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Las voces del sector, afirman que no hay antecedentes de semejante genocidio productivo en tan poco tiempo.

Redacción

La fruticultura en Argentina está conducida por un oligopolio de no más de una decena de firmas, que integran verticalmente en la Patagonia Norte, la actividad del sector en todos sus eslabones. Literalmente, desde planta a la mesa de una comadre de Finlandia.

Según cuentan algunos baqueanos de la pera, la manzana y la cereza; de aquel vergel en permanente crecimiento entre la década del ’60 y mediados de la siguiente, hoy queda menos del 10% en funcionamiento en cuento a cantidad de productores, en prácticamente la misma superficie de producción. Aseguran además que el modelo de concentración comenzó a ser evidente a mediados de la década del ’80, y que al momento no han hecho más que agrandarse.

Un diario neuquino afirma que el sistema frutícola del Valle de Río Negro y Neuquén registró en 2023, la suma de 1.564 productores. La cifra refleja una caída del 3% en relación a la cantidad consolidada en 2022, y un desplome del 40% cuando se toma como referencia el año 2013. En una década, según cifras oficiales, cerca de 1.050 productores tuvieron que dejar la actividad.

CANTIDAD DE PRODUCTORES FRUTÍCOLAS

Según los que datos surgen del Centro Regional Patagonia Norte del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA), da cuenta que la desaparición de los productores es multicausal, pero con particularidades específicas.

Entre los más graves, están la dificultad del productor de establecer y mantener precios sostén y costos. Luego, la imposibilidad de acceder a un crédito para financiar insumos, servicios, o capital de trabajo como ser las mallas de protección de cultivos.

Otro dato que surge de la estadística del SENASA es que sigue aumentando la concentración de las tierras productivas, teniendo en cuenta que la superficie implantada con frutales tampoco encuentra su piso y que las empresas, contrariamente a lo que pasó con los pequeños y medianos productores, ampliaron en muchos casos su superficie para producir.

Durante 2023, unas 533 hectáreas frutícolas dejaron de producir. En el período 2013-2023 se perdieron poco más de 12.200 hectáreas entre peras, manzanas y frutas de carozo en todo el Valle de Río Negro y Neuquén. Esto representa a cerca de 500.000 toneladas de fruta que quedaron fuera del circuito en estos años; equivale a la pérdida de 3.500 trabajadores permanentes, y unos 7.000 trabajadores transitorios; a unas 20.000 cargas de camiones paralizadas, que podrían transitar por la región con este volumen de fruta perdida.

Con la matriz comercial existente a la fecha, más de 90 millones de dólares que dejaron de ingresar a la zona para alimentar el movimiento económico de gran parte de las ciudades de la región. No hay antecedentes de semejante genocidio productivo en tan poco tiempo.

Fuente: SENASA / Más Producción / Archivo

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