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El superministro casi presidente, Sergio Massa, dejó entrever que está evaluando sacarle a la industria textil, las medidas que la protegen del régimen de importaciones, a causa de la desmesurada suba de precios del rubro en lo que va del año.

Por Pablo Casals

Durante la tarde ayer algún colega lo mencionó: reabrir las importaciones para “disciplinar” a los sectores que se abusan de posiciones dominantes o favorables dentro del mercado interno. Es una de las medidas macroeconómicas que marcan ciertos manuales liberales; y que a su vez llevó adelante Fernando Henrique Cardoso cuando aplicó en Brasil en denominado “Plan Real” a mediados de la década del ’90.

El mundo felicitó a Cardoso. El mundo liberal. Porque los sectores con posición y escala de producción que le permitieran participar del mercado mundial o de abastecimiento pleno del mercado interno, saludó aquél plan. Sin embargo, para los complejos de escala local-regional dentro del país, o aquellos sectores que quedaban a merced de las importaciones sufrieron el embate. De hecho, las consecuencias negativas, fueron base de campaña para la primera presidencia de Lula Da Silva allá por 2002.

Bien… El superministro casi presidente, quiere aplicar la misma fusta en Argentina y va a empezar con los textiles. La verdad, es que si el primer rebencazo de este tipo se lo pegara a los mandamases del acero (flia. Rocca), o a las petroleras, o a las exportadoras de granos; casi casi que lo estaría apoyando y felicitando.: “¡Al fin un tiro para el lado de la justicia!”

Pero no; se la agarró con los textiles. Hay algo que es cierto: los muchachos se pasaron un poco de horno “recomponiendo” los precios. Pero, el argumento del superministro y de Tombolini – el Secretario de Comercio – , es que los aumentos duplican la tasa de inflación. Según INDEC, los incrementos acumulan un 110% en lo que va del año.

Los textiles se defienden – y también tienen una parte de razón-. Una gran porción de los insumos de la industria son importados. En la cadena sucede lo de toda la vida. Una gran parte de la materia prima se produce en Argentina. Pero ésta se exporta y vuelva manufacturada en forma de carretel, plancha, bobina, tintura o pegamento. Si bien la mayoría de estos insumos podrían fabricarse aquí, la situación actual es que deben importarse.

Las importaciones se pagan en dólares. Y el dólar aumentó un buen toco en lo que va del año; más los costos energéticos, combustibles, locaciones, etc, etc. Y también las paritarias (aunque se ellas no debe haber quejas; el laburante debe cobrar como corresponde).

Por lo tanto, hay una especie de empate. O mejor, una situación de acción-reacción desde la industria textil hacia las medidas gubernamentales y viceversa.

La cosa es que hay un lío ahora: porque en lugar de salir del laberinto pegando el salto, el Gobierno escalaría el conflicto abriendo las importaciones del sector nuevamente. Es decir, no se resuelve el problema, ni se conduce el proceso, y encima parece una afrenta de compadritos.

No nos vamos a meter en el detalle que ponen sobre la mesa los empresarios, respecto del contrabando textil (obviamente no registrado por Aduana, AFIP, etc) que existe y en gran cantidad. Tampoco con los cuestionamientos hacia las mediciones oficiales de INDEC (“relevan las ventas y precios de los shoppings, donde la mayoría proviene de la importación”).

Así, el superministro repite el esquema de resolución de conflictos: corre a fustazos a la industria textil con la apertura de importaciones, de la misma manera que lo hizo con los neumáticos. No arregla los problemas, gana tiempo, y re-acomoda sensibles equilibrios de precios y cuotas de poder en los mercados.

Como no son sectores determinantes dentro de lo global de la balanza de comercial, tiene margen para el zafarrancho.

Y no hay que amargarse querido lector: Massa no comprende que son sectores que dan trabajo al pueblo. El laburante común y silvestre no exporta ni importa nada por si mismo. Cobra el sueldo y lo quema acá adentro. No vive como Massa, o como cualquiera de la cúpula del arco político.

La cosa es que el superministro casi presidente, les dio plazo hasta el 26 para que los textiles acomoden la chata, y le presenten un esquema de evolución de precios por debajo de la inflación. Veremos que hacen los muchachos. Pero como medida de gobierno, es de tiro corto; queda rabona. Como la de Cardoso.

¿Salvo que se quiera favorecer a cierto sector de pedigre liberal? Pero esas son cosas mías. No quiero pasar por «desestabilizante».

Fuente: INDEC / MEcoN

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