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Tiemblen los Tiranos 58: Dorrego por Dorrego

Columna que existe para difundir y divulgar hechos y reflexiones sobre la historia, desde una visión, federal, popular y latinoamericana Con motivo de cumplirse – en 2008 – los 180 años del fusilamiento de Dorrego, el historiador Carlos Urquiza Denis publicó un interesante trabajo sobre el ideario del referente federal que vale la pena leer.
El Editor Federal

Las ideas federales de Manuel Dorrego

Manuel Críspulo Bernabé Dorrego (1787-1828) fue electo representante por la provincia de Santiago del Estero en el Congreso General Constituyente, que sancionó la Constitución unitaria de 1826. Se destacó en los debates sobre la forma de gobierno y el derecho al sufragio. Desde el periódico El Tribuno atacó las medidas centralizadoras de Rivadavia, ganando prestigio en las provincias, en donde se lo consideraba uno de los dirigentes más caracterizados del federalismo en Buenos Aires.
A continuación se transcribe la intervención del coronel don Manuel Dorrego en la sesión del 29 de setiembre de 1826, extraída de “Las Asambleas Constituyentes Argentinas”, según recopilación de Emilio Ravignani, Tomo III, página 812:

«Señor: El asunto es tan abundante en sí que lo único que creo será dificultoso, es el coordinar las ideas, y aplicarlas al estado en que nuestra provincia se halla. Yo dejaré al señor Representante, que acaba de hablar, en su molino de viento y en la comparación que ha hecho con él, y pasaré a contestar a algunas u otras razones, que ha indicado para querer probar lo complicado del sistema federal, para fijar después algo más los conceptos que por ahora se le ocurran al que habla. El sistema «Representativo Republicano bajo la forma federal» es débil y complicado, porque así lo ha dicho Wáshington. Y ¿cómo éste votó por él, siendo Presidente de los Estados Unidos?
Esto prueba que él estuvo más bien a los hechos que a lo que se ha indicado. En cuanto a lo que se ha dicho de la actual república de Colombia, yo creo efectivamente que su opinión está pronunciada por el sistema de unidad, puesto que se ha constituido libremente por él a pesar de ciertas vulgaridades que se han anunciado y de haber división a este respecto, y puedo asegurar que son falsas. Tan falso es este hecho como lo que se dijo de que 3 mil hombres salían a Talcahuano; y eran tres mil colombianos, que no siendo necesarios allí, se retiraban a su patria. Pero se ha dicho por el señor preopinante que las facciones que forman las provincias formarían una federación de pueblos dispersos y no más.
Primeramente yo creo que es una equivocación notable decir que bajo el sistema federal, y he aquí todo el error de donde arranca el dictamen de la comisión a juicio del que habla, y diré que las provincias quieren de tal modo el sistema federal que lo quieren bajo la misma clasificación de límites de territorio en que se hallan. Ninguna lo ha dicho más terminantemente que la que represento; dijo que concurriría al cuerpo nacional con tal que no se la quiera sujetar a ninguna otra. Y he aquí el cimiento de arena sobre que la Comisión fija su dictamen, que más bien es una disertación académica que un verdadero convencimiento. Así, pues, era un error decir que las provincias pedían de tal modo, la demarcación en que se hallan que de ningún modo admitirían otro.
He dicho, pues, que la provincia que represento, que es la que cabalmente lo ha dicho el su instrucción, concurriría a la asociación en término que había de ser bajo la condición –sine qua non– de que no se las sujetaría a otra; no ha dicho que concurriría de un modo tal que ella no formaría parte con otra. Esta es la gran equivocación notable. A juicio del que habla, persuadido con conocimientos prácticos, la nación puede constituirse en este orden u otro semejante; y hago esta indicación, no porque sea preciso y necesario que se constituya así, sino como para desvanecer la base en que la Comisión ha fundado su dictamen.
Por ejemplo, la Banda Oriental podría formar un estado. Entre Ríos, Corrientes y Misiones otro, de lo que ya hay un ejemplo, en que mandando al coronel Ramírez formaron una provincia; otro la provincia de Santa Fe con Buenos Aires, bajo tal organización que su capital se fijase en San Nicolás o en el Rosario o en el punto que se considere más céntrico. La de Córdoba tiene todas las aptitudes por su riqueza y todo lo necesario para ser sola; Rioja y Catamarca, otro Estado; la de Santiago del Estero y Tucumán otro; la de Salta se halla en el mismo caso que Córdoba; la de Cuyo otro; y he aquí vencidas todas las dificultades.
¿Se tiene una resistencia de las provincias en este caso? No, señor, porque en este caso ni una tiene dependencia de otra ni se sujeta a otra, sino que entran en igualdad de derechos a formar un Estado, y sería consumar en ellas el –ultimátum– lo del capricho y de la tenacidad el creer que no se sujetasen a tal organización. Dígase ahora si en estas provincias en este Estado hay población y riqueza, e instrucción cual es necesario. Yo digo que sí. Se me había olvidado indicar que el Paraguay se halla en el mismo caso que los de Salta y Córdoba.
¿Cuál es, pues, la gran dificultad? ¿Hay alguna? ¿Han dicho las provincias por medio de sus Representantes, de algún periódico, o por otro medio, que quieren constituirse del modo que se hallan en la actualidad formando un Estado?
No señor; lo que han dicho es base de un sistema federal, que sea compatible con su instrucción, población y demás circunstancias, y esta indicación precisamente lo manifiesta. Cuando se hubiese satisfecho este reparo y se hubiese demostrado que estas provincias no están por esta división u otra semejante, entonces se habría demostrado la incapacidad en que se halla de constituirse bajo la forma federal, y de llevarlo a efecto. Para cuando se me satisfaga me reservo a hablar, y haré ver que las provincias se hallan en la aptitud necesaria para organizarse bajo la forma federal.
Pasaré ahora a los tres argumentos que sé hacen de ilustración, población y riqueza. En cuanto el ramo de ilustración es lo que en mi juicio conforma con la opinión de la provincia que represento, y es lo que me ha decidido por el sistema federal; una de las razones que se han indicado de la conveniencia que tenemos en que Bolivia quedase en el uso de sus derechos es ésta: la ilustración de Bolivia no es comparable, después de la salida del dominio Español, con estas provincias; luego formando una masa de ella, tendrían que contramarchar las nuestras en el sistema de unidad.
Mañana se incorporará el Paraguay, y aquí hay una masa general que tiene que contramarchar o dar un salto imposible al Paraguay. Aplíquese el mismo caso a Corrientes y a Misiones, porque la ilustración de Corrientes es mucho mayor que la de Misiones; pero no se podrá decir que es igual a la de Buenos Aires o Córdoba.
¿Cuál, es pues, el único remedio? El sistema federal; porque v. gr. Buenos Aires tiene ilustración y una experiencia práctica con el roce y trato que le proporciona su posición con los extranjeros, ha adoptado la tolerancia de cultos como cosa ventajosa al país; ¿pero la admitiría la de Córdoba?; y he aquí cómo en esta provincia el sistema federal obra según su ilustración, y las ventajas que consiga serán en proporción a su ilustración, y para que cada provincia conozca las ventajas y se ilustre, es que se debe dejar que cada una en su órbita se coloque en la situación y capacidad que tiene, sin que a ninguna se la obligue, oponiéndole las trabas a contramarchar ni a depender de otra.
Es preciso observar que cada una debe arreglarse a la capacidad que tenga para dirigirse. Y yo pregunto: ¿Es tanta la diferencia y multiplicación que hay de empleados que se necesite de esa ilustración en el grado que se pretende para el desempeño de los destinos públicos? Yo creo que es muy poca la diferencia que hay de una a otra provincias.
Señor, gastos para estas legislaturas; primero: las legislaturas, siendo dentro del territorio de las provincias, se hallan en igual caso que la de Buenos Aires, que los miembros de ellas no tuvieron sueldo alguno para servir este destino, sino que lo observan por honor, mirando este cargo como una carga concejil. ¿Cuál es, pues, la multiplicación de gastos?
En cuanto a la capacidad y aptitud de sus habitantes, yo encuentro que en esos pueblos hay hombres con tanta capacidad y aptitud como los que se pueden encontrar aquí, y aunque no en tanto número, esto es lo general, porque yo lo he observado muy de cerca habiendo transitado por ellos; y me he sorprendido al observar que hay mas ilustración que la que se creía. Además de que para la organización y arreglo interior de cada provincia lo que se necesita es un conocimiento práctico y un deseo de mejorar, y éste es más nato, y es más propio de los vecinos y naturales de aquel lugar, y de aquellos cuya permanencia está allí arraigada, que de otros que tengan que venir de fuera.
¿Dónde, pues, está este obstáculo de la falta de ilustración? Yo no sé cómo se pueda demostrar. Insistiendo más sobre la materia ¿qué es lo que buscamos? Que el país se ilustre lo más breve posible. ¿Y cuál es el medio más fácil de conseguir esto?; la ilustración práctica, que se adquiere en el ejercicio de esos empleos públicos, que son como escala para venir en la misma clase y línea a desempeñar en la reunión de la federación empleos de igual naturaleza, pero que requieren mayor contingente de luces y capacidad.
Pasemos a la falta de población. Señor: los cantones suizos yo no sé que población ni qué ilustración tenían cuando se declararon independientes; estoy por decir, según lo que he leído, que era menos que la nuestra; primero, porque en aquella época en que ellos se declararon independientes las luces eran bastantes escasas; segundo, porque la clase de un pueblo puramente pastor, no le podía proporcionar sino conocimientos muy escasos.
En cuanto a los Estados Unidos de América, donde hay una extensión inmensa de territorio, que tomaba desde el Atlántico hasta el Pacífico 800 a 900 leguas, en ese territorio ¿qué población tenían en aquella época en que se declararon independientes? Menos de tres millones; ¿y qué población era ésta? Yo creo que la población debe considerarse respectiva al lugar; ¿qué ha sucedido?; lo que era natural: que siendo el medio más fácil para aumentar su población una marcha que guarda consonancia con los principios de sus naturales, hoy asciende su población a once millones.
¿Qué población tenían las Floridas cuando entraron en poder de los Estados Unidos por el gobierno español?: una población pequeña como de 15 mil habitantes; ¿Y esta población de qué era compuesta?; por lo general de algunos españoles pescadores y castas; y esto ha obligado a los Estados Unidos a hacer que la Indiana y otros territorios, posteriormente compongan estados independientes unos de otros, pasando actualmente de veinte. ¿Y ha sido óbice el ser poblaciones pequeñas para que los Estados Unidos hayan hecho esto? No señor; todo lo contrario; desde el momento que los Estados Unidos han encontrado un territorio regular capaz de declararlo Estado, ya lo declaró tal.
Mas entre nosotros todo al revés, todo el empeño es coartar que un Estado llegue a constituirse tal Estado, y hacer que se organice de tal modo que los unos detengan sus progresos y los otros retrograden. ¿Y qué inconvenientes han hallado los Estados Unidos en este caso? Ninguno. Lo único que se ha palpado es la prosperidad y todo género de ventaja, y eso es lo que les ha hecho llegar a un estado de perfección, según nos lo refiere la historia, a pesar de haber tenido el intermedio de una guerra. Pero aproximándonos más a la cuestión, se entra en lo práctico, y éste es tal vez el punto de contacto de donde debe arrancar la cuestión.
¿Cuál es la forma del gobierno porque la mayoría de la población de las provincias se ha decidido? Yo prescindí de lo que dijo un señor diputado, que no le llamé al orden, porque es muy odioso el acto de llamar al orden al que habla, cuando decía que era un yugo el que sufrían las provincias; cuando por una cosa menor en que se hablaba de un gobierno pasado, en que había alguna diferencia, tuvimos recientemente un ejemplo práctico, que yo quisiera que no hubiera sucedido en la Sala; pero yo deseando que sea la opinión libre, en el juicio del que habla, ésa es su opinión; y así lo pudo manifestar igualmente el señor preopinante. ¿Pero podrá negarse lo que un representante de Corrientes dijo, que antes tomó la palabra, de que la provincia Oriental se ha decidido por el sistema federal? ¿Y cuál es ese caudillo o ese gobernador vitalicio que la oprime para que la obligue a dar esta opinión? ¿Podrá negarse que la provincia de Entre Ríos acaba de manifestar su opinión de un modo el más propio, consultando a sus departamentos y diciéndoles que manifestasen cuál era su voluntad, y los cinco contestes han declarado que están por el sistema de federación? ¿Dónde hay aquí una cosa que prueba que el Gobierno haya impelido a obrar de este modo y no de otro a estos departamentos?
La de Córdoba lo ha hecho tan fuertemente que el señor diputado ha supuesto ser ella el jefe de la federación, y que se le debe a Artigas; ¿este mismo acto no lo reprodujo el año 20, y actualmente no lo acaba de manifestar? Señor, si la provincia de Córdoba estuviera oprimida, como se ha dicho, no hubieran tenido los Representantes de la Junta de Córdoba la energía de representar a la faz de ese gobernador, al Congreso, nada de coacción, siendo en contra de los sentimientos de tal jefe. Pero al contrario, los sentimientos que animan a ese gobernador van en tanta consonancia con los individuos de la Junta y hasta con los de la provincia toda, que no hay prueba de que la opinión de ésta sea forzada.
Si es la provincia que represento, tampoco encuentro elementos en qué apoyar esa opresión del jefe que la gobierna, ni cómo puede sostenerse ese despotismo donde no hay fuerzas ni medio para ello; ni sé con quién pueda contar para esto, cuando ella sostuvo una guerra dilatada por no depender de la del Tucumán, como subalterna.
Pasemos, pues, a la provincia de Salta. Dígase lo que se quiera, yo he estado en esta provincia cuando se consultaba del modo más fuerte y libre, y convocando a que fuesen a dar sus ideas los ciudadanos que quisiesen ejecutarlo. La provincia misma de Salta tomó en consideración (y no uso de expresiones que en aquel caso vertió un representante) los males que habían causado la dislocación de un verdadero sistema federal; y este es error clásico.

Sr. Castellanos: Me parece que es demasiado avanzar entrar a clasificar la opinión de la provincia de Salta.

Sr. Dorrego: Pero si yo digo que esto es a mi juicio.

Sr. Castellano: Pues es falso, es errado, porque está considerado por la misma provincia.

Sr. Dorrego: Si yo voy hablando en mi opinión; lo he dicho así, que es lo que he observado; como hombre público y privado ¿puede hacérseme cambiar esto? Contésteme, pero yo puedo expresar mis ideas del modo que quiera.
La provincia de Salta cuando menos, a juicio del que habla, no está pronunciada de un modo exclusivo y terminante por el sistema de unidad; y la prueba es que creo que en las instrucciones se ordena que en el caso de que se decida el Congreso por el sistema federal, no se haga oposición o resistencia, porque tiene deseo de conformarse con él. Ésta es una prueba clásica; ya no es mi opinión sola, ya son las instrucciones.
De consiguiente, señor, queda demostrado que la opinión pública por más que se diga y se reclame por actos positivos y terminantes, está tan decidida por el sistema federal, que aun confundiéndose en alguna parte la desorganización y los males que ella causa, sin embargo están por el sistema federal. ¿Qué será cuando se considere que este sistema es una perfección de organización, es el medio de arribar al camino más breve de adquirir más ventajas que el de unidad, que nos pone en distancia de ellas?
Pero hay más, hasta el local de la capital se encuentra en este caso; porque en un sistema de unidad generalmente debería desearse ese impulso que da la proximidad a todos los puntos de la capital, para que no nos presentásemos en un estado de debilidad. En la otra forma de gobierno los recursos serían más prontos, porque es indudable que cada Estado tendría su milicia disciplinada y arreglada de un modo más exacto, y como en la forma de gobierno que tenemos no solamente las tropas de línea, sino las masas de cuerpos nacionales han de contribuir a la defensa del Estado, éstas serían mejor dispuestas y mucho más emuladas para demostrar tanto valor y energía en la campaña como el que más. Lo real y positivo es que aquel sistema es mejor donde el absolutismo y la tiranía están más distantes.
Yo creo que no hay quien pueda creer que haya igual distancia y proporción bajo el sistema federal que bajo el sistema de unidad. Uno solo gira bajo el sistema de unidad; bajo el nombre de gobierno dispone toda la máquina y la hace rodar; pero bajo el sistema federal todas las ruedas ruedan a la par de la rueda grande. No sé que se pueda presentar el ejemplo de un país, que constituido bien bajo el sistema federal, haya pasado jamás a la arbitrariedad y al despotismo; más bien me parece que el paso naturalmente inmediato es del sistema de unidades al absolutismo o sistema monárquico.
Pero quiero estrechar más la cuestión a mi modo de ver. Supongamos que este sistema federal contengan errores y males que vengan a perjudicarnos pregunto, ¿la masa general decidida por el sistema federal, no pondría un empeño en que él se ponga en planta, si probase que los errores que se le atribuyen son falsos? Así como en la guerra de la Independencia era el clamoreo del gobierno de España y de toda la Europa de que no éramos capaces, y que no teníamos recursos para quedar independientes, y todos nosotros hicimos empeños y esfuerzos para hacerles creer que teníamos recursos y disposición bastante para hacernos independientes. Esta tendencia o disposición de la masa general a recibir con gusto el sistema federal ¿no es una ventaja? ¿Por qué los legisladores han querido hacer creer que la dominación era una emanación de la divinidad para inspirarles un deseo de respetarla?
Pero pongamos aun la cuestión bajo el punto de vista de que efectivamente ella nos proporcione ventajas reales y que pueda causar algunos males ¿no podrá ponerse un artículo en la Constitución, fijando un término o período regular para que ella sea revisada? Si es posible aún establecer por la misma Constitución unos censores públicos de ella, que observen las dificultades y defectos que ocurran para ponerla en planta. Por medio de esto y en vista de los convencimientos prácticos que hagan presente el Congreso en su reunión a una época dada, sería imposible que se opusiesen los pueblos, ni es creíble que ellos quisieran hacerse desgraciados, ni que quieran una Constitución que les proporcione males, y que los ponga en una disposición más fácil de ser invadidos y confiscados. Por este medio, pues, que he indicado de un término regular dado para revisarse la Constitución, queda el Congreso en aptitud de ver si realmente existen estos males y temores que se han indicado.
Pero ya que esto es lo que urge de un modo fuerte a juicio del que habla, no es un paso natural y sencillo el que se da del sistema federal al de unidad. Indudablemente a la inversa, señor, es un paso violento e implicado y que el menos en la misma autoridad encontraría resistencia el que se diera del sistema de unidad al federal. Así es que he observado de muchos que, aunque con sana intención, creyeron que el país necesitaba una autoridad que fuera emanada de las legitimidades para mandarnos, siendo eternamente los pueblos inclinados a ésta, han opinado por esto por el sistema de unidad, por ser lo natural. No se me reproche la falta de método con que he considerado los argumentos; y así pasaré ahora a lo que se ha dicho sobre la falta de recursos.
Yo pregunto: ¿se han deslindado hasta ahora, o se han organizado en la mayor parte de las provincias las rentas que pueden dar? No, señor. Si ellas se deslindasen bajo el sistema federal, se vería que tenían suficientes recursos; por otra parte ¿la riqueza y la población no van en aumento? Si hoy se encuentra que hay algún pequeño déficit, mañana habrá algún sobrante. Nos ha arredrado nuestra revolución en el caso en que nos hallamos por no estar igualadas las entradas con las salidas. Pero se ha pasado, a pesar de que no se podía creer, porque se ha dicho, esto no es común ahora, y metodizándonos debemos esperar en adelante que haya rentas suficientes para sostener no solamente a los empleados públicos, sino también para amortizar nuestras deudas y aun para establecer un fondo, que nos ponga en aptitud de entablar proyectos de lujo que nos proporcione ventajas.
Pero hay más; un jefe bajo el sistema federal demanda tan pocos empleados, que se observa en los Estados Unidos que el Presidente de la nación no goza más renta que la de 25 mil pesos y así proporcionalmente en los demás; pero bajo el sistema de unidad el lujo y el boato y la multiplicación de empleos ha de ser de una naturaleza diferente. No nos engañemos, y esto ha de ser práctico: bajo el sistema federal los funcionarios públicos adoptan ese espartanismo que en los gobiernos nacientes como el nuestro es tan necesario, y que no sólo produce la economía, sino que conserva el amor a la libertad; porque aunque despreciable aquel principio que la libertad y la riqueza no se amalgaman; es indudable que el considerarlo de otro modo, en ese caso es perjudicial.
No sé, pues, si me será fácil hacer un pequeño epílogo para reasumir las razones que he dado. Tales son que no existen el inconveniente de que las provincias formarían pueblos dispersos en fracciones muy pequeñas; que la ilustración no está en contra de esto, sino que al contrario ellas son las que lo exigen: tales son que no hay falta de rentas y recursos para poderse conservar en el sistema federal; tales son: que el sistema federal está en consonancia con una mayoría tal que no sólo se ha pronunciado por él de un modo formal y enérgico, sino que será dificultoso hacerla contramarchar, para que reciba otra forma de gobierno.
Y aquí se me recuerda lo que dijo un señor diputado que me precedió en la palabra, que no sé con qué objeto trajo el ejército de la Banda Oriental. En dos extremos lo indicó. Dijo que ha encontrado trabas, no bajo el sistema federal, porque éste no existe, sino que las ha encontrado bajo de esa especie de simulacro, bajo el sistema federal. Al contrario, bajo el sistema de unidad imperfecto y desorganizado en que nos hallamos, es que se encuentran trabas, mas cuando estaban en el de federación, aunque imperfecto, ellas concurrieron para la formación de ese ejército con sus contingentes, y algunas lo dieron aun con exceso, porque el espíritu de patriotismo y de la independencia está en la sangre de la masa, y cuando ocurre una guerra los individuos cooperan de todos modos. Pues qué: ¿se cree que haya un individuo que merezca el nombre de argentino, que no sea capaz de desear que llevemos al Brasil nuestro sistema? No señor, eso sería una equivocación y una injuria a los pueblos.
De lo expuesto, pues, parece que los inconvenientes y dificultades que se indicaron cuando se trató de la forma de gobierno, no son de la naturaleza tal como entonces se manifestaron; y que el sistema federal es no sólo conforme al voto de la provincia que represento, sino al voto general de todas ellas; y acabo de exponer las razones que me condujeron en aquella época a decir que las expuestas por la Comisión no me habían hecho fuerza».

Fuente: El Ortiba, extraído del portal de Carlos Urquiza Denis (www.urquizadenis.com.ar); a la fecha, fuera de línea.

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