El petróleo gaucho: cereza del postre colonial argentino

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Tras la declaración de principios liberales pro-coloniales de parte del Gobierno Nacional, los anuncios sobre la construcción del nuevo puerto petrolero en Río Negro ya son viejos. Sin embargo, se confirmaron una serie de medidas que se venían gestando desde fines de 2020 con Chile, de cara a la consolidación del corredor bioceánico de la patagonia norte. La era del petróleo gaucho está naciendo.

Por Pablo Casals

Vamos a repetir rápidamente dos conceptos que han formado parte de nuestra mirada editorial desde el principio: por un lado, Argentina no es un país petrolero sino que posee recursos hidrocarburíferos para el propio abastecimiento de sus industrias derivadas y los usos que le presta la población del país a dichos recursos. Por otro lado, nos parece perfecta la construcción de gasoductos y oleoductos que atraviesen el territorio nacional, siempre y cuando ambos tengan como destino unir los pozos de explotación con refinerías y plantas gasíferas que se aboquen a – valga la redundancia – el propio abastecimiento de sus industrias derivadas y los usos que le presta la población del país a los hidrocarburos.

Suponemos que a esta altura, la mayoría de los lectores están enterados de los anuncios realizados por YPF la semana pasada, respecto de construir un oleoducto desde Vaca Muerta (Neuquén) hasta Sierra Grande (Río Negro), de cara a la exportación de crudo allende los mares. La actividad ya tiene dos epicentros que están situados en Bahía Blanca (Buenos Aires) y en Comodoro Rivadavia (Chubut), pero el nuevo enclave promete superar ampliamente la infraestructura instalada de sus predecesores.

Mientras tanto, desde Chile se confirmó otra noticia que Chasqui Federal viene anunciando desde que Aranguren era Ministro de Energía durante el gobierno de Mauricio Macri: la conclusión del Oleoducto Trasandino, que unirá Vaca Muerta (Neuquén, Argentina) con Concepción (Bio Bio, Chile). La obra permitirá concluir el denominado Corredor Bioceánico Patagonia Norte, por lo cual las operadoras petroleras en el yacimiento argentino, tendrán la opción de exportar crudo hacia el Atlántico y hacia el Pacífico.

Boya Franca

Antes de seguir, debemos recordar un pequeño detalle ocurrido a fines del año pasado. Mediante el acuerdo casi unánime de parlamento rionegrino, el Poder Ejecutivo de esa provincia y Presidencia de la Nación, se determinó que Sierra Grande se convertiría en Zona Franca, con el objeto de transformarse en uno de los polos de desarrollo de esa región del país. Y ya se sabe qué sucede cuando una porción del territorio adquiere características aduaneras especiales: se constituye una canaleta de libre importación de productos manufacturados y libre exportación de materias primas y recursos estratégicos sin valor agregado.

Asimismo, las que deciden qué sucede y qué no dentro de esas zonas, son las empresas concesionarias y prestadoras de servicios. Hasta acá, en ninguna de las 17 áreas bajo ese régimen aduanero establecidas en el país, ninguna de dichas firmas ha actuado separada de las grandes cadenas logísticas globales, o incluso son sellos subsidiarios de las cadenas de valor internacional de las industrias agropecuarias, químicas, automotrices y de electrónica y telecomunicaciones.

Ningún indicio por lo tanto, nos lleva a pensar que esta vez será diferente. De hecho, la obra que impulsa YPF, no se contradice con el proyecto de “Hidrógeno Verde” que se instalará en la región de manos de capitales australianos, a través de una multinacional cuya cara visible es el ex-jugador de rugby, Agustín Pichot.

El caño hacia el Atlántico

Lo que sigue, ha salido publicado en casi todos los medios de tirada masiva. A partir de una reunión de las autoridades de YPF con legisladores rionegrinos, trascendieron los detalles de la obra y, ya que estaban todos se colgaron del anuncio. Debe recordarse – o contarse para quién no está al tanto de los cuentos de pago chico -, que el otrora Frente para la Victoria rionegrino – hoy Frente de Todos – ya había propuesto avanzar en la política de instalación de zonas francas en el territorio provincial, y su abanderada era la ex intendenta de San Carlos de Bariloche, María Eugenia Martini.

La hoy legisladora y presidente de la banca opositora en el parlamento rionegrino, saludo especialmente el proyecto del oleoducto. No hay que enojarse con la señora por haberlo hecho. Es propio del liberalismo colonial saludar, fomentar y consolidar proyectos de exportación masiva de recursos naturales, vía empresas extranjeras; y dichas políticas son alentadas por el Ejecutivo Nacional para todo el territorio.

Los datos del anuncio fueron más o menos los siguientes, aunque con el correr de los meses abundarán mayores precisiones (o confusiones). El presidente de YPF, Pablo González, explicó que el oleoducto desde Vaca Muerta a Punta Colorada (Sierra Grande), implicará inversiones por más de 1.200 millones de dólares. La obra consistirá en unir la explotación petrolera en Neuquén con ese puerto rionegrino para el embarque de la producción mediante monoboyas offshore ubicadas a unos 6.7 kilómetros de la costa.

A través de Punta Colorada, se podrá despachar un buque cada cinco días con capacidad para 390 mil metros cúbicos. Se dispondrán unos 20 tanques de reserva en unas 250 hectáreas costeras. En cuanto a las obras, se estarían iniciando las gestiones de compra y fabricación de materiales, mientras que para marzo del año próximo se prevé el comienzo del primer tramo entre Vaca Muerta y Allen, y en simultáneo se iniciarán los trabajos de movimiento de suelo en la zona de Punta Colorada. La finalización de las obras y su puesta en marcha se anuncia para 2025.

El ducto transportaría 60.000 metros cúbicos por día; un equivalente a 372.000 barriles de crudo, y se extenderá a lo largo de 700 kilómetros, de los cuales 635 serán en territorio rionegrino. La obra al mismo tiempo, será mayor que la que une el yacimiento con Puerto Rosales (Bahía Blanca): el sistema de Oleoductos del Valle (Oldelval) transporta unos 36.000 metros cúbicos/día.

Los argumentos esgrimidos por las autoridades de YPF, fueron que la capacidad de transporte actual de crudo, tanto hacia el puerto Rosales en Bahía Blanca como al mercado interno se encuentra al límite de las posibilidades y que, en función de las proyección de extracción, se hace indispensable buscar nuevas alternativas para la exportación complementarias a la puesta en funcionamiento -prevista para el año que viene- del Oleoducto Transandino después de dos décadas de parálisis.

La cosa es que el proyecto va para adelante. Resta esperar que la Legislatura rionegrina termine – por “el bien de la democracia” – de reventar parte de la normativa construida durante décadas en materia ambiental…

[Nota del Editor: vale decir, muy atinada en términos de conservación, control y prospección de las condiciones ambientales; aunque un tanto exagerada de cara a poder obtener los insumos minerales e hidrocarburíferos necesarios para la industrialización del país y la provincia. O sea: ideas que más bien han sido escritas por encargo de alguna metrópoli imperial]

… que autorice la operatoria de empresas de hidrocarburos en el Golfo San Matías.

Desde YPF, ya se avisó que no hay miras de construir refinerías y petroquímicas que le agreguen valor a la materia prima y disminuyan exponencialmente el precio interno del combustible y derivados del petróleo y afines (servicios públicos, generación de energía eléctrica, gas natural, etc); sino que van a exportar a mansalva de acuerdo a la conducción internacional de la cadena de valor energética liberal-conservadora-estadounidense, de la cual el Frente de Todos es tributaria.

Así, la petrolera pseudo-estatal, considera que Argentina cuenta “con un mercado nacional que actualmente no solo está satisfecho, sino que ya tiene excedentes que se exportan […] y que este crecimiento en ciernes, marca que el país podría estar en ocho años en condiciones de exportar cerca de 500.000 barriles de petróleo por día, un nivel para el cual las actuales instalaciones portuaria y el oleoducto a Chile que se apura reactivar, no serían suficientes».

El caño pal’ Pacífico

Desde Chile, llega la información de que la empresa de propiedad estatal ENAP acordó con YPF el desarrollo de proyectos en forma conjunta en la zona de Vaca Muerta, y la rehabilitación del Oleoducto Trasandino para permitir la exportación de crudo hacia Chile y otros mercados internacionales.

Desde el país hermano confirman que las conversaciones – anunciadas por este medio en octubre de 2021 – »empezaron hace más de un año». Las mismas implicarán la construcción en el lado argentino del oleoducto Vaca Muerta Norte, que conectará a los principales yacimientos de la zona petrolera con la cabecera del Oleoducto Trasandino. Cabe recordar que este ducto internacional paralizado desde 2007, posee una extensión de 425 kilómetros, y conecta los yacimientos de la zona petrolera con el Puerto de San Vicente, en Concepción. El nuevo tendido del oleoducto Vaca Muerta Norte será desarrollado por YPF, y conectará los yacimientos La Amarga Chica y Puesto Hernández, distantes a 151 kilómetros, para empalmar con el recuperado ducto binacional.

El objetivo de ambas empresas y ambas naciones, es que la producción de crudo de la Cuenca Neuquina fluya hacia el Pacífico y que Chile tenga acceso a dichos volúmenes en sus refinerías. Además, permitiría a las empresas explotadoras de la cuenca contar con una salida hacia el Pacífico. Uno de los principales funcionarios de YPF fue claro en sus definiciones: “la alianza con ENAP le otorga al crudo de Vaca Muerta una flexibilidad única en el mundo ya que le permitirá a YPF comercializarlo en cualquier región geográfica del planeta en forma competitiva, utilizando las salidas por el Atlántico o el Pacífico”,afirmó Pablo Iuliano.

Suponemos que no hace falta aclarar más por el momento.

En fin…. liberales…

Fuentes. YPF / ENAP / Legislatura de Río Negro

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