La montaña de guita que se escapa en el acopio argentino

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La montaña de guita que se escapa en el acopio argentino

Las cifras son insultantes. Además, se sabe que el panorama real podría ser dada la endeblez de los datos oficiales. Las diez firmas más grandes suman más de 225 millones de dólares al año, sólo en almacenamiento, sin contar servicios, ventas y prestaciones complementarias al productor.

Redacción

Las imprecisiones entre cuántas toneladas de cereales y oleaginosas se producen en el país, es un aspecto de la actividad agropecuaria que goza de buenísima salud. Una cosa son las estadísticas y prospecciones del sector privado, y otras las del sector público. Lógicamente, en términos periodísticos lo más confiable en cuanto a fuentes es el guarismo estatal. Hay una responsabilidad institucional y no sólo mercantil atrás del dato. Sin embargo, cuando leemos los informes, observamos que el Estado con frecuencia utiliza fuentes privadas para construir sus datos oficiales.

En fin…. El Instituto Nacional de tecnología Agropecuaria (INTA), en un informe publicado previo a la pandemia, hablaba de un promedio de 125 millones de toneladas granos por año. Pronosticaba asimismo que en la próxima década, ese número iba a incrementarse en un 10 a 20 %.

Tomando proporciones y prospecciones, podemos decir que de cara a la campaña 2022-2023, es probable que se alcancen las 150 millones de toneladas de granos. Veremos cómo se comporta la sequía.

Ahora bien; ¿dónde meten esa mercadería? Según INTA y la – hoy- Secretaría de Agricultura de la Nación, el sistema argentino de poscosecha de granos comprende unos 4.150 centro de acopio de diversas magnitudes, con una capacidad de almacenamiento agregada de aproximadamente 71 millones de toneladas. Estas plantas se dividen entre comerciales y cooperativas de locación urbana y suburbana en un 54%; las instalaciones montadas en el campo (22%); las plantas asociadas directamente a la industria y elaboración de subproductos (17%); y un 7% en instalaciones de acopio portuarias.

Oficialmente, se admite una brecha de almacenamiento en silobolsas que rondaría para la campaña que viene en cerca de 80 millones de toneladas. Es decir, casi más de la mitad de los granos cosechados va a parar a la bolsa. Imposible controlar nada, ni siquiera en términos relativos. Un desastre por dónde se lo mire.

Por otra parte, el rubro del acopio es un actor clave en el circuito de comercialización. En algún momento, sea por almacenamiento, por traspile, por reacondicionamiento o por el recorrido para industrialización o exportación, el grano pasa por un silo de acopio.

Los volúmenes de carga que manejan anualmente los más grandes son abrumadores. Por ejemplo, la Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA), acopia y comercializa entre 25 y 30 millones de toneladas de granos por año; el 40% del acopio y un porcentaje mayor si se tiene en cuenta la permanente circulación de la carga.

Como se sugirió, a demás de la estadía y eventual acondicionamiento; las empresas acopiadoras prestan otros servicios asociados a la actividad agropecuaria: semillas, fertilizantes y agroinsumos, combustible, fletes, créditos, secado, fumigación, zaranda por cuerpos extraños y compensación por merma volátil.

Entre los principales actores del sector, según datos oficiales y privados, además de la mencionada ACA, se encuentran: Cargill; COFCO; CAFA; Aceitera General Deheza (AGD); SAMSA-Viterra (Ex Glencore Grains y con participación en Lartirigoyen); Louis Dreyfus Commodities; Bunge; Lartirigoyen y Cía (también consignatarios de hacienda); y los Los Grobo por mencionar solamente a los diez más grandes del sector.

Entre ellas, concentran más de 65 millones de toneladas. Si todo lo movilizado fuera soja, al costo promedio del servio a la fecha, esta decena de firmas facturarían anualmente, un suma estimada en 45.500 millones de pesos (U$S 227,5 millones más IVA según cotización especial para la oleaginosa).

Es decir, un tercio por año del equivalente al último préstamo solicitado al BID, que dejará condicionado al país durante la próxima década. Además sumemos la facturación que se escapa en el silo bolsa.

Una montaña de guita

Fuente: SAGyPN / INTA

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