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… al Norte seca y al Sur la inundación

Los más de 300 mm de lluvias que se registraron en enero pasado, que anegaron o inundaron unas 289.320 ha de campos, el 40% del distrito de General Villegas en la provincia de Buenos Aires, muestran la otra cara de la moneda del factor climático y del modo de producción extractivista agropecuario.

Redacción

Desde hace varios años, así como en otras regiones del país las sequías recurrentes, sumadas a las pérdidas progresivas de caudal de ríos y arroyos, sea por factores climáticos o por obras incorrectamente planificadas o directamente no autorizadas, que desvían o endican los cursos naturales de las aguas, en el gran parte de la provincia de Buenos Aires se da el fenómeno inverso: los regímenes de lluvias vienen siendo superiores al promedio histórico, y la alteración de cursos y drenes naturales ha sido recurrente en la últimas décadas con la excusa de expandir la frontera agrícola.

Los motivos y las excusas para la realización de tales desacoples en materia de movimiento de suelo son variadas. Incluso muchas políticas de Estado han alentado tales alteraciones o las han dejado pasar. La cuenca del río Salado en la provincia de Buenos Aires es un paradigma en la materia. Agravado asimismo por procesos similares acontecidos aguas arriba, en el sur de la provincia de Córdoba y sur de San Fe.

Tal vez, la foto que ha quedado en las retinas sea la laguna La Picasa, espejo de agua que de estar en tierras santafesinas, viene agrandando su volumen, para pasar la frontera interprovincial y meterse en el partido bonaerense de General Villegas. De allí que las inundaciones en esa región sea algo recurrente cada vez que las precipitaciones se elevan por arriba del promedio.

Ahora, una gran porción de la superficie agrícola de ese distrito está inundado y el problema parece no tener solución de continuidad. La misma Sociedad Rural de ese partido está reclamando a los Estados Nacional y provinciales por la falta de canales y mantenimientos de cunetas y alcantarillas que permitan el correcto drenaje de las aguas hacia los cursos naturales.

Argumentan que “sin ordenar los pasos de aguas es imposible tener caminos”, y “sin caminos no hay civilización, la gente se va a las ciudades y los campos quedan despoblados, dificultándose conseguir mano de obra para una actividad muy necesaria para el país, económica y territorialmente”, afirman en un informe publicado en las últimas horas.

Llaman a recomponer la situación de los los productores ganaderos, habida cuenta de las pérdidas en las pasturas implantadas, que poseerían un alto costo inicial lo que llevaría a tener que incrementar las ventas y reducir los rodeos. Cosa que luego se traduce en las alzas de precios de la carne en mostrador. Según el informe, plantar una hectárea de pastura tiene un costo estimado de US$ 420; y amortizar dicha suma lleva “varios años de producción”.

Más allá de si las ecuaciones de costos son reales o no, lo cierto es que el problema de las inundaciones o de la sequía obedece a factores climáticos pero también humanos. La no planificación de las distintas expansiones de la frontera agrícola y los movimientos de suelo, es responsabilidad de los productores pero también de los diferentes gobiernos. No todo son los números de “la macro”, ni la mirada fiscalista sobre la producción agropecuaria.

Debemos cambiar la concepción y el modo de producción. De lo contrario a falta de agua, o por abundancia de ella, todos iremos a la ruina.

Fuente: Ruralnet

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