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Sin Ofensa ni temor 47: Aquella “carrera espacial” argenta

Columna destinada a mover la cabeza. Si temes hacerlo, no la leas. Quién puede lo más, puede lo menos. Argentina ha demostrado eso a lo largo de las décadas; estando a la altura de las circunstancias sin envidiar en absoluto a las grandes potencias tecnológicas. Así fue con la “carrera espacial” y la investigación y desarrollo nacional en materia de cohetería y propulsores. Toda un tradición tecnológica que tras la última dictadura cívico-militar y la década del ’90 – con Acuerdos de Madrid incluidos – se vieron interrumpidos, abortados, descartados y que hoy lentamente busca recuperarse. Nuevamente hemos recatado una vieja entrevista publicada en la revista Siete Días* en febrero de 1971, donde se refleja el tema. Disfrútenla

El Editor Federal

En tanto los Estados Unidos y la Unión Soviética desarrollan nuevas técnicas y disponen de más recursos para la investigación espacial, otros países se aplican a la consigna de acelerar su progreso en el campo de la cohetería meteorológica y de la ciencia astronáutica. La Argentina, entre ellos, avanzó promisoriamente en el curso de los años 60 y estableció las bases para que esa labor fuera doblemente productiva en la presente década. Siete Días encomendó al doctor en ciencias físico-matemáticas Horacio E. Bosch la tarea de trazar un balance de la actividad cumplida, así como también la de estimar qué lugar ocupa la Argentina en el concierto de países dedicados a la investigación del espacio. Además, cuáles son, a su juicio, los pasos a seguir, las fórmulas para superar el actual estancamiento
El autor de esta nota, doctor Horacio E. Bosch, se licenció en Física, en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Buenos Aires, en 1952. Becado por el gobierno francés y por la Comisión Nacional de Energía Atómica, trabajó en el Institut du Radium, en París, bajo la dirección de Irene Joliot-Curie, entre 1952 y 1954. Allí obtuvo el diploma superior de Ciencias Físicas. A fines de ese año, otra vez en la Argentina, se doctoró en ciencias físico-matemáticas en la Universidad de Buenos Aires, y emprendió la carrera de investigador en el Consejo Nacional de Energía Atómica, hasta 1958. Entonces, becado por el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, viajó a Berkeley, California, para actuar en el Laboratorio de Radiaciones dé esa Universidad, integrando un grupo dirigido por el premio Nobel Gleen Seaborg. En 1960 inició actividades como profesor titular del Departamento de Física de la Universidad Nacional de La Plata. En 1963 creó el Laboratorio de Radiaciones dependiente de la Fuerza Aérea Argentina, del cual es director. En esa época inició sus tareas de investigación espacial, siendo hoy uno de los programadores de lanzamientos de cohetes y globos. En 1970 se incorporó como profesor titular de Física Nuclear en el Departamento de Física de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Buenos Aires. El año pasado obtuvo el premio nacional de Ciencias, un galardón acordado por el Ministerio de Cultura y Educación. El doctor Bosch es porteño y tiene 43 años; casado y con cuatro hijas.
Puesta en órbita terrestre de satélites, cápsulas tripuladas y, finalmente, el arribo del hombre a la Luna: todo ello ha ocurrido prácticamente en diez años y su realización ha recaído en los países más poderosos. Esto debe entenderse en el más amplio sentido: poderosos por su riqueza, por su industria, por su ciencia y tecnología y por sus hombres, quienes han sabido concebir y realizar tales proezas, las cuales han permitido una vez más tener plena confianza en el género humano. No hay duda de que estos acontecimientos han sido espectaculares y producto de un extraordinario esfuerzo económico y humano, realizable gracias a la infraestructura preexistente.
Mirando a otros lugares del mundo y en particular a nuestro país, el hombre de la calle puede hacerse estas sencillas preguntas: ¿Qué han hecho los países menos poderosos en materia espacial? ¿Vale la pena ocuparse de ella? ¿Qué es más importante y a qué se debe dar prioridad? ¿Qué lugar en el orden de las prioridades debe ocupar la investigación espacial? Dentro de ella ¿qué es necesario o conveniente estudiar? ¿Tiene sentido enviar animales y hombres al espacio?
Pero lo que quizá no conozca en detalle es la multitud de esfuerzos concurrentes necesarios para realizar una pequeña tarea, intrascendente dentro de la vida cotidiana. Y mucho menos pueden imaginarse el esfuerzo y sacrificios necesarios para llevar a cabo una obra que pueda tener un significado real y trascendente para el país.

LA NECESIDAD DE INVESTIGACIÓN

Una de las primeras preguntas que corresponde hacerse al gobierno, a los organismos estatales, a los científicos y al pueblo en general es: ¿Hay que hacer investigación espacial en la Argentina? La respuesta debe ser afirmativa. Por supuesto que habrá muchas personas de diferente nivel cultural que dirán decididamente «no». Vivimos en un mundo tremendamente dinámico, sometido a una violenta evolución cultural, científica y tecnológica. Cada vez es más necesario y hasta vital que nuestro país entre sincrónicamente en esa evolución con los demás países: es imperativo seguir la evolución con los demás países que tienen un grado de atraso elevado y que enfrentan una serie de problemas de orden económico y social mucho más severos que los nuestros.
Si se está de acuerdo con que la Argentina debe participar sincrónicamente con la evolución de los demás países, es preciso mirar alrededor y observar si éstos han iniciado una política espacial y en qué grado de evolución se encuentran. Una breve inspección nos pone ante una sorprendente realidad: Brasil se ha perfilado como líder y ha tenido y tendrá un desarrollo singular en este campo; la India y Japón ya han asentado bases firmes en materia espacial. No cabe ninguna duda de que si la Argentina pretende conservar su prestigio y su lugar en el mundo, y en particular en Sudamérica, debe entrar en sincronismo con los países señalados; y ese sincronismo involucra también a las investigaciones espaciales.
Existe otra razón, quizá por tradición, que hace imperiosa la necesidad de que la Argentina se realice en este campo. Nuestro país tiene una tradición de arrojo, de decisión, de aventura, de actitud desafiante. Entre muchos ejemplos se puede mencionar la creación; de la Fábrica Militar de Aviones, hace más de cuarenta años, cuando recién la aviación comenzaba a tener envergadura en el mundo; dentro del ambiente aeronáutico cabe mencionar la creación del Instituto Aerotécnico, hoy Instituto de Investigaciones Aeronáuticas y Espaciales, y la actitud de visión de futuro que implicó incorporar en su seno, hace más de veinte años, a una docena de científicos de nivel internacional, trasformándolo en el instituto de investigaciones de mayor jerarquía en el país, adelantándose así a lo que ocurriría diez años más tarde en las universidades.
Es preciso que la Argentina no pierda esa clase de impulsos creativos, audaces y de proyección de futuro. Si bien estas iniciativas fueron prácticamente individuales y aisladas, han sido las que han cimentado nuestro actual grado de desarrollo científico y tecnológico. No obstante, en el presente hay que tener ¡mucho cuidado de no ahogar iniciativas similares so pretexto de una mejor racionalización, pues ellas contribuirán a la consolidación de realizaciones importantes en un futuro mediato.
Evidentemente, el campo espacial es el que más se presta para inducir iniciativas creadoras y audaces; es preciso que se den las condiciones para canalizarlas y desarrollarlas armónicamente. Entre estas iniciativas se destaca la producción de cohetes nacionales. Hace unos pocos años, en el Instituto de Investigaciones Aeronáuticas y Espaciales surgió la idea, acunada por un puñado de hombres, de fabricar escalonadamente una serie de cohetes. Los primeros podían trasportarse al hombro; diez años después está en ejecución un cohete de una tonelada, de ocho metros de longitud y que llegará a una altura de 500 kilómetros. Este es un ejemplo típico de cómo las ideas audaces pueden prosperar y tener una trascendencia significativa en todos los órdenes. Como conclusión de lo expresado se desprende la necesidad de tomar la decisión de que la Argentina, fiel a su tradición, impulse la actividad espacial.

LO QUE CORRESPONDE REALIZAR

Sentada ya la necesidad de realizar investigaciones espaciales, cabe la segunda pregunta: ¿Qué puede hacer nuestro país? ¿Enviar hombres al espacio o realizar investigaciones básicas, aplicadas y tecnológicas? No cabe duda de que debemos hacer lo segundo. Si bien hay que canalizar las ideas audaces y de proyección, se debe tener en cuenta si son realizables y si el país está capacitado para llevarlas a cabo.
Enviar hombres al espacio no lo podemos hacer, por ser demasiado costoso y no poder aprovechar esa posibilidad en el grado que corresponde. Sólo nos queda como opción realizar investigaciones científicas y tecnológicas dentro de un marco de costos parecido al de otros países en similar estado de desarrollo.
Ahora cabe la tercera pregunta: ¿Qué puede hacer el país en investigaciones científicas y tecnológicas espaciales? Un hombre de la Edad Media diría que lo único a estudiar son el Sol, la atmósfera y la Tierra, por ser éstos los elementos que permiten la vida en el mundo. Un hombre de la década del 70 dirá que hay que elaborar un plan que tenga en cuenta muchas disciplinas interrelacionadas, y que si bien el estudio del Sol es importante, no debe ser considerado como lo más importante. ¿Qué se requiere, pues, para realizar investigaciones en la actualidad? Primero, un personal capacitado en todos los aniveles: científicos, tecnólogos y alumnos universitarios. Segundo, laboratorios equipados con instrumentos básicos y especiales para que el personal desarrolle sus trabajos y materialice sus ideas. Tercero, vehículos que puedan llevar instrumentos al tope de la atmósfera y del espacio exterior. Cuarto, una institución que desarrolle vehículos y proyecte otros nuevos. Quinto, una infraestructura que permita preparar las experiencias y lanzar los vehículos. Estas son las piedras fundamentales para elaborar una experiencia y llevarla a cabo. Pero aparte se requiere el apoyo de otra serie de disciplinas: laboratorios, talleres, computadoras electrónicas, estaciones de rastreo, estaciones meteorológicas, comunicaciones, apoyo aéreo y terrestre, industrias subsidiarias que provean los elementos y materiales, etc. Estudiar un determinado evento en el espacio implica un despliegue enorme de personal, concentración de científicos, técnicos, utilización de laboratorios, equipos, instrumentos e industrias. Esta actividad es netamente dinámica: se vive en un permanente cambio de ideas, de preparación y capacitación profesional, de renovación de equipos, de nuevos procesos industriales, nuevos vehículos espaciales, etcétera.

HASTA HOY EN LA ARGENTINA

Puede decirse que la era espacial comenzó en la Argentina a principios de la década del 60. La institución madre capaz de emprender una nueva línea de acción concreta era en ese entonces el Instituto de Investigaciones Aeronáuticas y Espaciales, que había realizado una extensa labor en materia aeronáutica y contaba con una gran infraestructura. Faltaba la institución promotora, que incentivara a investigadores y técnicos a dedicarse a esta ‘nueva disciplina y a promover su capacitación y creación de laboratorios en distintos lugares del país. Siguiendo la tradición argentina de tomar iniciativas audaces y de proyección, la Fuerza Aérea creó en el año 1960 la Comisión Nacional de Investigaciones Espaciales, al mismo tiempo que Japón, la India y Brasil, entre otros, comenzaban también su incursión en esta actividad. Se inició así, en 1960„ la carrera espacial en la Argentina sobre las bases sustentadas por instituciones de la Fuerza Aérea.

COHETERÍA

Al Instituto de Investigaciones Aeronáuticas y Espaciales le cupo en su primera instancia la tarea de desarrollar cohetes. El primer fruto importante ha sido el Gamma Centauro, de dos etapas. Su longitud total es un poco mayor que la de un ser humano: 2,43 metros. Tiene un diámetro; de 13 centímetros y un peso de 31 kilos. En su ojiva se colocaron en varias oportunidades instrumentos de medición para diferentes experiencias, las que se citarán más adelante. Este cohete se utilizó desde el año 1964 hasta 1966. Desde esta fecha empezó a operar el segundo cohete importante diseñado por el IIAE: el Orion II, de una etapa. Su longitud es de 3,77 metros y su diámetro de 20 centímetros. Puede alcanzar una altura superior a los 100 kilómetros y ha sido utilizado desde 1966 hasta el presente en numerosas experiencias científicas. Posteriormente el IIAE ha diseñado el cohete Canopus II, también de una etapa. Tiene una longitud de 4,67 metros y un diámetro de casi 28 centímetros. La altura a la cual llega portando instrumentos de 50 kilos es aproximadamente de 100 kilómetros.
De la experiencia obtenida mediante el diseño y uso de estos cohetes, el IIAE se encuentra actualmente en condiciones de realizar el diseño y desarrollo de cohetes de mayor envergadura, que se estima llegan a 300 y 500 kilómetros. El cohete Rigel de dos etapas, que tiene una altura de 6,23 metros y 340 kilos de peso, es prácticamente operativo. El segundo cohete de envergadura que ha encarado el IIAE es el Castor. Se lo ha concebido como de dos etapas: la primera es un racimo de cuatro cohetes Canopus II, y la segunda un cohete Canopus II. Este complejo pesa más de una tonelada y tiene una altura de casi 8 metros.

BASES DE LANZAMIENTO

Aparte de los cohetes, es preciso hacer referencia a las bases de lanzamiento, que son un complemento indispensable para las actividades espaciales. El primer intento de trasformar una antigua base aérea en base de lanzamiento de cohetes fue realizado en El Chamical, La Rioja. La Fuerza Aérea ha desarrollado allí un Centro Experimental de Lanzamiento de Proyectiles Autopropulsados (CELPA), el cual ha sido utilizado desde 1963 hasta el presente como prácticamente la única base equipada para lanzamiento de cohetes. Desde el año 1968 se ha iniciado la construcción de una gran base de lanzamiento dependiente de la Fuerza Aérea, llamada CELPA Atlántico, en Mar Chiquita, provincia de Buenos Aires. Ya se han realizado allí algunos lanzamientos importantes de cohetes, sin estar todavía completamente implementada.

LABORATORIOS

Todo el proceso completo de construcción de instrumentos, construcción del cohete, lanzamiento, trasmisión de datos, reducción de información, se traduce finalmente en un papel donde se vuelcan dichos datos y se los interpreta. Es el único documento que queda detrás de la columna de humo del cohete y de los millones de pesos invertidos en la realización integral de la experiencia, que dura unos pocos minutos. Esto no debe alarmar, no debe creerse que los millones de pesos invertidos tienen como único resultado un papel publicado en alguna revista, que finalmente va a formar parte de la pila de publicaciones que integra los archivos de la NASA o de otras instituciones.
Hay resultados muy importantes que demuestran el comportamiento de la naturaleza y contribuyen en forma trascendental a su conocimiento. Existe otro tipo de resultados que no tiene la trascendencia de los anteriores, que no muestran nuevos hallazgos y que no contribuyen en forma espectacular al conocimiento del cosmos. Aunque se obtenga este tipo de resultado, que es muy común no sólo en nuestro país sino también en el resto del mundo, no hay que pensar que se han gastado millones de pesos inútilmente. Hay otras consecuencias tan importantes como los resultados más espectaculares, que es la contribución de esos millones a consolidar los laboratorios que han programado la experiencia y están en condiciones de entrar en el sincronismo del cual se ha hablado al principio. Esta tercera infraestructura, que no se ve en un lanzamiento, es, sin lugar a dudas, uno de los elementos más valiosos y lo que determina entre otras cosas el grado de adelanto de un país. Todas las experiencias contribuyen sustancialmente al enriquecimiento patrimonial e intelectual de dichos laboratorios, aunque los resultados obtenidos no tengan una mayor trascendencia. Es este punto el que debe ser muy bien entendido por los administradores que otorgan el dinero y por el hombre de la calle que ve estupefacto quemar en pocos segundos un capital al cual él ha contribuido en parte. Los que realizamos investigaciones de este tipo tenemos el deber de explicar al hombre de la calle que ese capital no sólo tiene por objeto encender un cohete: lo más trascendente de su contribución estriba en la sustentación de los laboratorios que forman la reserva potencial del desarrollo científico y tecnológico del país.
Sobre este punto es preciso detenerse y hacer un análisis exhaustivo sobre la importancia de mantener y reforzar estos laboratorios, independientemente de la orgánica general administrativa y de su racionalización, es menester considerar a estos laboratorios como células motoras. Poseer un grupo de investigadores capaces, con conocimientos actualizados en diferentes disciplinas y equipado con instrumental moderno suficiente, es la base para que se pueda entrar en un sincronismo con la evolución de otros países en diversos campos. Para entender lo que se hace afuera y para aprovechar los adelantos allí realizados es preciso tener la capacidad de poder entender y poder aprovechar. Y ello sólo es posible si existe un grupo de investigadores y técnicos dedicados a la tarea de la investigación. No interesa mayormente el tema; lo que interesa es la capacidad de poder entender cualquier otro tema y de poder estar a la par en poco tiempo en un determinado tema con otros países. Se requiere de la investigación como entrenamiento, como ejercicio diario para mantener la capacidad realizadora y creadora de estas células.
Cuando una institución en particular requiera la solución del problema específico de una determinada área, estas células estarán en condiciones de encararlo en forma eficiente y resolverlo integralmente. De no existir esta unidad motora entrenada, los problemas particulares no podrán resolverse en el momento, pues se requerirán varios años para capacitar investigadores y técnicos y equipar a nuevos laboratorios para encarar esos problemas. Estas células motoras son las únicas capaces de realizar una verdadera trasferencia del conocimiento científico y tecnológico general a un problema específico particular.
Es menester estar en permanente contacto con la ciencia básica, pues es la verdadera fuente de los conocimientos, los cuales son aplicados en distintas formas para resolver diversos problemas. Es por esta razón que hay que mantener y no escatimar esfuerzos para lograr que estos laboratorios puedan realizarse a sí mismos, pues serán ellos los que darán las soluciones a muchos de los problemas que hoy afligen a nuestra sociedad. Puede el hombre de la calle estar seguro y satisfecho al mismo tiempo, que la mejor manera de que el Estado invierta su contribución tributaria es en el mantenimiento y promoción de laboratorios de investigación, independientemente de su especialidad.
Los laboratorios argentinos involucrados en las actividades espaciales y que han contribuido sustancialmente en las experiencias realizadas en el país son:
•Instituto de Investigaciones Aeronáuticas y Espaciales, con sus laboratorios de Radiaciones, Aerodinámica, Propulsión, Computación y Servomecanismos y Electrónica.
•Laboratorio de Radiación Cósmica del Instituto de Física de la Universidad Nacional de Tucumán.
•Centro Nacional de Radiación Cósmica dependiente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas.
•Departamento de Aeronáutica de la Universidad Nacional de La Plata.
•Departamento de Ingeniería Eléctrica y Electrónica de la Universidad Nacional de Tucumán.
•Instituto de Matemática, Astronomía y Física de la Universidad Nacional de Córdoba.
•Observatorio Astronómico de la Universidad Nacional de Cuyo.

EXPERIENCIAS REALIZADAS CON COHETES

El tipo de experiencias realizadas con cohetes en la década de 1960-70 involucra un aspecto muy particular de la investigación, pues sólo se han tenido en cuenta cuatro campos: las radiaciones, la ionosfera, los vientos en la alta atmósfera y la meteorología.
Estudio de radiaciones. Se han desarrollado cargas útiles o sea sistemas de instrumentos para la detección de rayos X, electrones y protones en el tope de la atmósfera. Se emplearon cohetes Gamma Centauro, Orion II, Rigel y un cohete francés: el Dragón. En este aspecto se han llevado a cabo los siguientes operativos importantes:
-Operativo Matienzo: En el mes de febrero de 1965 se lanzaron en la Antártida Argentina (base Matienzo) cohetes Gamma Centauro con cargas útiles construidas en el IIAE, con el objeto de detectar radiaciones en esa región, a una altura de 30 kilómetros. El entrenamiento previo de personal y dispositivos para el lanzamiento se llevó a cabo en Puente del Inca, en julio de 1964.
-Operativo Orión-Eclipse: El 12 de noviembre de 1966 se llevó a cabo un, operativo relacionado con el eclipse total de Sol, ocurrido, entre otras ciudades del país, en Tartagal, Salta. A ese efecto el IIAE preparó las correspondientes cargas útiles y lanzó tres cohetes Orion II, antes, durante y después del eclipse, a efectos de observar variaciones del espectro de neutrones que eventualmente emitiría el Sol.
-Operativo Orion – Radiaciones 1968-1969: El operativo Orión-Radiaciones 1968 fue llevado a cabo en enero de 1968 por dos instituciones, el IIAE y el Laboratorio de Radiación Cósmica de la Universidad de Tucumán. Se lanzaron dos cohetes Orion II para detectar radiación X. El operativo Orión-Radiaciones 1969-fue realizado por el Centro Nacional de Radiación Cósmica, también para medir rayos X.
-Operativo Dragón: En marzo de 1970 fue realizado un operativo importante mediante el lanzamiento de un cohete francés Dragón, para el estudio de protones en la alta atmósfera. El operativo estuvo a cargo del Laboratorio de Radiación Cósmica de la Universidad de Tucumán.
-Operativo Rigel 1970: El último operativo llevado a cabo fue el de la prueba del cohete; Rigel con carga útil preparada por el Centro Nacional de Radiación Cósmica.

Estudio de vientos. El estudio de vientos en la alta atmósfera fue realizado mediante la utilización de nubes artificiales formadas por sodio vaporizado, eyectado a diferentes alturas por medio de un cohete. Desde distintos lugares se obtuvieron fotos de los diferentes desplazamientos de esas nubes artificiales, impulsadas por los vientos.
Desde el año 1962 se ha venido desarrollando una serie de lanzamientos con cohetes franceses Centaure y americanos Nike-Apache. Las experiencias han sido realizadas en colaboración entre el Observatorio de la Universidad de Cuyo y la Comisión de Estudios Espaciales de Francia, con el apoyo logístico del IIAE. Se realizaron varias campañas, desde el año 1962 hasta el año 1967, desde El Chamical, con un total de 16 cohetes lanzados.
Estudios ionosféricos. Desde el año 1964 se desarrollan programas cooperativos entre la NASA y la CNIE para obtener información sobre la ionosfera, desde suelo argentino. Las cargas útiles fueron desarrolladas por miembros del Departamento de Electrónica de la Universidad de Tucumán, que trabajaron en los laboratorios del Goddard Space Flight Center, de la NASA.
Se utilizaron cohetes Nike-Apache y Nike-Cajun como vehículos portadores, con el apoyo logístico del IIAE. Se ha medido en forma sistemática la densidad de iones y electrones en la ionosfera, así como también la temperatura de electrones. Se han realizado diversas campañas que datan del año 1964 hasta el presente.
Estudios meteorológicos. La principal actividad se ha llevado a cabo en el proyecto Exametnet, establecido en 1966 entre los Estados Unidos de América, Brasil y Argentina. Consiste en lanzamientos ¡mensuales y quincenales de cohetes Arcas y Judi-Dat, con cargas útiles para medir velocidades de vientos y temperatura de la atmósfera a diferentes alturas, hasta 70 kilómetros. Se han realizado hasta el presente más de 100 lanzamientos, a cargo del Comando de Material de la Fuerza Aérea. Desde 1968 los lanzamientos se efectúan en la base de Mar Chiquita.

EXPERIENCIAS REALIZADAS CON GLOBOS

Los globos constituyen un vehículo muy apropiado para realizar investigaciones en la alta atmósfera hasta un altura de 40 kilómetros. La gran ventaja que presentan respecto de los cohetes es que pueden portar un instrumental mucho más voluminoso y pesado, ¡al mismo tiempo que se pueden realizar mediciones prolongadas, desde varias horas hasta días.
Las experiencias actuales requieren una gran sofisticación en instrumental para realizar mediciones de precisión, con mecanismos de relojería, con un complicado sistema de comandos y varios aparatos que realizan registros simultáneos. El grado de conocimiento actual es tan avanzado y la información existente es tan voluminosa que ¡para obtener un nuevo dato de cierta trascendencia es preciso realizar un esfuerzo económico y técnico muy grande. Ello induce a tener que adoptar otras políticas y realizar las investigaciones por medio de consorcios que involucran no sólo un conjunto de ¡laboratorios nacionales sino también la participación de entidades extranjeras. Para realizar una investigación de nivel internacional es tan enorme el esfuerzo económico y técnico que es preciso poner en acción que pe torna ¡prácticamente imposible ser llevada a cabo por una única institución nacional.
La investigación espacial realizada en el país tomando globos como vehículos portadores de instrumentos se ha iniciado en el año 1964. Los globos utilizados han sido de algunos metros cúbicos de volumen. Con ellos se han levantado pequeñas góndolas de algunos kilogramos de peso, con instrumental adecuado para detectar rayos X y partículas nucleares cargadas. Las correspondientes cargas útiles han sido diseñadas y construidas en forma separada por el Centro Nacional de Radiación Cósmica y el Laboratorio de Radiación Cósmica de la Universidad de Tucumán.

Operativo Galaxia 1969. Un tema que tiene ¡una gran actualidad por su trascendencia para el conocimiento del cosmos es el de los rayos X emitidos por fuentes galácticas. Su estudio ha tenido un gran auge en la década pasada y se ha realizado una serie de experiencias muy importantes tanto con cohetes como con globos. Ya «en los últimos cinco años se han realizado experiencias muy sofisticadas con instrumental muy complejo, para lo cual ha sido necesario utilizar globos de gran volumen, de varios millones de pies cúbicos, lo que implica que en la alta atmósfera tienen un diámetro de 80-100 metros. Estos globos permiten portar góndolas de más de una tonelada.
Con el propósito de observar una nueva fuente galáctica emisora de rayos X ubicada a unos 30° de latitud sur se ha realizado un consorcio multiinstitucional en el cual participaron como instituciones argentinas la CNIE, el IIAE y el Laboratorio de Radiación Cósmica de la Universidad de Tucumán. Las instituciones norteamericanas eran el Departamento de Ciencias Espaciales de la Rice University, Houston, Texas, y el Centro Nacional de Investigaciones Atmosféricas de la National Science Foundation, Boulder, Colorado.
El operativo, llamado Galaxia 1969, se realizó en la base aérea de Paraná a fines de noviembre de 1969, mediante el lanzamiento de un globo de 6 millones de pies cúbicos, inflado con hidrógeno y portando una carga de 600 kilogramos. Para detectar rayos X se utilizó lo que se llama un telescopio de rayos X, el cual consiste en detectores de gran eficacia que permiten hacer una colimación muy precisa, al mismo tiempo que discriminar perfectamente el tipo de partículas que se desea detectar. El globo navegó a 40 kilómetros de altura durante unas cinco horas y luego un comando eléctrico hizo desprender la góndola, la que cayó con paracaídas y finalmente fue recogida.
En el año 1970 se ha realizado una experiencia similar, con la participación de las mismas instituciones. Esta vez se llevaron a cabo seis lanzamientos de globos de 20 millones de pies cúbicos y se elevaron góndolas de más de una tonelada.

EXPERIENCIAS REALIZADAS DESDE TIERRA

También se han realizado investigaciones espaciales mediante observaciones desde tierra. Este tipo ¡de actividades corresponde, obviamente, a los observatorios. En ellos se efectúan mediciones de las radiaciones emitidas por astros, cometas, planetas y demás objetos cósmicos. Los instrumentos más conocidos son los telescopios ópticos, pero en la actualidad existen otros instrumentos, como los espectrógrafos y telescopios de radiaciones de frecuencia ¡diferente de la de la luz, llamados radiotelescopios. Los observatorios ópticos son los que datan de más antigüedad; entre ellos pueden citarse los de las universidades de Córdoba, Cuyo y La Plata, que han desarrollado una labor pionera en la astronomía del país. Más recientemente, a comienzos de la década pasada, se instaló en el parque Pereyra Iraola —a medio camino entre Buenos Aires y La Plata —un radiotelescopio, bajo los auspicios de la Fundación Carnegie y del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas.
Por otra parte, es de destacar la labor pionera desarrollada por el Laboratorio de Física Cósmica de San Miguel, el cual mediante espectrógrafos y telescopios especiales se ha dedicado fundamentalmente a la observación del Sol y de los fenómenos que ocurren en él. Este observatorio ha pasado a depender de la Comisión Nacional de Estudios Geo Heliofísicos, crear da como organismo dependiente de la Presidencia de Nación.

EL DESAFÍO BRASILEÑO

Cuando se hizo referencia a que era necesario mirar alrededor y observar qué es lo que han hecho los países hermanos en materia espacial, se mencionó que Brasil se ha perfilado como líder en Sudamérica. Es preciso ahora hacer un análisis más profundo de la actividad desarrollada por Brasil y poder colegir que ha tomado realmente el liderazgo.
Brasil ha creado, aproximadamente al mismo tiempo que la Argentina, su Comisión de Actividades Espaciales. A diferencia de nuestro país, Brasil ha centrado su acción creando un gran complejo de investigaciones espaciales en la localidad dé San José dos Campos, a unos 80 kilómetros de San Pablo. Este centro cuenta actualmente con unos 8.000 metros cuadrados, en donde se encuentran las principales instalaciones, auditorio, laboratorios de investigaciones, de electrónica, de proyectos espaciar les, de computación, biblioteca, administración, aulas, estudio de TV, restaurante y motel. Trabajan en esta instalación unas 300 con grado universitario, involucradas en una docena de proyectos, entre los cuales se mencionan brevemente los siguientes:
•Proyecto MATE: para estudiar fenómenos de campo magnético terrestre. Se realiza en colaboración con instituciones norteamericanas y alemanas, mediante registros de variaciones de campo magnético terrestre, con sensores magnéticos colocados en distintos lugares del país.
•Proyecto MIRO: para estudiar la ionosfera entre una altura de 25 y 100 kilómetros, en particular con radar de laser.
•Proyecto TELA: para construir cargas útiles para ser trasportadas con globos, con el objeto de estudiar la radiación cósmica en la región del Atlántico Sur.
•Proyecto SAFO: para investigar la alta atmósfera con cohetes.
•Proyecto RASA, SONA Y BEMA: destinados a investigaciones por medio de radiofrecuencia.

El proyecto más ambicioso y de mayor trascendencia e implicancia es el llamado SACI, que involucra el lanzamiento de un satélite sincrónico para el año 1976. La misión fundamental será la de retrasmitir programas de radio y TV educativos a lo largo de todo Brasil.
Aparte de los proyectos específicos, Brasil desarrolla una intensa actividad de entrenamiento de estudiantes, posgraduados y técnicos. Envía al exterior una masiva cantidad de graduados para obtener el doctorado; mantiene también un intenso intercambio con universidades e instituciones extranjeras. Brinda un apoyo completo a quienes se dedican a esta rama, de la investigación y provee de un mercado abierto para los que se capacitan en el exterior.
Ya fuera del centro de San José dos Santos, la Comisión de Actividades Espaciales ha creado una base de lanzamiento de cohetes en Natal, que es la mejor equipada y más moderna de Sudamérica. Aparte, ha instalado otra base en el sur, en Río Grande,
También es preciso analizar el presupuesto de inversiones, que es el factor decisivo para el progreso. Brasil tiene previsto un presupuesto de 10 a 40 millones de dólares anuales para los próximos años de esta década. Es este el apoyo que permitirá a Brasil, en un tiempo muy corto, ser una verdadera potencia en materia espacial, contando con una infraestructura; sólida, con científicos y técnicos en forma masiva y con proyectos de envergadura. Todo ello configura para Brasil una extraordinaria capacidad de expansión, de magnitud insospechada.

LA REALIDAD Y LAS DUDAS

De la información provista el hombre de la calle puede hacerse esta pregunta: Ante las extraordinarias posibilidades de expansión que tiene Brasil, ¿cuál es el camino a seguir por la Argentina? ¿Está la Argentina en vías de hacer frente a ese desafío? Lamentablemente, el hombre de la calle, tan orgulloso de nuestras posibilidades y de nuestro espíritu de empresa, debe en este caso sufrir una tremenda desilusión, pues las posibilidades de hacer frente al desafío brasileño están desvaneciéndose. Así como promisorios fueron los comienzos de la década del sesenta, resultan desalentadores los comienzos de la década del setenta.
Las instituciones de promoción científica, institutos de investigación y universidades en la Argentina se encuentran en una verdadera bancarrota económica. No hay dinero para pagar sueldos razonables, ni para mantener la operación de los laboratorios, ni para equipamiento, ni para atraer a los científicos argentinos emigrados. Se sufre ahora la consecuencia de la política económica llevada a cabo en los últimos diez años, consistente en la restricción indiscriminada de fondos del sector oficial. La asfixia económica que vive éste en general es llevada a grado extremo en las instituciones que realizan investigaciones.
El presupuesto de la CNIE resulta ridículo comparado con el de la comisión análoga en Brasil; los brasileños disfrutan de un presupuesto cien veces mayor (en 1970, 50 millones de pesos viejos, el equivalente de 5.000 millones). Análogamente ocurre con el presupuesto de los laboratorios: no existe la menor posibilidad de desarrollar trabajos que consuman un capital mínimo. Esa trágica situación es aplicable a la formación de profesionales, la cual se ha desarrollado a una velocidad mínima, muy inferior a la de Brasil.
De continuar la política económica como hasta el presente —es decir, la economía de las postergaciones—, la Argentina está en vías de entrar en una completa e inmediata declinación de su capacidad de investigación científica.
Si realmente el Estado desea que el país vuelva a posiciones de vanguardia, es preciso que vuelque en el sector investigaciones un caudal mucho mayor de dinero que el actual. Sólo en esas condiciones se podrá considerar la posibilidad de ganar en parte el tiempo perdido. Mientras otros países, aún en vías de desarrollo, han realizado un decisivo progreso en la década del sesenta, el nuestro titubea. Lo verdaderamente lamentable es que no estamos en esta situación por falta de cerebros ni de organización, ni por falta de conductores científicos y administrativos, ni por falta de laboratorios, ni de espíritu de trabajo; simplemente, lo que falta es una política económica de apoyo a la investigación, con proyección de futuro.
Hasta ahora, y en particular en los últimos cinco años, el Estado ha seguido una política de inversiones destinadas fundamentalmente a sufragar el déficit espectacular de los ferrocarriles y los déficit de otras empresas estatales y paraestatales. El poco dinero restante fue destinado a la construcción de puentes, caminos y obras como diques y usinas. Lógicamente, la educación, la ciencia y la cultura han esperado en vano: el Estado no tiene más fondos para apoyarlas. Como consecuencia, si se desea que haya un sustancial apoyo a los valores espirituales y culturales, es preciso cambiar el orden de prioridades. El Estado debe tomar la decisión de revertir ese orden, primero satisfaciendo entecamente las necesidades de la educación, la ciencia y la cultura. Y, por supuesto, también tomar la decisión de no soportar estructuras obsoletas y conjurar los déficit de las empresas estatales, pues hasta ahora sólo ha contribuido de esta manera a subvencionar el pasado. De no tomarse estas decisiones, la Argentina tendrá ferrocarriles, acero, puentes, caminos y usinas atómicas, pero le faltará la esencia de su vida, que son los valores espirituales y culturales. Es que el Estado todavía no ha sabido diferenciar entre desarrollo y poder de desarrollo. Hace miles de años los chinos supieron hacer la diferencia, la cual puede resumirse en el siguiente proverbio: «Si hoy me das un pescado, hoy podré comer; pero si me enseñas a pescar, podré comer todos los días».
Hasta ahora el Estado nos ha dado las obras elaboradas por otros, pero no nos ha provisto de la facultad para obtenerlas por nuestros propios medios. Y es este poder de desarrollo lo que impulsará al país a afrontar el desafío espacial.

IDEAS PARA EL FUTURO INMEDIATO

En caso de adoptarse una firme decisión de, soportar las investigaciones, y en particular las investigaciones espaciales, cabe preguntarse cuál es el plan mínimo de acción para el futuro inmediato.
El primer punto a considerar es el establecimiento y la consiguiente operación de una carrera para los investigadores y técnicos que trabajan en esta rama. Prácticamente todas las instituciones estatales afrontan en el presente el gravísimo problema de no poder mantener un conjunto de profesionales y técnicos, y hasta personal administrativo competente. La mayoría de ellos emigra a los países latinoamericanos o a Europa y los Estados Unidos. Es imperioso retener en el país a ese personal, para propender a la estabilidad de las instituciones y a la continuidad de su labor.
Una forma de propender a ello es ofrecerle un salario aceptable y posibilidades de progreso tanto económicas como de trabajo. Hasta ahora el sueldo que percibe cualquier personal dependiente del Estado es simplemente ridículo. Y esta situación es imprescindible solucionarla en forma inmediata. Una vía es a través de la implementación de una carrera. Ello demandaría un presupuesto anual de cinco millones de pesos nuevos.
El segundo punto importante a tener en cuenta es el equipamiento y la operación de los laboratorios. Estos deben equiparse con instrumentos modernos y competitivos con los de otros laboratorios extranjeros. La mayoría de nuestros laboratorios no tiene tal equipamiento y esto constituye una causa de frustración para su personal. Otro problema esencial, que en particular es totalmente dejado de lado en todos los presupuestos, lo constituye la falta de fondos para la operación. Existen en algunos casos grandes edificios con instalaciones costosas, pero no se dispone del menor caudal para mantenerlas. Ello proviene de que el Estado! ¡ha adoptado una política de inversiones que no contempla las inversiones de material no permanente.
Los gastos de operación por laboratorio pueden estimarse en 40 mil pesos nuevos anuales. Esta cifra debe multiplicarse por unos 25 laboratorios, lo que resulta un millón de pesos nuevos anuales. Por otra parte, los gastos de equipamiento deben ser al principio importantes y pueden alcanzar una suma de 10 millones de pesos nuevos anuales, por los primeros tres años.
El tercer aspecto que debe considerarse es la adquisición de una computadora electrónica para fines científicos, con diversas terminales en los laboratorios que se dedican a las investigaciones espaciales. Está de más poner de manifiesto lo imprescindible que resulta una computadora. Actualmente no podría realizarse prácticamente ninguna investigación sin el auxilio de una herramienta como ésta. Los científicos carecen de dicha herramienta y se ven obligados a disminuir fuertemente su capacidad de trabajo por esta razón. Una máquina que satisfaga las necesidades inmediatas de los investigadores cuesta aproximadamente 4 millones de pesos nuevos.
Como cuarto aspecto debe implementarse un amplio programa de formación y capacitación de personal profesional y técnico, mediante becas internas y externas. Este programa puede insumir un millón de pesos nuevos anuales.
En conclusión, si se prevé un plazo de tres años para impulsar la investigación espacial en la Argentina en una primera etapa, el presupuesto requerido es de 45 millones de pesos nuevos, que es aproximadamente el 5 por ciento del monto que demanda al Estado la operación anual de los ferrocarriles. Quiere decir que para fomentar y encauzar las investigaciones espaciales en el país durante los tres primeros años del programa propuesto sólo se requerirá que el Estado trasfiera a este rubro el equivalente del 1,5 por ciento de los fondos destinados al mantenimiento anual de los ferrocarriles. Este es, en esencia, el requerimiento que pondría a la Argentina en una posición de competencia internacional en materia de progreso espacial.

* Nota publicada en la Revista Siete Días (Ilustrados) del 15 de febrero de 1971.

Fuente: Mágicas Ruinas

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