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El caso de la industria textil es paradigmático porque incluye todas la problemáticas que bombardean permanentemente al producción argentina y al mundo del trabajo. No es una cuestión de mirar la “macro” o la “micro”; es cuestión de priorizar el circuito productivo integral
Redacción
Por el lado de una parte de los empresarios del rubro – los de las “marcas” más conocidas -, afirman que la producción textil en nuestro país está orientada al mercado interno y depende en gran medida de lo que se consume aquí para tener mayor o menor producción. Al ser un “mercado chico”, es “estructuralmente caro”, porque – dicen – “incluso si avanzamos en la cadena de valor hasta llegar a la comercialización, debemos agregar la alta carga impositiva, los precios de los alquileres, los gastos de las tarjetas y los bancos, los gastos de las campañas publicitarias -que no son pocos-, entre otros.
Otra parte de los empresarios, afirma que el segmento “informal” del rubro textil nacional, maneja grandes volúmenes de producción, abastecen una parte importante de las demandas provinciales, tienen calidad y diseño de actualidad y compiten a nivel precios con la ropa importada.
Según datos oficiales, entre 2015 y 2020 cerraron 1.200 talleres registrados, y en el sector de la confección el 80% está en la informalidad. Esta falta de talleres hace que los pocos que resistieron estén super demandados y, por ende, suban sus precios. Desde la Fundación Pro-Tejer, dicen que desde febrero a mayo, confeccionar un jean pasó de costar $180 a $500, mientras que una remera subió de $50 a $120.
El complemento a esta situación es la capacidad de consumo de la población va en franco retroceso. Ya quedó inocua la dinámica de fomentar la demanda a partir de la “distribución del ingreso”. Los sectores de la producción y de la comercialización de bienes y servicios se concentraron oligopólicamente como nunca antes en los últimos 10 años.
Sin embargo, el Gobierno Nacional mantiene una lógica fiscalista: regula la aplicación impositiva al sector registrado y combate la informalidad con importaciones. Las estadísticas públicas muestran récord de importaciones: entre enero y mayo, ingresaron al país más de 131.000 toneladas de textiles en el primer cuatrimestre, un 30% por encima del pico de la última década. Los empresarios del sector admiten que estructuralmente el sector textil en Argentina se compone de un 50% de importaciones; y afirman: “no es lo mismo importar una remera terminada que se podría hacer desde el capullo de algodón en la Argentina, que importar el hilado, la tela intermedia”.
Entonces, los beneficiados del sector son los importadores de ropa de Bangladesh (que se capitalizaron durante el mandato de Mauricio Macri).
Según lo directivos de Pro-Tejer, el sector se está industrializando más; y también se importan cada vez más productos terminados. En estos últimos años las empresas han invertido mucho en equipamiento y en mejorar sus procesos productivos. Los precios en el sector de la moda no van a bajar si se abre la importación sin ningún tipo de limitación. Sólo provocaría desempleo en el sector, alza de precios, y menor consumo.
Y acá viene la contracara de nuestra realidad productiva – que también se manifiesta en el mundo textil. Por un lado se invirtió, pero también se perdieron talleres. Entonces hay un cuello de botella. Recuperar lo que se destrozó en cinco minutos durante 2016-2018 lleva muchísimo tiempo.
Para que el rubro genere mayor oferta y abarate costos, necesita además de mayor infraestructura, mayor personal. Eso genera un aumento de costos generales que, si no es acompañado con una política que dinamice trabajo y sueldos en otros sectores que luego demanden indumentaria, es bastante poco probable que no se fortalezca el sector informal: produce mucho, lo hace bonito y con cada vez mayor calidad.
¿Y cómo se hace para dejar a todo el mundo conforme? No buscando conformar a nadie. Debe ordenarse la cadena de valor nacional desde el inicio de la producción de la fibra hasta su exhibición en feria o comercio.
Porque una vez que el capítulo inversión + empleo + protección se agote, la crítica vendrá sobre la carga impositiva, los costos indirectos y servicios contratados (energí, fletes, publicidad, insumos).
Casi, casi, casi, que mirando el mundo textil, alcanza para comprender el país en el que transcurrimos.

Fuente: INDEC / Pro-Tejer

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