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El costo de los arriendos y las convenciones de la física han sido revolucionados en la provincia de Córdoba. Háganos caso: deje todo, compre macetas, busque latas de dulce de batata, y todo tacho que donde pueda meter un poco de tierra y alquílelo. Una montaña de guita asegurada.

Por Pablo Casals

En Argentina estamos sobrados de excelencia en todos los campos del saber, sean estos académico-técnico, teológico-religioso, popular-pagano, e incluso el encriptado (ese que manejas las logias secretas y misteriosas). Y ahora, en el primer cuarto del siglo XXI, los argentos le tiramos el chico a la miércoles a todo el mundo: hicimos que la unidad de medida kilo, varíe sus propiedades por la inflación. Generaciones y generaciones de alquimistas, físicos, gurúes intentaron desafíos mucho más pequeños y fracasaron. Sin embargo, nosotros los argentinos, en la provincia de Córdoba, lo hemos logrado.

Cuenta la leyenda criolla, en esa provincia allá por el año 2021, el arriendo de una hectárea se pautaba en quintales de soja. Para los que no están familiarizados con la jerga, el arriendo es el alquiler de parcelas de campo para ponerlas a producir, sea con cultivos o animales; y el quintal es una unidad de medida adaptada con el tiempo a la equivalencia de 100 kilos, o 0,10 toneladas.

Entonces, según sean los términos del contrato de arriendo, el equivalente en dinero se paga en mercadería o en dinero. En Córdoba hay varias regiones y no todas tienen el mismo rendimiento por hectárea. Es decir, aunque se plante lo mismo en un terreno de iguales dimensiones, hay zonas donde la tierra da más que en otras.

Según las estadísticas de los últimos años, el promedio de rendimiento por hectárea para la soja ronda los 32 quintales (qq/ha); o sea, 3,2 toneladas. Durante la temporada pasada el promedio cordobés para la hectárea de arriendo era de 11 quintales por hectárea. Un 35% de la producción, aunque se habla de que en algunas regiones termina siendo mayor el porcentaje.

Algo probable si la campaña no es regular. Supongamos que se arrienda una parcela para soja con un promedio de 32 qq/ha; pero la falta de lluvias afectó el 20% de mi cultivo. Entonces en lugar de obtener 32 qq y de los cuales fuera del arriendo me quedarían 21; con la merma por lluvias voy a obtener 25,5 qq/ha. Si a esto le resto el arriendo de 11 qq/ha, me quedan en la mano 14,5. Es decir, entre alquiler y sequía, se fue el 64,7% de la producción por hectárea. A eso, hay que descontar todos los demás costos que tiene la producción: semillas, agroquímicos, contratistas, fletes, jornales; y los impuestos nacionales, provinciales y municipales.

Todavía no llegamos al fenómeno que se dio por estos días. Pero ya con lo dicho, lloverán especialistas, abnegados, ofendidos. Pero los números dicen cosas y es bueno aproximarse. Sin pasar al nuevo ejemplo, y tomando como referencia el precio de grano por tonelada FAS a marzo de 2022 era de U$S 455 aproximadamente. Si una tonelada en promedio da 3.2 toneladas, implica en dinero U$S 1.456 por hectárea de facturación total. De allí, al final del camino, pagará aproximadamente U$S 510 de impuestos. Previamente pagó el arriendo, que son otros 500 dólares; y también pagó otros costos ya mencionados, que estímelos en otros U$S 350 por hectárea. Reste ahora a la facturación final, los costos, el arriendo y los impuestos; y verá que al productor le quedarán en la mano U$S 150. El 10% de ganancia.

¿Qué es lo que está mal? Que a marzo de 2022, el costo del arriendo estaba en el triple de lo razonable. De allí que el negocio agropecuario sea la renta que obtiene el propietario que no trabaja, por un lado; y la multinacional exportadora que concentra para sí misma, la cadena de flete, acopio y maniobra.

Ahora sí, pasamos al “fenómeno”. En sólo 8 meses, los propietarios del campo cordobés lograron inflacionar la tierra conservando la misma cantidad de metros cuadrados. ¿Cómo es eso? No sabemos.

De lo que sí hay “evidencia” avalada por el Estado y el mercado, es que aquello por lo cual se cobraba 11 quintales de promedio hace menos de un año, ahora vale 12 quintales. Y con el agravante que, por la sequía, los campos no van a rendir en promedio 32 qq/ha, sino 27 de promedio. ¿Y a cuando está la soja? Y hoy el FAS a U$S 350, pero todavía no se comenzó a sembrar. Se estima que no superará los valores de marzo de este año.

Es decir, el productor obtendrá un margen menor por hectárea; el propietario de la tierra un margen mayor; y la exportadora mantendrá los niveles de concentración actuales.

Además, la presión sobre los precios internos de todas las cadenas -y fundamentalmente las alimenticias y energéticas – tenderán a subir. Eso indica que en relación, las cosas estarán en el mejor de los pronósticos como lo estuvieron a lo largo de este año, pero sin mundial y con elecciones.

Fuente: SAGyPN / INDEC / BCC

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