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Sin ofensa ni temor 109: Conciencia histórica e integración

Columna destinada a mover la cabeza. Si temes hacerlo, no la leas. Compartimos un texto del historiador revisionista Alberto Methol Ferré, en el que repasa un puñado de acontecimientos históricos y culturales respecto del origen común de las naciones de Nuestra América, para luego exponer una perspectiva del proceso de integración que debió tener el MERCOSUR.

El Editor Federal

Conciencia Histórica e Integración – Por Alberto Methol Ferré*

Sin conciencia histórica común, no hay integración. Sin revisión histórica, no hay integración. Sin nueva historia común no hay integración. No hay integraciones que sean epidérmicas, sólo las hay profundas. Esto les será exigido a los cuatro miembros del Mercosur, en especial a sus socios principales, la Argentina y Brasil.

Es la historia la que exige innovaciones y éstas a su vez cambian la historia. Nunca hay economía sola. Todos los grandes giros de la historia requieren siempre un giro proporcional en la conciencia histórica. El Mercosur no puede ser sostenido ni alimentado con las historias al uso actual de sus componentes. Con la antigua situación, quedan atrás las versiones históricas que la acompañaban. Es ingenuo quien crea que el Mercosur pueda ahondarse sin modificar y cuestionar los parámetros históricos que configuran nuestra más arraigada intimidad.

Al cambiar las perspectivas, hechos y significaciones antes postergados o borrosos pasan ahora a primer plano. Cambia todo el paisaje, aunque muchas intimidades se empeñen en no percibirlo. El nuevo paisaje de nuestra actualidad genera la necesidad de ser comprendido y sostenido por otra historia que la de antaño. Hay que hacer inteligibles las dinámicas profundas que lo sostienen, para percibir incluso mejor el nuevo horizonte que nos moviliza y nos reordena.

Un nuevo mañana, exige un nuevo ayer. Y en cierto sentido, tan o más verdadero el nuevo ayer que el viejo ayer. El nuevo ayer está siempre soterrado en el viejo ayer.

Nuestras historias fueron vistas y pensadas desde otras perspectivas y para responder a otras necesidades de nuestras respectivas comunidades. Para fundar una historia, por ejemplo, del Uruguay solo, ¿qué importancia puede tener que las coronas de Castilla y Portugal en algún momento se hayan conjugado en el mismo rey? Ninguna o muy poca. En nuestras historias clásicas (y en las viejas historias contestatarias) era un momento desdibujado, en tanto que el énfasis estaba más suave o más subrayado en el supuesto conflicto eterno entre Portugal y Castilla. Eso explicaba más al Uruguay solo. ¿Pero explica al Uruguay integrado? ¿Lo promueve o lo obstaculiza? Lo mismo ocurre con los demás países. Es algo que está muy dentro de nuestros pueblos. ¿Y entonces? Podrían multiplicarse los ejemplos.

No se trata sólo de incorporar u omitir tales o cuales hechos. Omitir hechos reales de enemistad, es peor. No se trata de edulcorar nuestras historias. Se trata de encontrar una nueva lógicaprofunda que las unifique, que abarque y explique las antiguas historias, que abra y potencie el futuro. Una nueva lógica histórica a la altura de nuestro tiempo, nos exige un nuevo descenso a las raíces. Por eso acostumbro a decir a mis alumnos “tanto me interesa el próximo siglo, que me he vuelto casi experto en la historia medieval de Portugal y Castilla”.

Sólo grandes raíces pueden sostener un vasto horizonte, en el caso, que abarquen a América Latina en América del Sur. Aquí está justamente lo esencial. Una nueva perspectiva histórica desde el Mercosur, es necesariamente, una perspectiva histórica latinoamericana. Es donde hacen cortocircuito las historias enteras de Luso e Hispano-América. Una revisión de la historia desde la unidad de los cuatro componentes del Mercosur, no puede sino abarcar virtualmente a toda América Latina.

Tan altas exigencias piden un cambio de muchos tanteos, de propuesta de nuevos esquemas. Estamos sólo al comienzo, muchos nuevos estudios nos esperan a todos.

En estas vueltas y para esta ocasión, me parece pueda ser oportuna la publicación de esta “Guía para la ilustración de los orígenes históricos del Mercosur y sus proyecciones”. Ella tuvo origen preciso. Hace poco la Cancillería del Uruguay estuvo estudiando la posibilidad de una exposición sobre el Mercosur en sus más diversas dimensiones. Entre ellas, se planteó hacer un stand o isla –como dicen los publicitarios- sobre el Mercosur y la historia, para lo que se me solicitó un breve guión de orientación. Su brevedad permite resaltar en gruesos trazos los distintos momentos de nuestra historia común. En el fondo, el esbozo de una propuesta.

Un país pequeño como el Uruguay debe ingresar al Mercosur con muchas precauciones. Los países pequeños pagan sus distracciones mucho más caro que los grandes. Tiene la obligación de ser de los mejores negociadores. Pero no es sólo un asunto defensivo. En Uruguay, por su condición estructural de frontera, tiene la necesidad intrínseca de pensarse a la vez con la Argentina y Brasil. Incluso quizá pueda hacerlo mejor que los mismos argentinos y brasileños, pues lo propio de sus historias es más grande, complejo y denso, y quizá por eso les sea más difícil abrirse al otro, liberándose de su antigua historia. Para los uruguayos, la simultánea apertura a la Argentina y Brasil, es destino bienvenido. Por eso, quizá, podamos empujar más en generar la conciencia histórica común, sin la cual no hay integración.

El origen común

América Latina viene de Castilla y Portugal. Castilla y Portugal vienen de Hispania. Hispania es el origen común. Roma conquistó y colonizó la Península Ibérica, transformándola durante seis siglos en Hispania. La lengua latina popular llegó hasta nuestros días, diferenciándose en varias lenguas principales: portugués y castellano, catalán, francés, italiano y rumano. Por eso nos llamamos América Latina.

La primera gramática de la lengua castellana fue del ilustre humanista, el obispo Antonio de Nebrija en 1492, le siguieron después la gramática italiana (1529), la portuguesa de Fernando de Oliveira (1536) y la francesa de 1556. Nebrija dedicó su gramática a la victoria de los Reyes Católicos en Granada, que termina la reconquista contra los moros de la Península Ibérica. Y está en el umbral del descubrimiento de América y de la llegada al Asia y al Pacífico por Portugal. Fue cuando Castilla y Portugal inauguran la unidad oceánica de la Tierra. Castilla y Portugal inicial la Política mundial. Entonces también comenzó a gestarse el nuevo pueblo latinoamericano –crisol indígena, europeo y africano- presidido por la unidad de dos lenguas hermanas.

Hispania, de donde provienen Castilla y Portugal, fue importante durante el Imperio Romano, y dio a su cultura grandes nombres como Séneca, Lucano, Quintiliano, Osio, Orosio, Prudencio y emperadores como Trajano, Adriano y Teodosio. Fue cristianizada desde los apóstoles José, Pablo y Santiago.

Como todo el Imperio Romano de occidente, la Hispania cayó en la anarquía de las invasiones bárbaras germanas, hasta que se reconstruye bajo el Reino Visigótico durante dos siglos (VI y VII). Pero el Reino Visigótico sucumbe en la gran ola expansiva del Islam y la invasión de los moros (siglo VIII) donde queda sólo la resistencia de grupos hispano-cristianos en las montañas del norte de la península ibérica.

La Reconquista –lenta de 8 siglos- se inicia desde el Reino de Asturias (VIII), prosiguiéndose hasta el siglo XI en el Reino de León y Castilla. En este reino será el condado de Portucale.

El rey de Castilla, Alfonso VI casó su hija Teresa con el caballero Enrique de Borgoña, en premio de su apoyo en la Reconquista, dándole el condado de Portugal como dote. El hijo de este matrimonio Alfonso Enriquez (siglo XII) se declara rey de Portugal desde 1139 y se va independizando de Castilla.

Así, Castilla y Portugal vienen del mismo huevo.

Alianza peninsular

En el siglo XV los tres grandes reinos de la península son Castilla, Portugal y Aragón. Portugal encabeza la marcha del océano Atlántico con la invención de la Carabela y el Cabo Cañaveral de la época, el promontorio de Sagra, de Enrique el Navegante. Pero Castilla ya es el mayor poder naval del Atlántico.

La herencia de la Corona de Castilla da lugar a la Guerra Civil, con intervención de Portugal. Así, en el Tratado de Alcapovas (1479) Castilla reconoce a Portugal la exclusividad de su avance marítimo con la volta africana en camino de las Indias Orientales. A su vez en Alcapovas, Portugal reconoce a Castilla la posesión de las islas Canarias, que serán justamente, la puerta de América. Es la puerta que abrirá Colón.

En Alcapovas se sella también la firme intención de Alianza Peninsular entre Portugal y Castilla, con una política de alianza dinástica de largo aliento: el enlace entre los Avis y los Trastamara (luego los Hasburgos).

Es la gran Alianza Peninsular, que caracteriza el apogeo histórico común de Castilla y Portugal en el siglo XVI, su Siglo de Oro.

Esta Alianza Peninsular no descarta, es obvio, algunos roces. Como el que se suscita al regreso de Cólón de América. Pues el Tratado de Alcapovas no era claro respecto de los límites hacia el oeste del Atlántico. Los reyes de Portugal y Castilla acuerdan –como hace poco la Argentina y Chile con el Beagle- el arbitraje del Papado, en ese momento ejercido por el valenciano Alejandro Borgia. Este dicta la Bula Inter Cetera (1493) que será ajustada por el acuerdo de Castilla y Portugal en Tordesillas. Allí se traza la línea que resultará la frontera americana entre Portugal y Castilla, de Brasil y nosotros.

El apogeo de la Alianza Peninsular fue el ascenso al trono portugués de Felipe de Hasburgo, Felipe II de Castilla y Felipe I de Portugal. Fruto de esa política de alianza dinástica.

Un mismo rey ostenta las coronas de Portugal y Castilla, de las Indias Occidentales y demás posesiones. El imperio Hispánico alcanza su cenit. Es la era en que toda América Latina está unificada en el mismo rey (1580-1640). Habrá tres hasburgos unificando las coronas.

Si Castilla y Portugal son potencias marítimas dominantes en el siglo XVI, ya en el XVII va resquebrajándose su poder, hasta su liquidación en la batalla naval de las Dunas (1639) contra los holandeses. Aquí se cierra definitivamente la hegemonía castellano-lusitana. Fracasa la unidad nacional peninsular.

Portugal procura salvarse y salvar a Brasil del hundimiento del Imperio Hispánico. Es interesante señalar que aquí el nombre de España (castellanización de Hispania) se reduce pues empieza a excluir a Portugal. Hubo quienes aconsejaron entonces al nuevo rey Braganza de Portugal protestar, pues ya no podrá haber rey de toda España al separarse Portugal.

Tiempos conflictivos

Luego de 1640 se bifurcan los caminos, los borbones tomarán el título oficial de Reino de España.

Ya España y Portugal empiezan a ser potencias subalternas en distintos grados y formas. El antiguo Imperio Hispánico (luso-castellano) es sustituido por una “segunda guerra de Cien Años” entre Inglaterra y Francia por la hegemonía. Portugal estará en la órbita de la Alianza Inglesa. Y España en el Pacto de Familia Borbónica, que será su alianza con Francia. La batalla terminará finalmente a favor de Inglaterra, con la derrota de Napoleón Bonaparte. En esta vorágine y marco inicial del siglo XIX Portugal y España son arrastradas y arruinadas y será la independencia de América Latina. Dividida en repúblicas la de origen español, y manteniendo la unidad el Brasil a través del Imperio. Todos en la periferia del poder británico victoriano, cabeza de la Revolución Industrial.

Estos tiempos conflictivos abarcan un amplio período desde 1640 hasta 1870, fin de la Guerra de la Triple Alianza. De estos largos conflictos vienen las sospechas históricas entre Brasil y la Argentina, Paraguay y Uruguay. Los recuerdos son más del conflicto, que de la Alianza común, que queda desdibujada y olvidada. Pero ahí están las raíces.

Las fronteras son lugar de encuentro, que puede ser ya de conflicto, ya de concordia y enlace. Así, la gran frontera latinoamericana viviente, de intercambios reales, será en el Cuenca del Plata. En la era conflictiva los dos polos más candentes serán la Colonia del Sacramento en la Banda Oriental y la República Guaranítica del Paraguay de las Misiones Jesuíticas.

Esta gran frontera latinoamericana del Uruguay-Paraguay tendrá durante dos siglos un destino incierto y trágico, desde 1680 hasta 1870, fin de la Guerra de la Triple Alianza contra Paraguay. Pero después vendría la paz de una relativa indiferencia. Se establece desde 1870 el status quorioplatense, donde cada país se recluye en sí mismo, “cada uno en su casa”, proyectándose hacia afuera al mundo transatlántico metropolitano, como agro-exportadores, por separado. Así, domina en nuestros países la frontera oceánica sobre la frontera americana, que parece quedar atrás. Los países se deslindan claramente.

Uno de los resultados de la Independencia fue el comienzo de la configuración de un nuevo tipo de Estado constitucional liberal. Esto vincula tanto a las repúblicas de origen español como a la monarquía constitucional brasileña, pues todos tienen como modelo principal la Constitución de Cádiz de 1812 (incluso Portugal). Será luego un largo proceso de democratización, que culminará en nuestros días.

Nuestro rumbo del MERCOSUR

El siglo XX será felizmente pacífico en la Cuenca del Plata, salvo el conflicto por el Chaco (1932-35) entre Paraguay y Bolivia. Una serie de antecedentes van jalonando el proceso que ahora culmina en el Mercosur. Vale mencionar algunos hechos significativos. Ante todo, el intento del ABC (La Argentina, Brasil y Chile) planteado por el barón del Río Branco y el presidente Roque Sáenz Peña en 1910. Luego el Tratado de la Cuenca del Plata (la Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay) de 1941. Más cerca, los intentos de generar un nuevo ABC de los presidentes Vargas, Perón e Ibáñez. Hubo un segundo Tratado de la Cuenca del Plata en 1969. Y ahora el Mercosur, la experiencia más profunda y ambiciosa, ya en marcha desde el Tratado de Asunción en 1991.

El Mercosur, cuyo corazón es la alianza argentino-brasileña, ha puesto el cauce de un vasto proceso de integración latinoamericana en América del Sur. Lo que Portugal y Castilla no pudieron realizar, se pone en camino ahora no sólo hacia el Mercado Común, sino quizá hacia una gran confederación latinoamericana de América del Sur.

Esta marcha hacia adentro, que impulsa nuestra industrialización y la revolución científico-tecnológica contemporánea, pone otra vez en movimiento, ahora solidario, a nuestras fronteras interiores americanas, lo más profundo de nuestros pueblos. Ahora, nuestras dos fronteras, la americana y la oceánica, se potenciarán mutuamente a través del Mercosur en expansión. Habrá por cierto que superar grandes dificultades. Pues si bien no todo lo difícil es importante, todo lo importante es difícil. Es la tarea de nuestro futuro y el grandioso horizonte de las nuevas generaciones. La Hispania del origen, ahora se recrea y moderniza en nuestra tierra mestiza americana, abierta a todos los entendimientos de la Ecúmene Mundial.

*Historiador revisionista, oriundo del Uruguay, y fallecido en 2009 a los 80 años. El artículo fue compilado por Gabriel O. Turone y divulgado por Francisco Pestanha. Su publicación original fue en la revista Archivos del Presente, Año 1, Número 3, del verano 1995/96.

Fuente: No me olvides

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