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Tiemblen los Tiranos 39: Mayo es todo los días

Columna que existe para difundir y divulgar hechos y reflexiones sobre la historia, desde una visión, federal, popular y latinoamericana. Mayo es sin lugar a dudas, un mes de significación unánime para los argentino porque se conmemora el inicio del camino hacia la liberación nacional. Los 212 años que nos separan de aquel 1810 y las versiones de la historia que se han construido y difundido hasta aquí, carecen de suficiencia pues todavía no hay criterios unánimes respecto de aquellos hechos. Diferencias que motivaron – y motivan hasta hoy – que una gran parte de los acontecimientos que suceden en el país están en la misma discusión de antaño: liberación o dependencia; unitarismo calificado o federalismo popular; y sociedad de castas o “naides es más que naides”.
El Editor Federal
Dando inicio a nuestra “Semana de Mayo”, volvemos a traer a uno de los historiadores que mejor nos caen en esta Redacción: Norberto Galasso. Más allá de que no siempre se coincida en opiniones, la obra de este autor siempre obliga a pensar y reflexionar ya no tanto en la historia, sino más bien el en presente. Hoy traemos extractos de reportajes y artículos que el investigador publicara en medios nacionales.
En primer lugar, la nota realizada por Daniel Girone para Télam el 25 de mayo de 2020, titulada “La Revolución de Mayo en la Argentina de hoy es el protagonismo popular”. En segundo y tercer lugar, artículos publicados por Galasso en el diario Tiempo Argentino el 3 de marzo de 2013, y el 2 de marzo de 2014, titulados “¿Por qué se ocultan las ideas del verdadero Mariano Moreno?” y “El hombre de Mayo y la redistribución del ingreso” respectivamente.

El Cabildo, la plaza y la Revolución

– Todos sabemos qué se celebra el 25 de Mayo, pero no siempre hay coincidencias sobre qué pasó realmente en mayo de 1810…
– Hay dos interpretaciones principales. La historia mitrista, que es la que se enseña en los colegios, dice que fue un movimiento antiespañol para separar a estas tierras de España y ser independientes. La otra interpretación es la de Juan Bautista Alberdi: el reemplazo del virrey Cisneros por una Junta Popular manteniendo la obediencia a Fernando VII, que en ese momento era el hijo del rey pero que había pasado a posiciones progresistas, influido por la Revolución Francesa. Tanto fue así que la bandera española siguió flameando en el Fuerte y la independencia se declaró recién en 1816. Esto provoca que los chicos le pregunten a sus maestros si la Argentina nació dos veces, en 1810 y 1816.
– ¿Y usted qué respondería a esa pregunta?
– En 1816 se declara la Independencia, 1810 fue un momento de la revolución hispanoamericana, donde en distintas capitales sudamericanas se mantiene una unidad con la revolución española. Después, cuando se cae esta, a partir de 1813-1814, sí se plantea la separación y la independencia de España.
– ¿Quiénes fueron los verdaderos protagonistas de la Revolución de Mayo?
– La revolución la hace un sector de la pequeña burguesía a partir de las ideas de la Revolución Francesa de 1789, que son fundamentalmente Mariano Moreno, Manuel Belgrano y Juan José Castelli, y en la Plaza de Mayo los sectores populares compuestos por intelectuales, políticos y por agitadores como French, Beruti y Donado, que eran los chisperos de la revolución, quienes promovían la presencia del pueblo en la Plaza y la presión a Cisneros para que renuncie. Ellos son los que entran precipitadamente junto a otros revolucionarios, pistola y cuchillo en mano, al primer piso del Cabildo, y le exigen al Virrey la renuncia. Entonces se forma una junta popular que encabeza Saavedra como representante de las Fuerzas Armadas y Moreno como Secretario de Guerra y Secretario de Gobierno, dos tareas fundamentales porque de Moreno nace el Plan de Operaciones, que es el plan de la revolución.
– ¿Qué influencia tienen estos hechos en la lucha por la independencia y la etapa post colonial?
– A partir de 1810 las fuerzas revolucionarias se ven enfrentadas a aquellos que prefieren al Consejo de Regencia de España, que era un giro a la derecha de la revolución española. Montevideo y el Virrey Abascal de Perú luchan contra la revolución. Recién en 1813, cuando vuelve al trono de España Fernando VII y se transforma de nuevo en un absolutista, España envía dos flotas. A su vez, los sectores del puerto de Buenos Aires y dominantes sobre la Aduana se apropian de la revolución en perjuicio de los pueblos interiores, lo que terminará generando una guerra civil. En el Litoral, Artigas aparece como el gran líder con un sentido más social: quiere redistribuir la tierra, otorgar derechos a los esclavos… Junto con Entre Ríos, Santa Fe, la Banda Oriental y lo que hoy es Misiones y Corrientes, en el Congreso de Oriente declaran la independencia en 1815. De hecho estas provincias no participan del Congreso de Tucumán de 1816. Este enfrentamiento va desembocar en las guerras civiles que se dan casi ininterrumpidamente entre 1810 y 1880.
– El General San Martín fue una figura clave en las luchas por la independencia ¿De qué manera impactaron sobre él los hechos de mayo?
– San Martín es un hombre que se ha formado en la España de las Juntas, en la España revolucionaria que nace del movimiento del 2 de mayo de 1808. Participa de logias revolucionarias tratando de llevar a España los ideales de la Revolución Francesa pero a su vez enfrentando a Napoleón, que ha invadido la península. Cuando la España revolucionaria está casi derrotada él comprende que en América se están reproduciendo lo que fueron las Juntas Populares que llevaron a la Junta Central de Sevilla y decide proseguir la lucha acá. Es la revolución hispanoamericana en la que él creía. La Revolución de Mayo coincide con la revolución de agosto en Chile, de septiembre en Bogotá, de 1811 en México y también en la Banda Oriental. Alberdi dice que la Revolución de Mayo es un momento de la revolución hispanoamericana, esta un momento de la Revolución Española y esta, a su vez, un momento de la Revolución Francesa.
– ¿Cómo se interpreta la argentinidad en este contexto?
– Creo que somos un país, la Patria chica, integrando a la Patria grande, que es Latinoamérica. De ahí que algunos de nosotros tengamos alto interés con relación a lo que sucede en Cuba o en Venezuela, y como propios a San Martín, a Hugo Chávez. Latinoamérica sufrió mucha opresión, golpes de Estado, injerencia externa. En algún momento tiene que retornar a una política independiente, como la que pretendemos que tenga este gobierno, con las limitaciones que da el desastre económico que ha recibido al asumir.

El Sabiecito del Sur

La historia de Mariano Moreno –un revolucionario cuya muerte se produjo el 4 de marzo de 1811 – puede darnos las pistas sobre la verdad de estas cuestiones.
Moreno fue el hombre fuerte de la revolución entre mayo y diciembre de 1810 y se planteó la necesidad del crecimiento económico, de la soberanía, de la distribución de la riqueza, y dio respuestas aunque, por supuesto, con categorías diversas a las que utilizamos actualmente. Esas respuestas tienen validez todavía y por ello la Historia mitrista e inclusive el Revisionismo rosista se han preocupado por silenciarlas. Y hoy continuamos discutiendo.
Redescubrir la figura del revolucionario es clave para responder a no pocas preguntas del presente.
En los países que hasta ayer fueron llamados «del Tercer Mundo» y hoy son denominados «emergentes» o «en camino del desarrollo» se polemiza habitualmente sobre varias cuestiones fundamentales: ¿Existe una burguesía nacional? Si ella existe, ¿es capaz de desarrollar un capitalismo autónomo? Si ella no existe, ¿quién asumirá la tarea del crecimiento económico y la integración nacional?
Y también otros, como: si surge un movimiento nacional, ¿debe priorizar las inversiones o el mayor consumo de los sectores sociales postergados? ¿Pero si los gobiernos conservadores le dijeron al pueblo que «se apretase el cinturón», esa burguesía –o ese gobierno que pretende representarla– debería permitirle un mayor consumo y, por tanto, no usar el excedente económico para la inversión? ¿O por el contrario, aumentar la inversión y decirle que ahora también deberá «ajustarse el cinturón»?
Y otros más: ¿Aquellos sectores privilegiados por la naturaleza –sean mineros o agropecuarios– o por el latrocinio deberían restringir sus consumos para emprender las inversiones de base? ¿O tienen derecho a usar esa riqueza para derrocharla y vivir parasitariamente? Asimismo, se discute: ¿El capital extranjero puede cubrir la falta o debilidad de esa burguesía para provocar el desarrollo?
O por el contrario, ¿por cada peso que invierte se lleva tres, deformando las economías y acentuando la miseria? ¿Los dueños del petróleo o de las vacas tienen pleno derecho exclusivo a gozar de sus rentas o, en cambio, son propiedades robadas a los pueblos originarios y pertenecen a la nación?
Cabe también la pregunta: ¿estas polémicas obedecen a meras disidencias teóricas, y en ese caso resultaría absurdo que subsistieran desde 1810, o se trata de intereses económicos contrapuestos y de ahí proviene su permanencia?
Era imprescindible, en aquel entonces, crear fábricas, especialmente de armas, para luchar contra las fuerzas extranjeras: en octubre, una para fabricar fusiles, en Buenos Aires –calles Lavalle y Libertad– a cargo de Juan Francisco Tarragona (que alcanzó más tarde, en 1813, a ocupar a 67 operarios); otra, para fabricar pólvora, inaugurada el 1º de noviembre de 1810 en Córdoba, a cargo de José Arroyo, y otra de fusiles en Tucumán, el 5 de noviembre de 1810, a cargo de Clemente Zabaleta.
Asimismo, mandó explotar salitre en Santiago del Estero, maderas en Santa Fe y Tucumán, cal en Córdoba y yeso en Santa Fe. Y Belgrano aplaudía al secretario de la Junta (carta de Belgrano a Moreno del 13/10/1810).
No existiendo el empresariado capaz de tales empresas, Moreno sostenía: «Se pondrá la máquina del Estado en un orden de industrias… para desarrollar fábricas, artes, ingenios y demás establecimientos, como así en agricultura y navegación». Asimismo, estas medidas se acompañarían con «prohibición absoluta a los particulares para trabajar minas de plata y oro, quedando el arbitrio de beneficiarlas y sacar sus tesoros por cuenta de la Nación» y «quien tal intentase, robará a todos los miembros del Estado por cuanto queda reservado este ramo para adelantamientos de los fondos públicos y bienes de la sociedad».
¿Y con qué capitales, se preguntará el lector? Él contestaba: «Hay que apropiarse de cerca de 500 o 600 millones de pesos pertenecientes a los mineros del Alto Perú. Esto descontentará a cinco o seis mil individuos pero las ventajas habrán de recaer sobre ochenta o cien mil… ¿qué obstáculos deben impedir al gobierno, luego de consolidar el Estado sobre bases fijas y estables, para no adoptar unas providencias que aun cuando parecen duras para una pequeña parte de individuos… aparecen después las ventajas públicas con la fomentación de las fábricas, artes, ingenios y demás establecimientos a favor del Estado y de los individuos que las ocupan en sus trabajos.»
Y de dónde, uno se pregunta, resultaban estas conclusiones. Él mismo lo explica: «Es máxima aprobada que las fortunas agigantadas en pocos individuos, a proporción de lo grande de un Estado, no sólo son perniciosas, sino que sirven de ruina a la sociedad civil, cuando no solamente con su poder absorben el jugo de todos los ramos de un Estado, sino cuando también en nada remedian las grandes necesidades de los infinitos miembros de la sociedad, demostrándose como una reunión de aguas estancadas que no ofrecen otras producciones sino para el terreno que ocupan pero que si corriendo rápidamente su curso bañasen todas las partes de una a otra, no habría un solo individuo que no las disfrutase, sacando la utilidad que le proporcionase la subsistencia política, sin menoscabo y perjuicio.»
Y agrega: «Las medidas enunciadas producirán un continente laborioso, sin necesidad de buscar exteriormente nada de lo que necesita para la conservación de sus habitantes, no hablando de aquellas manufacturas que siendo como un vicio corrompido, son de un lujo excesivo e inútil, que deben evitarse porque son extranjeras y se venden a más oro de lo que pesan.»

Ese ideario estaba contenido en el Plan de Operaciones redactado por Moreno y con participación de Manuel Belgrano. Una teoría para un país “emergente” – o en otro lenguaje, «tercermundistas» o «semicoloniales» – que todavía hoy gira en torno a dos temas de inevitable polémica: dónde y cómo obtener los recursos para la inversión que promueva el crecimiento económico; y cómo corresponde redistribuir el ingreso.
Sobre ambos existen diversas respuestas pero a menudo queda en el olvido que en los orígenes de Mayo se planteó ya la cuestión y que Mariano Moreno dio su opinión al respecto, de una u otra manera avalado por Belgrano cuando reconocía en él «las luces que yo quisiera tener» (carta del 27/9/1810), por San Martín en la construcción del ejército de los Andes en Cuyo (entre 1815 y 1817) y por la política de los López en el Paraguay previo a la Guerra de la Triple Alianza. La respuesta morenista fue derrotada y probablemente residan allí los problemas que todavía afrontamos.
Manuel Belgrano, quien como dijimos probablemente habría colaborado en el plan morenista, sostenía a su vez: «El modo más ventajoso de exportar las producciones superfluas de la tierra, es ponerlas antes en obra, es decir, manufacturarlas. La importación de mercancías que impiden el progreso de sus manufacturas y de su cultivo, lleva tras de sí necesariamente la ruina de la Nación. La importación de mercaderías extranjeras de puro lujo, en cambio de dinero… es una verdadera pérdida para el Estado”.
Delirios, dicen todavía hoy los economistas liberales en los grandes matutinos y canales televisivos.
Sin embargo, vuelvan a recordar lo dicho anteriormente con las fábricas de pólvora y fusiles. Años más tarde, con el mismo criterio, San Martín funda su fábrica militar, a cargo de Fray Luis Beltrán, que llegó a contar con 700 obreros, en Cuyo, y los López, la fundición de Ibicuy, en el Paraguay).
Estas ideas morenistas motivan que tanto la historiografía mitrista, como el revisionismo rosista y «la historia social» de Halperín Donghi oculten el Plan de Operaciones donde Moreno las desarrolla. Explican también por qué French lo apodaba «el sabiecito del Sur» y explican también la muerte de Moreno, en alta mar –con claros indicios de haber sido envenenado– aquel nefasto 4 de marzo de 1811, tras ingerir un medicamento «equivocado» que le dio el capitán de la fragata inglesa en que viajaba a Europa.

Fuente: Pensamiento Discepoleano

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