que permite tomar medidas oportunas y eficaces para mantener el equilibrio entre la oferta y la demanda de petróleo. Se señaló la importancia de los acuerdos alcanzados en este sentido durante la reciente reunión ministerial de Ryad”, apunta el comunicado oficial de la Federación.

Putin y MbS también hablaron sobre medidas para profundizar las relaciones comerciales bilaterales, así como poner en marcha proyectos conjuntos “en el campo de la inversión, la logística del transporte y la energía”. El diálogo se formalizó a días de que los países miembros acordaran mantener la extracción del año que viene en un nivel de 40,46 millones de barriles diarios. De este modo, la reducción de producción petrolera de la OPEP+ en 2024 será de 1,396 millones de barriles por día. La decisión fue tomada “para lograr y mantener la estabilidad del mercado de petróleo, así como para garantizar la previsibilidad del mercado a largo plazo”, de acuerdo con un anuncio de la organización.

Así los lazos se siguen estrechando ¡en medio de las sanciones impuestas por el bloque anglosajón contra el país euroasiático desde febrero de 2022! Es ostensible que aunque la intención de Occidente fuera doblegar la industria energética rusa, esta ha logrado mantener un crecimiento sostenido gracias a las buenas relaciones de Moscú con Asia Central, Oriente Medio, la India y China. Es más: Arabia Saudita se ha ofrecido para mediar entre Rusia y Ucrania. Y la Liga de los Estados Árabes —que aglutina a 22 países del norte de la península Arábiga y el norte de África— ha dicho que está a favor del principio de neutralidad.

Para colocar todos los elementos en su lugar, es preciso añadir que Arabia Saudita solicitó la membresía BRICS y pretende unirse al Nuevo Banco de Desarrollo, la entidad multilateral establecida por los estados que conforman la asociación. Su sede está en Shanghái, China. De hecho, el Ministro de Relaciones Exteriores de Arabia Saudita, el Príncipe Faisal bin Farhan Al-Saud, se hizo presente en Ciudad del Cabo días atrás para la reunión ministerial de los BRICS. Al margen, Bin Farhan se reunió con el ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov.

Al respecto, MK Bhadrakumar estima que “Arabia Saudita avanza de puntillas hacia los BRICS en un momento histórico en el que, según se informa, el grupo está listo para crear su propia moneda en su próxima cumbre en Durban, Sudáfrica. Esto, por supuesto, será un desarrollo calamitoso para el petrodólar, el pilar del sistema bancario occidental, y tiene el potencial de crear un nuevo mercado petrolero mundial”. El encuentro será en agosto próximo. Para complicar un poco más el horizonte atlantista, el anfitrión, Sudáfrica, invitó a Putin y escandalizó a los diplomáticos norteamericanos.

Quizás sea cierto que nuestra vida expresa nuestros pensamientos dominantes.

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LA RESERVA FEDERAL. Los tironeos internos en la Reserva Federal de los Estados Unidos dan cuenta de las dificultades que atraviesa la economía del Norte, del proceso desdolarizador y de la expansión de la pulseada entre capital productivo y capital financiero al seno mismo de las entidades que encarnan la cumbre del poder.

La Reserva Federal finge ser el “banco central” de los EEUU. Fue creado por el Congreso el 23 de diciembre de 1913 y firmada su aceptación por el presidente Woodrow  Wilson. El Sistema de la Reserva Federal -como oficialmente se llama-, cuenta con 12 bancos regionales en todo el país. Hasta ahí, nada raro. ¿Dónde está la curiosidad?

Se requiere de cierto talento para presentar como artificios las emociones genuinas. También, para aparentarlo todo. Una buena parte del cansancio cotidiano está compuesto por el efecto de esas acciones.

En verdad, no es Federal (está lejos de ser una institución gubernamental), ni es Reserva (está inhabilitado para acumular divisas, por ley). Es que no es un banco central, sino una gran institución gobernada por las entidades financieras privadas. Pese a eso no paga impuesto alguno y sus decisiones involucran de modo directo a la economía de la nación que la contiene físicamente. Fíjese lector: en la vertebración formal, la FED depende del Congreso –para los sueldos, la estructura, los dispositivos, la papelería, el café- , pero en la definición real las cámaras no pueden incidir sobre sus decisiones.

En esencia, define cuáles son las tasas de referencia … y el volumen de la emisión.

¿Cuáles son las compañías que resuelven el sendero a seguir por la economía estadounidense y la de sus aliados? Aquí se incluyen los porcentajes de acciones para tener una idea clara:

Bankers Trust Company 438,831 (6%)
Morgan Guaranty Trust 655,443 (9%) 1.093.274 (15%) JP Morgan – Rothschild
Bank of New York 141,482 (2%) Morgan – Kuhn, Loeb
Chase Manhattan Bank 1,011,862 (14%)
Manufacturers Hanover 509,852 (7%) 1.521.714. Rockefeller
Chemical Bank 544,962 (8%) E Mayer – Lazard Freres Citibank 1,090,813 (15%) Samuels, Goldman Sachs
European American Bank & Trust 127,800 (2%) Bahamas
J. Henry Schroder Bank & Trust 37,493 (.5%) Rothschild ( Paris )
National Bank of North America 105,600 (2%) National Wesminter London

No todos sus dueños son estadounidenses (los Rothschilds son de Londres y Berlín; Lazard de Paris; Israel Moses Seif de Italia; los Kuhn, Loeb y Warburg de Alemania y las familias Lehman, Goldman, Sachs y Rockefeller de Nueva York). No importa, porque los Estados Unidos son el ejemplo más nítido de la desterritorialización que se viene apuntando en esta secuencia. Gracias a la política impuesta por estos intereses, el pueblo norteño está endeudado con ellos por una cantidad estratosférica de + – 7 billones de dólares (7 000 000 000 000). La necesidad de establecer una nueva moneda de intercambio y de reserva, asentada en un esquema financiero mundial más equilibrado, surge de la misma realidad.

Uno de los periodistas internacionales que abordan la actualidad monetaria dijo a este colega: “El Congreso entregó el Departamento del Tesoro a una Corporación Privada, la Reserva Federal y sus agentes. El volumen de la propiedad del Sistema de la Reserva Federal, es mantenida en secreto a los ciudadanos norteamericanos y es propiedad de los intereses de los bancos: La Reserva Federal está en la raíz de la mayoría de los problemas económicos”. Sugirió observar las críticas de George Selgin, economista de la Universidad de Georgia, quien asevera “Si se juzga a la FED según la misión que tiene fijada, su historia no es un éxito en absoluto, es un fracaso. Es difícil encontrar estadísticas en las que se vea una mejora en los últimos 100 años”.

Retomemos la actualidad. La decisión de la FED de mantener en el rango de 5% a 5,25% la tasa de referencia impulsa recesiones globales con malos precios para los commodities, lo que obliga a los productores de materias primas a exportar más y recibir menos divisas. El Instituto Internacional de Finanzas (IIF), think tank de los bancos internacionales, leyó la decisión de la FED como el indicador de que la desaceleración inflacionaria que buscan las potencias occidentales con la tasa de interés tendrá la forma de un “soft landing”, un paulatino estancamiento del crecimiento económico mundial. Para los Estados Unidos proyectó un crecimiento anual de 1% en este 2023, lo que implica un parate desde ahora hasta fin de año. Así, Washington despejó sus principales variables puertas adentro para empezar a definir lineamientos de política económica puertas afuera.

Con un 4% interanual, el índice de precios al consumidor de los Estados Unidos muestra una baja engañosa. Ante la mirada atenta de quienes buscan en el interior de las resoluciones, se suspendió al menos hasta julio la suba de tasas de interés. Pero no alcanza para mejorar la producción. El país del Norte ¿necesita bajar la inflación o alzar la realización de bienes de producción y consumo? Jerome Powell, actual titular de la FED, aspiraba cerrar el año con 2% anual. ¿Para qué? Puertas afuera, la progresión en la suba perjudica a muchos. De hecho la Argentina tiene complicado el refinanciamiento de la deuda ante el FMI por esas variables que no maneja.

Antes de sacar alguna conclusión recurramos a los expertos que han estudiado el fenómeno desde aquí. Señalan Walter Formento y Wim Dierckxsens: “el Dinero no solo está en el corazón de todos los conflictos, sino que es el eje dinámico del trabajo improductivo. En primer lugar, el dinero y sus diferentes formas pertenecen a la esfera de circulación de la economía y el trabajo que implica es trabajo improductivo, en tanto no produce valor. El intercambio de productos propiamente dicho con dinero como medio de pago corresponde a la relación social existente bajo la cual se produce y distribuye la riqueza social. En el intercambio no cambia el contenido del producto o su valor de uso, es decir, el intercambio de productos es un acto útil pero no pertenece al ámbito de la producción de la riqueza social. Por ello Marx lo llama improductivo por su contenido”.

La dupla investigativa precisa: “Un Banco Central puede emitir dinero sin respaldo, lo que llama oferta de dinero. Esta expansión monetaria u oferta de dinero es en realidad, nada más que un endeudamiento. Lo pasa el banco central a grandes bancos a tasas muy bajas y estos a su vez lo prestan a grandes consorcios a una tasa de interés módico. Esos consorcios suelen comprar sus propias acciones haciendo subir su precio y, también realizan fusiones y adquisiciones con dinero ajeno sin mayor costo. De este modo obtienen o centralizan nuevas empresas competitivas, es decir riqueza real, a bajo costo. Este es un proceso de acumulación sin producción, es decir, centralización de la riqueza social existente en cada vez menos manos y un bloqueo de la competencia. Lo que sucede con el dinero es que pierde poder adquisitivo, es decir se deprecia. Con este juego de la Reserva Federal de subir las tasas de interés, nos enfrentamos a una crisis de la deuda más grande que nunca antes”.

¿Entonces? Este narrador estima que el volumen de la crisis surgida del interior mismo del esquema dominante en el capitalismo –Consenso de Washington, hegemonía financiera– es tan importante que algunas corporaciones vienen tensionando la discusión interna en la Reserva Federal para insertar parches que eviten la definitiva aniquilación del billete verde y su derivado, el derrumbe integral del sistema impuesto. Esas aspirinas para un cuerpo muy dañado no lograrán modificar el rumbo multipolar pero pueden brindar tiempo de adecuación a conglomerados que nunca abandonaron por completo el circuito productivo. En cierto modo, ese fue el espíritu del Acuerdo entre China y Europa de fines del 2020, como se ha diseccionado aquí en profundidad y puede hallarse en el libro Fuentes Seguras. El sendero de la Multipolaridad, recientemente editado por Fabro.

FRANJA Y RUTA. NON VERBA. Con esa lógica, es posible indicar que la conflictividad creciente ente el bloque anglosajón y China no solo se asienta en la pugna geopolítica sino también y muy especialmente en el estilo de comercio y acumulación. Frente a los etéreos, aunque recios poderes surgidos del dinero improductivo, los emergentes ponen sobre la mesa concreciones; desde materias primas a valor agregado, desde nuevas tecnologías hasta ferrocarriles y flotas. Esto se percibe con intensidad en tantos puntos el planeta, y con especial vigor en Asia Occidental. Pensemos. Todo movimiento puede resultar creador.

En mayo pasado, Jake Sullivan, Asesor de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, informó la estrategia de su país sobre la región mencionada. Y en el interior del planteo, la caracterización. Indicó que la administración de Joseph Biden impulsará una fuerte competencia por la influencia global. Nada de cooperación como sugiere el coloso asiático. Precisó que los Estados Unidos identifican a China como su principal rival estratégico y que en el contexto de Medio Oriente, Irán representa la amenaza más importante para sus intereses. La nación islámica, para preocupación occidental, ha profundizado sus lazos con la República Popular China y con la Federación de Rusia y se viene asentando como eje de iniciativas económicas y geopolíticas con influencia creciente.

En su alocución, Sullivan describió el enfoque norteamericano hacia Asia Occidental, con cinco puntos clave. Primero, la creación de alianzas para fortalecer la relación de Washington con los estados regionales. En segundo lugar, la importancia de asegurar la disuasión, lo que subraya la necesidad de advertir y amenazar para salvaguardar los intereses estadounidenses. Tercero, priorizar las opciones diplomáticas y la reducción de la escalada bélica contra Beijing, lo cual implicaría atenuar las provocaciones sobre Taiwán. El cuarto punto de Sullivan se refiere a la integración regional: “Un Medio Oriente [Asia occidental] más integrado e interconectado reduce las demandas de recursos de los Estados Unidos en esta región a largo plazo sin sacrificar nuestros intereses fundamentales o nuestra participación”. Se siente la paradoja, hasta con un dejo humorístico, en esa frase. El quinto y último punto se basa en la ineludible declamación sobre valores democráticos y derechos humanos.

Estos ítems permiten observar la evolución de los acontecimientos. Ante el visible realineamiento de los protagonistas y la pérdida progresiva de aliados, los espacios financieros que conducen la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) intentan una combinación de apremios y ayudas para reinsertarse en un mundo árabe cada vez más ancho y ajeno.  La decisión de Washington en recalibrar sus estrategias en Asia occidental para alinearse con sus desafíos globales, visibiliza el crecimiento de sus principales competidores y el colapso de su presencia.

El investigador y experto en Asuntos Internacionales y Diplomacia Mohamad Hasan Sweidan sostuvo al respecto pocos días atrás: “Un buen ejemplo después del conflicto de Ucrania fue la resistencia generalizada del Sur Global a participar en las sanciones occidentales contra Moscú. Las campanas de alarma sonaron al otro lado del Atlántico cuando eso sucedió. Estos países no solo rechazaron la demanda de sanciones, sino que se movieron para fortalecer sus respectivas relaciones con China y Rusia, persiguiendo diversos objetivos mientras capitalizaban la creciente competencia entre Washington, Beijing y Moscú”.

Eso fue una alarma pero el trasfondo resultó más hondo. “La urgencia de contrarrestar a sus competidores en Asia Occidental ha llevado a una iniciativa de infraestructura liderada por EE. UU., cuyo objetivo es establecer una red de ferrocarriles para conectar los estados árabes (sin atravesar Irán) y unir los estados del Golfo Pérsico con los puertos de la India. El concepto de este proyecto aventurero se presentó inicialmente durante las conversaciones en el foro I2U2 el año pasado, que incluía a los EE. UU., Israel, los Emiratos Árabes Unidos y la India, cuyo enfoque eran los proyectos de infraestructura estratégica en el oeste de Asia. Una propuesta notable presentada por Israel fue el establecimiento de vías férreas que conecten la región”.

Mohamad Hasan Sweidan añadió que desde su establecimiento en 2021, “el objetivo ha sido mejorar el punto de apoyo de la India en Asia occidental como contrapeso a China, así como promover la normalización económica entre los estados árabes e Israel. Si la inclusión de India por parte de Washington tiene como objetivo sacudir los planes de China sobre Asia occidental, es posible que ya haya fallado en el primer obstáculo. India es un socio principal en el Corredor Internacional de Transporte Norte – junto con Irán y Rusia, un proyecto que ya está en funcionamiento, continúa expandiéndose y es cómodamente sinérgico con la Iniciativa Belt and Road (BRI) de varios billones de dólares de China. Busca conectar continentes enteros”.

PREGUNTAS. Sin embargo, varios temas decisivos hostigan los anhelos norteños. Uno de ellos, como vimos, es la potenciación de OPEP +; otro, el nacimiento del petroyuán; también, el fortalecimiento de Irán. Y sobre todo, que Arabia Saudita, al priorizar sus intereses, ya no es aliado energético de los Estados Unidos.

Vale acercarse a alguna fuente de calidez, contrarrestar la helada que envuelve a Buenos Aires y reflexionar. ¿Cómo influye lo narrado en la guerra de Ucrania? La misma ¿puede expandirse? Si lo hace, ¿en qué dirección?

Más allá: crear una moneda es, administrativamente, posible. Pero ¿cuánto demora su establecimiento, aun entre las naciones impulsoras?

Previsor, Putin instaló pertrechos en Bielorrusia.

Europa, a través de Polonia, observa.

En público, sus dirigentes indagan hasta donde llegará el líder de la Federación; en privado, cuántos esfuerzos más les exigirá la OTAN.

 *Extraído de la habitual columna del autor, titulada “Fuentes Seguras”. Gabriel Fernández integra el área Periodística Radio Gráfica / Director La Señal Medios / Sindical Federal.

Fuente: Radio Gráfica

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