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ASEA y la Fundación Mediterránea dieron a conocer la semana pasada un informe sobre el estado de situación de las micro, pequeñas y medianas empresas en Argentina. Más allá de las fuentes hay datos que corroboran el retroceso de la matriz industrial y el aumento del desempleo y la precariedad laboral.

Redacción

Ante la ocasión del “Día Internacional de la Pequeña y Mediana Empresa” transcurrido el pasado 27 de junio, uno de los centros de estudios con clara visón neoliberal – o liberal conservadora, como más les guste -, publicó un informe sobre la situación de las Micro, Pequeñas y Medianas Empresas (MiPyME) en el país.

Lógicamente, aún no coincidiendo ideológicamente o incluso sin poder comprobar la veracidad de los datos, viene bien como fuente a partir de la explicitación de una serie de datos que la estadística oficial sobre el tema, no explicita y mucho menos especifica.

Así, la Fundación, a través del IERAL PyME, y en el marco del lanzamiento de la campaña “#MasEmpresas” por parte de la Asociación de Emprendedores de Argentina (ASEA), señaló que además de que no se genera empleo neto desde hace 15 años en las PyMEs, existen “asimetrías territoriales”.

A través de ASEA, se manifestó que el 80% de las MiPyMEs se concentran en CABA, Provincia de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba. Asimismo, destacan que a nivel nacional existen 11 MiPyMEs por cada mil habitantes. Sin embargo, provincias como Formosa y Santiago del Estero tienen 4 y 5 empresas cada mil habitantes, Córdoba y Santa Fe tienen 13 y 14.

Un dato que publican aunque es difícil de corroborar, es que desde 2019 a 2022, se perdieron 12.000 pequeñas empresas, o bien que dichas unidades económicas, perdieron es estándar de empresas para pasar a ser monotributistas. Según IERAL PyME en ese lapso, se dieron de alta un promedio de 1.700 monotributistas semanales, al tiempo que se daban de baja 320 MiPyMEs al mes.

Los argumentos que expone el informe son que los costos desde cumplimiento para un monotributante son significativamente menores que para un trabajador o titular autónomo. Este dato es verás, aunque no necesariamente implica que toda la masa de autónomos y personal contratado, se haya volcado al régimen del Monotributo.

Como era esperable, la Fundación repite sus argumentos de norma como propuesta para revertir la situación: “simplificación de trámites, el acceso al financiamiento, la generación de incentivos y facilidades para la contratación de empleados, la baja de impuestos y la facilitación de exportaciones”. Es decir, mayor desregulación e incertidumbre para el micro, pequeño y mediano empresario, máxime si estos no están insertos por su actividad en una cadena de valor industrial, donde cada eslabón es vector de valor agregado.

Cabe decir que la mayoría de las MiPyMEs en cuestión consisten en la elaboración de bienes finales o prestación de servicios. Por lo tanto, dependen para el desarrollo de su actividad, de la capacidad de consumo de la población en donde están insertas.

Por último, un dato más que cierra una conclusión preliminar. No son de extrañar la descripción, el diagnóstico y las propuestas del IERAL. Tampoco se puede certificar la veracidad total de los datos expuestos.

Sin embargo, el informe es útil para sumar panorama: el trabajo industrial, vehículo de valor agregado y multiplicador de la demanda de empleo, está en franco retroceso en Argentina. La debilidad del sector fabricante de bienes intermedios – insumos para las industrias terminales -, se erige como uno de los factores fundamentales de los niveles de desempleo, informalidad y subocupación que asolan al país desde principios de la década del ’80.

Fuente: Agenda PyME / IERAL

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