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Indolencia Sanitaria. El horror de recurrir al individualismo

En algunas de mis anteriores columnas vengo insistiendo en la ausencia de un enfoque integral sobre el problema del abordaje sanitario de la pandemia, el cual está restringido a una dimensión, la BIO. Por Yago Di Nella

En particular sigo pensando así y ratifico esa idea. Cada día que pasa, es más fácil verlo y más sencillo demostrarlo. Si bien todos aceptan que la Pandemia es fruto de un comportamiento de riesgo, no se modifica la esencia médica del abordaje, sin aceptar que se requiere un abordaje preponderantemente psicosocial y a nivel comunitario.

En cambio, en lo concreto, el problema recibe un enfoque de “sentido común” médico, centrado en ya la sugestión (milenaria tecnología) vía producción de miedos y de rogativa a confiar en el criterio de “la ciencia” (reducida a su mínima expresión bio-consumible), en una población que ya perdió confiabilidad en el poder sugestivo y que ya no tiene más “sentido común”, pues está ante una catástrofe.

La comunidad recibe un enfoque restrictivo que desdeña el conocimiento psicosocial y vincular. Sabe que lo necesita, pero no tolera su presencia. Así, lo que se presume como no abordable (viene a ser el comportamiento de la masa social), en realidad es por desconocimiento de quienes lo sustentan, no por otra razón. Si se le pregunta, decía mi maestro, a quien no sabe tocar la guitarra y es un ser omnipotente, dirá que la guitarra no sirve, sin reparar en su ignorancia sobre el instrumento. Carga su desconocimiento en la herramienta. Y se preserva como ser sapiente. Eso hace el Modelo Médico Hegemónico en estos días. Dice que no se puede hacer otra cosa, y culpa a les adolescentes por su comportamiento de riesgo. Y culpa a los padres por no controlarles. Dicen que la guitarra no sirve. Pero me he adelantado, hay un suceder anterior en el que me quiero detener.

La mayor prueba de esa omnipotencia ignorante fue el recurso desesperado (y abandónico, a mi entender) del Estado cargando en la población el manejo de la Pandemia. Hablamos una simultaneidad paradojal entre de un tibio discurso de Estado de Bienestar y un sistema social predominantemente “de Mercado” que adjudica a la población la responsabilidad ante la Pandemia. ¿Qué se puede esperar de eso?

El ideario de un Estado donde “la Salud es más importante de que la Economía”, duró hasta que se renunció al ASPO. Fue a inicios de julio de 2020. Ese ideario simplemente sanitarista (Carrilliano) murió el día que se trastocó la responsabilidad plena de la gestión del proceso pandémico (que es una catástrofe social sin precedentes) hacia el individuo medio. Este sujeto es ahora el responsable de la gestión de la Pandemia. Más neoliberal no se consigue.

Sostenemos aquí lo inverso. Esa responsabilidad, la del cuidado de la Salud de la población es indelegable. Sólo se la puede delegar desde LA INDOLENCIA. Recurriendo a la responsabilidad individual como único resorte sanitario, se renuncia al Estado de Bienestar. Mucho menos aún puede hablarse de un Estado garante de derechos, algo que está presente sin grises en la Constitución Nacional, tl como expongo en el artículo que sigue a estas líneas de introducción.

En el marco de una sociedad acechada por el individualismo burgués en tiempos de neoliberalismo globalizado, nada bueno podía salir de ese indolente acto de cargar las tintas sobre la población. Esta visión restrictiva y sesgada está sobredeterminada por la historia de la salud como política pública en Argentina, y parece desconocer la definición misma de SALUD como un proceso integral y público que tiene por eje central al Estado. De ahí también el hartazgo y el cansancio extremo de los equipos de salud. En efecto, se sienten abandonados a su suerte.

Hay una serie de mitos propios de lo que llamo el neoliberalismo médico sanitario que suponen legítimo hacer uso del mecanismo de responsabilización hacia el sujeto, en lo atinente a la gestión social de la Pandemia. Algunos de esos mitos son:

  • El eje de la transmisión es un virus (no personas)
  • La salud (su promoción y cuidado) es un hecho individual (no colectivo)
  • El individuo sabe como cuidarse.
  • El individuo es libre para cuidarse.
  • El individuo puede aprender con facilidad como defenderse de la Pandemia.
  • El individuo tiene los resortes mínimos (infraestructurales, materiales, vinclulares, intelectuales y emocionales) para su autocuidado.

El mejor ejemplo de esta carga mitológica sobre quienes no tienen cómo afrontar esos supuestos de “Sin-sentido común” es el tema de la culpabilización de los adolescentes y jóvenes. El Estado sostiene (mueran los que mueran) el proceso económico de la temporada de verano y culpa a quienes no les delega ninguna otra responsabilidad (económica, civil y política), de lo que ocurra en los sitios de veraneo. Evidentemente, todo lo que pueda salir mal de eso, saldrá.

La salud mental está absolutamente fuera de todo abordaje. No tiene la más mínima expresión en esa estrategia. He dicho un poco en sorna en mis redes sociales que cualquier profesional de la psicología hubiera dicho con suma facilidad que no funcionaría la responsabilidad individual en los pibes que veranearan en grupos. Un recién recibido o una recién egresada, lo sabe.

La juventud no tiene cómo hacer para reemplazar la responsabilidad sanitaria esencial, que es del Estado. Y es in-de-le-ga-ble.

Comparto con ustedes un recorte de un texto, escrito en 2010 y que aparecerá en pocas semanas en el libro Inclusión Mental 2: “Hacia una democratización de los saberes en el campo de la salud mental”. En ese texto, el cual surge de clases dictadas durante 2009 y 2010, expongo por qué no se incluye lo mental en las políticas sanitarias y ensayo un raconto de alguna de sus consecuencias. Insisto, es un pensamiento hilvanado en 2010. Lamento mucho ver que sea tan actual.

Se los comparto, es un par de parágrafos del capítulo 2 del libro mencionado y se llama “EL ENFOQUE DE DERECHOS EN LO MENTAL DE LA SALUD (COMUNITARIA)” de próxima aparición. 

Acceda aquí:210114 Yago – Doc Adjunto Indolencia SanitariaDescarga

Fuente: Apostillas sobre Control social y Derechos Humanos

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