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Algo mencionamos la semana pasada, pero se va aclarando por los propios movimientos del mercado, la nueva configuración del panorama ganadero, las exportaciones del rubro y el consumo interno.

Redacción

Positivo para el argentino que exporta y negativo para el argentino que come. El sector ganadero nacional está recalculando la nueva situación política en el país y accionando para recomponer ganancias y posicionarse ante el mercado externo en detrimento del consumo nacional.

Las voces de la cadena ganadera admiten que entre los problemas de la sequía, la liquidación excesiva del cabezas y principalmente de hembras, más el deterioro del consumo interno y la caída de los precios internacionales, la tasa de rentabilidad está en caída.

Supone que la situación, más allá de algunas mejoras coyunturales, continuará hasta bien entrado el 2025. Pero que dado lo restringida que será la oferta a partir de nuestro periodo estival estiman una buena mejora de precios para marzo.

La expectativa está puesta en que Milei cumpla con los compromisos de campaña: eliminación de todas las restricciones al comercio internacional, incluyendo cuotas, retenciones, permisos y autorizaciones, y el famoso “cepo cambiario”.

El daño de la sequía fue importante sobre el rodeo nacional. En 2023la cantidad de terneros logrados disminuyó en 1,5 millones de cabezas. Además, hubo un sobre faenamiento de animales durante la primera parte del año, lo que derivará en menor disponibilidad el año que viene. Asimismo, el número de hembras (futuras madres) fue elevadamente significativo, por lo cual son menos vientres disponibles para 2024, 2025, e indefectiblemente menos cabezas entrando a 2026.

A menos que la menor cantidad de cabezas se trate de compensar con el aumento de kilos por animal faenado – que tampoco se llega al óptimo porque financieramente es difícil aguantarlas en campo o corral -, estas mermas harán descender el stock de carne, aumentar su precio en el mercado interno, y si se vehiculiza la exportación según lo deseado, los niveles de precios se equipararán a los de afuera. En criollo: el consumo per cápita descenderá entre 6 y 10 kilos anuales porque los precios en mostrador estarán imposibles.

Para colmo, la expectativa del sector no es la mejor. Hablan de repunte de inflación, devaluaciones “reales”, poca oferta y retención ganadera – es decir, no habrá suficientes envíos al mercado -. Mientras tanto, la semana pasada, el precio del kilo vivo se sinceró: en Cañuelas superó los $ 1.000.

Por lo demás, se apuesta a que se abra el mercado externo. Es probable que con la caída de la restricción de exportaciones de los famosos “siete cortes” y el acomodamiento del dólar, la oferta exportable se amplíe y la demanda externa aumente. La limitación vence el próximo 31 de diciembre.

Allí se espera que se libere la venta externa de asado con o sin hueso, falda, matambre, tapa de asado, nalga, paleta, y vacío. Con ella, vendría una recuperación de precios y tasa de ganancia.

Esperan por otro lado que los consumidores internos “busquen” otras carnes, tal como sucede generalmente con el pollo. Sucede que producir carne aviar también esta complicado, dada la suma de los insumos básicos a partir de los dólares específicos para la soja y el maíz, que son parte de los componentes del balanceado.

En fin…. Todo es un disparate.

Fuente: ROSGAN / Mercado de Cañuelas / SENASA / FIFRA

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