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Los británicos son especialistas en sembrar divisiones en las cosas que naturalmente nacieron para estar juntas y – con avances y retrocesos – entenderse. La pérfida Albión metió la cola con el asunto del litio; y se reavivó el conflicto unitarios y federales.

Por Pablo Casals

El despelote se viene cocinando desde 2020, pero “explotó” durante los últimos días de la semana pasada; aunque con el asunto de la elección brasileña, el tema quedó medio escondido. Resulta que el subsecretario de Relaciones Económicas Internacionales de la cancillería chilena, José Miguel Ahumada, manifestó que “pronto” habría anuncios sobre una política coordinada regional entre su país, Bolivia y Argentina, respecto de la explotación del litio y el desarrollo de la cadena industrial correspondiente.

Es el famoso proyecto de conformar entre los tres países más México una “OPEP del litio”, mediante la cual – a semejanza de lo que sucede con la organización petrolera – se puedan fijar precios internacionales en torno al mineral, y que la región tome posición a nivel global. Intenciones políticas que Bolivia manifestó desde la asunción de Arce y que López Obrador acompañó destacando la necesidad de que Argentina forme parte del acuerdo. No sólo porque tenemos litio sino principalmente, porque es el país con capacidad industrial para poder entroncar la cadena de valor sin depender de los gigantes industriales extracontinentales.

Por su parte, desde Chile hasta el triunfo de Boric no se manifestaba demasiado. Algo lógico por varios factores: si Chile quiere discutir la política regional del litio, debe estar permeable a discutir la política regional del cobre. Recordemos que en el hermano país, quienes cortar el bacalao en torno a dicho recurso, son el propio Estado chileno, sus Fuerzas Armadas, y los ingleses.

Desde la cancillería argentina, haciendo gala de su poca cintura (o mucha según quién lo mire), el “nieto ilustre”, Santiago Cafiero, manifestó los deseos de constituir la “OPEP del litio”. No tomó en cuenta la serie de pifies reiterados que el Gobierno nacional viene tomando al respecto desde que asumió.

Recordemos algunos pasajes. Ya durante la presidencia de Macri, los gobernadores de las provincias con litio (Catamarca, Salta y Jujuy) avanzaron decididamente en acuerdos con empresas multinacionales para desarrollar proyectos de explotación. La mayoría de ellas de origen coreano, australiano y canadiense. Como se sabe, las dos últimas responden a las líneas de acción geopolítica de Gran Bretaña; y poseen intereses creados y fácticos a ambos lados de la cordillera.

Asumido Fernández, la política respecto del litio se aceleró mientras estuvo Matías Kulfas al frente del ministerio de Desarrollo Productivo. El acuerdo con los gobernadores mineros fue que, a cargo de Minería hubiese alguien designado por ellos. Luego de marchas y contramarchas con otros secretarios, finalmente fue designada Fernanda Ávila a cargo de la Secretaría de Minería de la Nación, y el capital externo saludó afanosamente la designación. Era lógico: ella construyó lazos con estas firman mientras fue ministra del área en el gobierno de Catamarca; y por ende acercó posiciones con toda la región noroeste. De hecho, fueron de gira por Londres donde fueron amablemente recibidos por los principales ejecutivos de las empresas mineras, agencias de seguros, consultoras, bancos y prestadoras de servicios logísticos. Todas firmas británicas con presencia en las principales provincias mineras (Santa Cruz, San Juan, Catamarca, La Rioja, Salta y Jujuy).

Cuando Kulfas fue eyectado del Gabinete, Minería pasó a la égida del ministerio de Economía a cargo del “superministro” casi presidente, Sergio Massa. En acuerdo con los gobernadores, Ávila fue confirmada y fortalecida en el cargo. El “toque Massa”, fue reclutar a alguien de sus filas, la salteña Flavia Royón, a cargo de Energía. No hay que ser doctorado en geología astroespacial para saber que Energía y Minería son áreas que se tocan permanentemente y deben trabajar coordinadas.

Ante el exabrupto del chileno (bah… no hubo error, hubo geopolítica en cada palabra que utilizó), y el beneplácito del “nieto ilustre”, los gobernadores pusieron el grito en el cielo. Parecía que Martín Miguel de Güemes y Felipe Varela habían vuelto a la vida, defendiendo los intereses del Noroeste. De hecho, según medios regionales y de la capital Federal, hicieron eco de los dichos del ministro de Gobierno de Salta, Ricardo Villada, quién habría manifestado: «He escuchado a dirigentes decir desde la Capital que el litio es la salvación del país. ¿Por qué no vinieron antes? Cuando se moría la gente en el Norte. Hablan de los chicos desnutridos, pero cuando hay que poner plata no lo hacen. No vamos a permitir que el litio vaya a manos de quienes no son el legítimo dueño. Nosotros tenemos esa riqueza, la vamos a compartir obviamente, pero nos corresponde a nosotros”.

Una alocución propia de las viejas luchas entre unitarios y federales, encarnada por un liberal de provincia. O sea, de federal no tiene nada. Han reemplazado a los viejos patrones de estancia y hacienda de las provincias, quienes, en un supuesto federalismo, defendían intereses foráneos por su propia conveniencia. Lean la frondosa bibliografía sobre Historia Argentina: una cosa fueron los Varela y otra muy diferente los Patrón Costas (por nombrar unos nomás).

La que salió a bancar fuertemente al ministro salteño, Villada, fue la propia Fernanda Ávila. Ella, contradiciendo al Canciller y “nieto ilustre”, argumentó que «para tomar medidas ya está la Mesa de Litio». Ésta es una alianza que constituyeron a fines de agosto pasado, los gobernadores Raúl Jalil, Gerardo Morales y Gustavo Sáenz; y anunciaron que se había conformado formalmente la Región Minera del Litio.

El principal argumento geopolítico que apoya a estos mandatarios provinciales, en primera medida es Constitucional. Con la reforma de 1994 los recursos pasaron a propiedad de las provincias. Instrumento que los refundó como patrones de hacienda y estancia. Si fuesen verdaderos federales, las provincias repartirían el beneficio en ayuda mutua y recíproca con sus hermanas de la Nación. Algo que no se esperaría jamás del gobierno central.

El otro argumento, fueron los propios dichos de la Secretaría de Minería en la London Metal Exchangue Argentina, donde la funcionaria remarcó el potencial del litio en Argentina, la millonada de dólares que eso implicaría, y el rol de las provincias de la Mesa en el asunto.

Es decir, la cancillería Argentina a cargo de Cafiero – según los gobernadores del NOA -, representa intereses foráneos que se oponen al proyecto de la Mesa del Litio – que es permeable a los intereses foráneos según la Cancillería.

Parece joda, pero no lo es.

Entretanto, la pulseada parece haberla ganado Ávila, porque además del respaldo de Catamarca, Salta y Jujuy, obtuvo el reconocimiento de todos los gobernadores del “Norte Grande” – menos Perotti que se mantuvo al margen por el momento.

La lectora y el lector se preguntará ¿por qué? Simple; la Liga de Gobernadores del Norte Grande empujan el mayor proyecto de corredor logístico bioceánico que están pergeñando – cada uno con su tramito – entre yanquis, chinos, ingleses y franceses: Sao Paulo (Brasil, Océano Atlántico) – Ilo (Perú) y Antofagasta (Chile) sobre el Pacífico. El troncal sur de dicho corredor une con distintas obras y tramos a las diez provincias del norte argentino. Y ninguno se la quiere perder.

Así, entre tires y aflojes permanentes, van a terminar de reventar en el territorio nacional. Ahora bien; agarre el mapa, mire y calcule por cómo está desparramada la influencia extranjera en nuestro territorio, y examine desde La Quiaca al Polo Sur, quién sale ganando en todo este asunto…

Sí señora; acertó. Gol de Inglaterra.

Fuente: Secretaría de Minería de la Nación / El Ancasti

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