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Entidades privadas relacionadas a la producción y comercio de granos, están divulgando que “estarían evaluando dejar secar” 500 mil hectáreas sembradas con trigo a causa de la sequía. Se se diera finalmente un resultado macabro en materia de rindes, la superficie implicaría un total estimado de 2 millones de toneladas del cereal.

Por Pablo Casals

Un ejemplo de cómo se instalan políticas de producción privadas, sin que haya una voz o actor estatal institucional que les ponga freno. Con el correr de las décadas -y a lo largo de más de un siglo y medio – se ha otorgado potestad para hacer y decir cualquier disparate, e incluso constatar que actos de gobiernos provinciales o nacionales avalan los descalabros privados.

El manejo del suelo como de las aguas, es una de esas cosas que van implícitas dentro de un título de propiedad en Argentina. El propietario de un campo es amo y señor de hacer prácticamente lo que le plazca, si que exista una mínima intervención o límite a sus prácticas de uso y ocupación de su propiedad o parcela en arriendo.

De hecho, la entidades empresarias y sus instituciones reguladoras de mercado, avalan dichas prácticas y las fomentan elaborando informes técnicos que dan sustento y fundamento a las mismas. El Estado, capturado por dictaduras o gobiernos constitucionales liberales desde 1975, sólo imponen sobre este fenómeno, una mirada fiscalista. Es decir, las preocupaciones empiezan y terminan en función del grosos de las bolsa de impuestos a recaudar.

De esta manera, disparate como el que se dejarían secar 500.000 hectáreas sembradas con trigo, porque el escaso régimen de lluvias pondría en riesgo la cosecha, pero fundamentalmente la “inversión” realizada. La Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) analiza en un informe que 80% del trigo sembrado está en malas condiciones o sufre riesgos de estarlo, a causa de las heladas tardías y la falta de agua. El 20% restante estaría entre condiciones muy buenas u óptimas según la entidad.

Luego, las consideraciones van variando en función del punto geográfico que se analice. En la zona centro de la provincia de Buenos Aires, se estima que el 60% del trigo no llegará a la cosecha porque se perderá antes a menos que haya lluvias.

Los rindes estimados en esta situación están a la mitad del cálculo previo y del resultado esperado en función de la “inversión” puesta en campo. Entonces, campos que habrían sido fertilizados para obtener rindes de 40 a 60 quintales por hectárea (4 a 6 tn/ha), estarían arrojando al fin de la campaña entre el 40 y 50% de lo pautado.

Así como quién no quiere la cosa, se dice que hay sectores de productores que estarían evaluando secar esos lotes, y planificar la gruesa, dado que no se alcanzaría recuperar “la fuerte inversión en dólares”.

La sequía que está cundiendo por la zona núcleo es real, de igual manera que ocurrió en campañas anteriores; más allá de que existan regiones comprometidas. Por otra parte, no hay un criterio establecido respecto del precio posible que tendrá el trigo entre diciembre y enero.

Si bien la temporada pasada se dieron cotizaciones records a causa de la guerra entre Rusia y Ucrania, nada asegura que ésta vuelva a repetirse el fenómeno, habida cuenta que entre los acuerdos y negociaciones entre ambos países, se estaría liberando el comercio exterior de granos porque a ambas naciones le conviene. Por lo tanto, el precio del trigo no alcanzaría los valores exorbitantes de enero y febrero de 2022.

Otro factor, es que los insumos en más de un 75% son importados; y por tanto, poseen cotización dólar. De allí que los márgenes sean distintos y leídos en términos desfavorables por un sector del agro y sus empresas asociadas.

Lo que no puede suceder es que se esté disponiendo de medio millón de hectáreas sembradas y se hable de “secarlas”, en un contexto donde el trigo y sus derivados en la alimentación, no paran de aumentar en el mercado interno. Imaginen: 500 mil hectáreas a – promedio hacia abajo – 4 toneladas cada una, implican 2 millones de toneladas que dejarán “secar” en los campos.

Es válido pensar que no pueden hacer eso; pero la regulación disponible para limitar la acción de los tenedores de mercadería no se aplica.

Basta un botón para quién no quiera creerlo: semana a semana aumentan los precios de los alimentos; o al menos escasean, faltan de las góndolas. Cuando el precio se “acomoda”, los estantes vuelven a poblarse. Es decir, los alimentos estaban en depósito prestos a ser sacados a la venta. En ningún caso, y más allá de la sobrada evidencia recabada entre lo meses de abril, mayo y junio pasado, bastaban para aplicar la Ley de Abastecimiento. No se hizo.

¿Puede ser algún amague de los productores y exportadores trigueros, para que le inventen el “dólar trigo”? Claro que puede ser, aunque no podemos afirmarlo. Sin embargo, entendemos que el Gobierno tendría que intervenir sobre el asunto.

¿Cómo van a dejar secar la comida? Es como tener 200 vacas en un campo y como no te gusta el margen, es preferible dejar que se mueran y se pudran al sol antes que venderlas a menor precio y abastecer el mercado de alimentos.

Es un disparate, pero esto es la Argentina que soñaran Mitre, Sarmiento, Roca y Alzogaray. Es la Argentina de liberal, centralista y porteña.

Bien porteña.

Fuente: BCR / Bolsa de Cereales

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