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Pesca: un problema, una oportunidad

Tras la feria de Vigo, el “mercado” dejó señales para la cadena pesquera argentina que permiten trazar un panorama de oportunidades o de hundimiento. Hay una decisión política a tomar en lo inmediato.

Redacción

Tuvo lugar en Vigo, España, una de los eventos pesqueros más relevantes del mundo, la Feria Conxemar. El encuentro tiene peso a nivel internacional porque en torno a él se canalizan negocios y proyectos de explotación que configuran la marcha de la actividad para los próximos años; pero principalmente, tiene una enorme incidencia en el plano pesquero nacional.

La Feria, que según los cronistas y las fuentes directas, tuvo una baja afluencia de interesados, reunió este año a cerca de 800 empresas de 45 países. Dada la relevancia que posee Argentina en el concierto pesquero internacional, el stand instalado fue uno de los más solicitados.

Es importe destacar que la importancia de nuestro país no gira en torno a la capacidad pesquera de la flota argentina, sino por ser la nación que alberga el caladero más importante del mundo en la actualidad y del futuro proyectando hacia fin de siglo: el Atlántico Sur.

Lógicamente, los productos pesqueros que Argentina promociona y por ende su cadena asociada están ligados a la merluza, calamar y langostino. Cada una de ellas, además de ser las principales y que poseen escala internacional, son las más disputadas en el mundo por estos tiempos, y por lo tanto tienen realidades coyunturales específicas. La Feria por tanto, es determinante para estas actividades en el futuro próximo.

Así, según los datos del sector y las repercusiones del evento, para quienes comercializan merluza hubbsi el balance resultó positivo. La industria – pero principalmente los armadores pesqueros –, considera que desde la cuotificación de las capturas, se ha logrado el nivel de ventas y precios. Los protagonistas del segmento aducen que se debe a cierta “previsibilidad” en el flujo del recurso.

Lo fundamental aquí, es la apertura de nuevos mercados o de mayor demanda de los no tradicionales, como Alemania, Polonia o demás países en torno al Báltico. La escasez de la especie en otros caladeros, provocan que el interés por la merluza argentina se incremente; y si los precios acompañan los negocios avanzan.

Respecto del calamar illex, la situación no es tan lineal. Para el caso argentino, se da que la temporada alta de esta especie finalizó en julio, por lo cual los negocios y proyecciones remiten a 2024. La principal dificultad es la irregularidad en los precios internacionales por la avidez sobre la especie.

Tenga en cuenta el lector que en el caso particular del calamar puede observarse el conflicto geopolítico en ciernes en nuestro Atlántico Sur. Además de las capturas con licencias otorgadas por el Gobierno argentino, se encuentran dos feroces competidores y saqueadores que actúan en complemento: los permisos ilegales que otorga Gran Bretaña a las flotas españolas, taiwanesas, chinas y surcoreanas; más la pesca también furtiva pero sin licencia alguna de la famosa flota asiática en la milla 201.

La inestabilidad en los precios se asocia a que abundancia de tallas chicas, o bien de largas travesías de las flotas a zonas de pesca más alejadas de las tradicionales. Fenómeno que se propicia a partir del ataque permanente que sufre la especie desde las factorías de pesca ilegal e ilegítima.

Además, se suma otra dificultad adicional: los mercados pretenden productos elaborados; es decir, con mayor nivel de procesamiento y diversificación. Esto va desde la comercialización específica de algunas partes del calamar por separado, hasta la forma de presentar el producto al consumidor final y las cantidades. El criterio parece ser packs con menor contenido en términos de peso, pero al mismo tiempo con mayor procesamiento.

Esto último se ve claramente en el langostino. Las empresas y armadores directamente relacionadas con la especie, manifiestan que la venta en volumen, precio y dificultades de acceso a los países europeos ha, prácticamente, dejado huellas irreversibles en el corto plazo.

Por un lado, los mayores costos que implican las pretensiones de los compradores y los precios propuestos, sumado a los problemas cambiarios argentinos que vienen de largo aliento. Por otro, la competencia desleal: el langostino argentino, mucho más grande en tamaño y contenido proteico que el que se cría en “granjas de cultivo” del camarón blanco – el vannamei, que se produce en Ecuador -, tiene sobre sí, barreras arancelarias que rondan el 12% para ingresar a Europa, contra el blanco que tiene 0%.

Además, hay otra cosa que marcan los empresarios y es el costo pesquero, y la propuesta para revertir la situación actual – “de permanente pérdida” – serían dos posibles: la inserción del langostino argentino en otros mercados de gran consumo como por ejemplo China – el sueño húmedo de la industria -; o bien, sumar procesamiento a bordo e ir hacia un formato de factoría.

Esto último podría resolver la ecuación empresaria, pero es negativa para el trabajo argentino. La actividad en tierra es irremplazable en términos de desarrollo pleno y total integración de la cadena pesquera en el país.

Pero los empresarios tienen la vista puesta en España. Ya no tanto por su mercado, pero sí porque es el país que fija el precio a nivel mundial. Pero además existe el factor stock: es tal el volumen de pesca de la especie, que aunque haya disminuido el consumo total, el excedente de pesca supera la capacidad de compra del mercado al cual está dirigido y a su capacidad de almacenamiento.

El otro sector fuerte de consumo de langostino que cambió el tipo de demanda de volumen es el de las cadenas gastronómicas. Desde el sector pesquero afirman que estas cadenas ya no negocian compras en contenedores, sino en pallets. Las compras son diarias porque les permite no sólo manejar stock, sino también calidad y precios porque van alternando calidades de ser necesario.

Un último dato que se desprende de la Feria: el volumen de consumo de pescado y productos de mar ha bajado sensiblemente en los principales mercados. Las excusas, explicaciones e interpretaciones son múltiples, pero los argumentos son concretos: la suba de los precios generales en lo que respecta a alimentación es una constante internacional; y por ende, los recortes de las familias en la adquisición de cierto tipo de productos repercute en la cadena pesquera ligada principalmente a Europa.

Las estrategias que se están siguiendo están vinculadas a aumentar el consumo de productos de mar a partir de estrategias de ventas vinculadas a los beneficios para la salud. Los cuales son reales. Eso generará miedos y modas que reconfigurarán ciertos hábitos de consumo en los sectores sociales de mayor poder adquisitivo europeo.

Es al mismo tiempo una oportunidad para la pesca de nuestro país. No tanto por las ventas y las colocaciones de carga en Europa que seguramente es lo que quieren los empresarios. Por el contrario, aprovechando esos argumentos que se pondrán de moda, se puede impulsar una política de aumento masivo de consumo de productos de mar y aumentar la demanda per cápita del pueblo argentino en pocos años y en porcentajes importantes.

La clave está en que la flota, el eslabón de procesamiento y la logística asociada, no debe mirar al mercado argentino con los ojos que mira al italiano, español o francés. Los precios deben ser justos y razonables, y de alcance popular.

Se puede hacer tranquilamente. Pero es necesaria una política de Estado, no de mercado. De lo contrario sucederá lo mismo que con la fruta: la mejor del mundo, impagable para la familia argentina, o se vende en el resto del planeta o se pudre en la planta. En el caso del pescado, un proceso equivalente será sólo una bandera de libre saqueo para la flota que pesca desde Malvinas o la de la milla 201.

Fuentes: Feria Conxemar / Revista Puerto / Ma y pesca / Informe Pesquero

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