Instrumentos de Guerra Electrónica: un parámetro argentino

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Drones, aviones y radares. Argentina está atravesando un momento delicado al respecto. Además del radar británico instalado en Tierra del Fuego para uso de inteligencia militar de parte de nuestro invasor y sus aliados de OTAN, se nos presenta la eterna desidia política en materia de desarrollo soberano del plano de la electrónica y las telecomunicaciones.

Redacción

Nota del Editor 1: lo siguiente es un recurso válido para poder analizar un tema sobre el cual carecemos del conocimiento suficiente. Pero una cosa sí tenemos clara: en el Siglo XXI, el dominio del plano de la electrónica, minielectrónica y telecomunicaciones es una cuestión de soberanía nacional.

Los siguientes textos, hacen hincapié, por un lado, en el análisis de un medio británico respecto el uso de artefactos e infraestructura electrónica para uso militar y de instrumentos de guerra. Por otro, un comentario de Daniel Arias, uno de los periodistas que mejor entiende el complejo industrial argentino, el desarrollo tecnológico y el rumbo soberano – además es uno de los editores de la fuente del texto.

Ambos artículos son claros en su contenido, incluso para el lector no familiarizado con el tema. Cada uno a su manera aborda el asunto de los instrumentos de Guerra Electrónica (E.W. por su sigla en inglés) y analiza la defensa.

Obviamente, el comentario de Arias se mete con la situación de nuestro país al respecto.

Los invitamos a leer, y sobre el final, diremos algo más respecto de este tema, pero necesitamos que al menos tengan como parámetros, los contenidos de estas notas.

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Las debilidades de Ucrania y la OTAN en la guerra electrónica. Lecciones para la Argentina

Reproducimos esta nota de The Economist, con un comentario Local:

La mayor parte de la atención prestada a lo que Ucrania necesita en su prolongada lucha por liberar su territorio de las fuerzas invasoras rusas se ha centrado en el hardware: tanques, aviones de combate, misiles, baterías de defensa antiaérea, artillería y enormes cantidades de municiones. Pero una debilidad menos discutida reside en la guerra electrónica (EW); algo que los partidarios occidentales de Ucrania han mostrado hasta ahora poco interés en abordar.

Según Seth Jones, del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSEI) de Washington, Rusia lleva muchos años poniendo un «enorme énfasis» en utilizar su complejo militar-industrial para producir y desarrollar una impresionante gama de capacidades de guerra electrónica con el fin de contrarrestar los sistemas altamente interconectados de la OTAN.

Pero Ucrania, según su comandante en jefe, el general Valery Zaluzhny, se encontró al principio de la guerra con sistemas de guerra electrónica principalmente de la era soviética. Al principio la discrepancia sólo tuvo un impacto limitado, pero a medida que han ido surgiendo líneas de contacto relativamente estáticas Rusia ha podido situar sus formidables activos de EW donde pueden tener mayor efecto.

Ucrania descubrió en marzo que sus proyectiles Excalibur guiados por GPS empezaron a desviarse repentinamente de su objetivo gracias a las interferencias rusas. Algo parecido empezó a ocurrir con las bombas guiadas JDAM-ER que Estados Unidos había suministrado a las fuerzas aéreas ucranianas, mientras que los cohetes de largo alcance GMLRS lanzados por el ejército ucraniano también empezaron a fallar sus objetivos. En algunas zonas, la mayoría de los proyectiles GMLRS se extravían.

Aún más preocupante ha sido la creciente capacidad de la EW rusa para contrarrestar las multitudes de vehículos aéreos no tripulados (UAVS) baratos que Ucrania ha estado utilizando para todo, desde el reconocimiento del campo de batalla y las comunicaciones hasta la explosión por impacto contra objetivos como tanques o nodos de mando.

Ucrania ha entrenado a un ejército de unos 10.000 pilotos de aviones no tripulados que ahora participan constantemente en un juego del gato y el ratón con los cada vez más hábiles operadores rusos de aeronaves no tripuladas. Los drones favoritos son baratos, cuestan poco más de 1.000 dólares cada uno, y Ucrania está construyendo enormes cantidades de ellos. Pero las pérdidas a manos de la EW rusa, que desordena sus sistemas de guía o bloquea los enlaces de radiocontrol con sus operadores, han superado en ocasiones los 2.000 por semana. Los drones afectados revolotean sin rumbo hasta que se les agotan las baterías y caen al suelo.

Ni endurecerlos contra las interferencias ni dotarlos de inteligencia artificial para volar sin un enlace en directo con un operador humano son opciones viables todavía, al menos para los minidrones. La cantidad sigue ganando a la calidad, pero Rusia también puede tener ventaja en este aspecto. Los cielos del campo de batalla están ahora repletos de drones rusos. En los alrededores de Bajmut, los soldados ucranianos estiman que Rusia está desplegando el doble de drones de asalto que ellos.

El creciente éxito ruso en la guerra de los aviones no tripulados se explica en parte por la densidad de sistemas aéreos no tripulados que es capaz de desplegar, gracias a esos años de inversión. Según un informe publicado en mayo por Jack Watling y Nick Reynolds, de Rusi, un grupo de reflexión de Londres, los rusos están desplegando un gran sistema de aeronaves no tripuladas cada 10 km a lo largo de la línea del frente. En su opinión, el Shipovnic-Aero (en la foto), montado sobre camión, está resultando especialmente letal para los drones ucranianos. El sistema tiene un alcance de 10 km y puede hacerse con el control del dron, al tiempo que adquiere las coordenadas del lugar desde el que está siendo pilotado, con una precisión de un metro, para su transmisión a una batería de artillería.

Partiendo de un nivel mucho más bajo de capacidades técnicas y operativas, Ucrania está luchando por desarrollar capacidades EW propias a la altura de las rusas. Se están haciendo algunos progresos. Se está desplegando el sistema nacional Pokrova. Puede suprimir los sistemas de navegación por satélite, como el glonass ruso, y falsificarlos sustituyendo las señales auténticas por otras falsas, haciendo creer al misil que se encuentra en un lugar en el que no está.

Pokrova debería ser muy eficaz contra la munición de merodeo Shahed-136, de diseño iraní, pero no tanto contra los misiles de crucero que se basan más en sistemas de adaptación al terreno, que comparan el suelo con una biblioteca de imágenes almacenadas en lugar de guiarse hasta el interior. Además de Pokrova, también están apareciendo los llamados sistemas «Frankenstein», fabricados con el típico ingenio ucraniano combinando sistemas soviéticos con tecnología más moderna.

Pero lo que falta es mucha ayuda de los aliados occidentales de Ucrania en la nueva contienda con Rusia. El EW pertenece a una categoría de transferencia de tecnología restringida por un régimen de control de las exportaciones rígidamente vigilado por el Departamento de Estado.

Nico Lange, experto en Ucrania de la Conferencia de Seguridad de Munich, se muestra igualmente pesimista. Para empezar, sospecha que las capacidades de la OTAN pueden no ser tan buenas como las de Rusia. Peor aún, cuando se trata de los sistemas más modernos, cree que también hay cierta reticencia, especialmente por parte de los estadounidenses, a mostrar sus cartas a Rusia porque es probable que la información procesable, por ejemplo sobre las frecuencias y las técnicas de salto de canal empleadas, se transmita a los chinos.

En opinión de Lange, Occidente podría ayudar directamente utilizando sus drones de vigilancia de largo alcance para recopilar de forma más sistemática datos sobre las técnicas rusas de interferencia y suplantación de identidad, y colaborando con los ucranianos en el desarrollo de métodos para contrarrestarlas. Por lo demás, parece que Ucrania está condenada a hacer frente a su urgente desafío por sí sola.

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Comentario de AgendAR a cargo de Daniel E. Arias

Milei seguramente nos va a llenar de drones israelíes que, a la hora de cualquier conflicto con vecinos, no nos van a servir de un carajo porque UK, va a tener los códigos para desviarlos de blanco o capturarlos. Ahora juegan para el mismo club.

Es interesante comprobar que los yanquis no despliegan sus mejores dispositivos de guerra electrónica para anular drones en el frente de contacto entre ucranianos y rusos.

The Economist dice crudamente que si lo hiciera, los códigos informáticos terminarían en manos chinas en minutos, nomás. Sin siquiera pasar por el trámite de caer antes en manos rusas, como para que no haya intermediarios.

Por ese tipo de cosas, por no depender de otros, nuestros drones los tienen que hacer, juntando moneditas, INVAP y la FAdeA, si sobreviven a la privatización. FAdeA es más vulnerable, por ser propiedad del estado nacional.

INVAP, cuyo frágil paraguas es pertenecer a Río Negro, cuando tenga algo mostrable, siempre tendrá la opción de participar en ferias y buscarle discretamente clientes de exterior que no ofendan a la OTAN e Israel. No van a ser muchos, porque hoy gobiernan aquí, pero el truco es seguir anotado en la carrera a espera de tiempos mejores.

Como balance del período presidencial de Alberto Fernández, INVAP tuvo ministros de Defensa muy a su favor (Rossi y Taiana), y un presidente más pasivo que las aguavivas. Esto permitió que las dos fuerzas que más necesitan drones argentinos (la Aeronáutica y la Armada) arrastraran las patas con artilugios de rábula a la hora de las adquisiciones, porque lo que da plata taca-taca es importar.

En lo concreto, la única fuerza interesada en desarrollar drones nacionales fue el Ejército. Al no haber un mango para defensa fuera del FONDEF, los drones son el único modo de conquistar ese lugar de la Argentina donde los del Ejército tienen presencia cero: el cielo.

Como balance hasta el momento, en Ucrania la guerra aérea es robótica. El espacio aéreo es dominio de sistemas automatizados de radares y misiles, y cuando pinta algún ataque con aviones, son rusos y lo hacen con misiles de muy largo alcance y distancias «de stand-off» que no llegan a pisar el mapa ucraniano. Y esos misiles son robots aéreos, sólo que con forma de cohete. Los tiempos del Barón Rojo quedaron atrás.

No va a ser fácil que desarrollemos nuestros drones, algo que se viene intentando desde 2014 y que sufrió distintos modos de boicot. De mínima, si el nuevo presidente no logra privatizar INVAP, ésta va a quedarse sin ejecutar y/o cobrar sus muchos contratos previos con el estado nacional.

No hay que tener la bola de cristal muy transparente para suponerlo. Sucedió entre 2016 y 2018, cuando Macri intentó llevar a la firma estatal rionegrina a la quiebra, casi exitosamente, básicamente por contratos impagos de radares militares, civiles y de alertas de tormenta. Pero también de sistemas de defensa. Que nuestro país vuelva a tener alguna industria propia de defensa, y máxime avanzada, causa acidez en Washington y Londres.

Finalmente, a INVAP la rescató de la quiebra el Estado (el Estado holandés). En 2018 INVAP volvió a ganar por segunda vez la licitación para un enorme reactor de producción de radioisótopos de 40 MW en Petten. Ganó dos veces en Holanda, porque tras hacerlo en 2009, los holandeses tumbaron la licitación. Estaban pobres, dijeron.

Ganar contra viento y marea por segunda vez y en tierras tan de la OTAN volvió a INVAP demasiado emblemática en el país. Macri descubrió que no quería quedarse con el cadáver entre sus manos: el costo político era espantoso. Tuvo que pagar, chirriando, los contratos firmados y ejecutados.

Pero en ésta, su tierra, INVAP no es profeta y sigue viviendo en peligro, como siempre.

Y su tierra también, tras 41 años desarme unilateral, imposibilidad de entrenamiento, y atraso tecnológico en equipos.

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Nota del Editor 2:

Respecto del artículo de The Economist no tenemos nada para decir. Es netamente informativo y descriptivo.

Con el comentario de Arias coincidimos en casi todo. En todo caso, nuestra diferencia editorial está en que abogamos porque la hipótesis de conflicto nacional está en el Atlántico Sur, Malvinas y nuestra Antártida; y no tal vez de una excursión proveniente de los países limítrofes.

Obviamente, no somos ingenuos: que no consideremos a nuestros países hermanos como enemigos potenciales, cierto es que de cara a los nuevos configuramientos geopolíticos, los conflictos en ciernes, y los por venir, hace necesario que tengamos los ojos abiertos y las antenas paradas.

No por desconfiar de nuestros hermanos; sino por lo que las intrusiones extranjeras que con la excusa de “ejercicios militares” en forma cada vez más frecuente, operan sobre territorio sudamericano.

Lo interesante de Arias, es su descripción de las potencialidades nacionales en materia de desarrollo de tecnología aplicada a la EW, los organismos e institutos que podrían hacerlo, y qué es lo que se vendría en función de los alineamientos internacionales que hasta ahora anunció el gobierno entrante.

Hay algo que Arias no menciona, pero lo ha hecho en múltiples oportunidades. Argentina ya está sometida a los embates de la EW. Hemos cubierto el tema del radar de la empresa LEOLabs instalado en Tolhuin, Tierra del Fuego, que constituye un instrumento de guerra electrónica, al servicio de la OTAN.

Arias, en otras publicaciones opina lo mismo que Chasqui Federal: tratándose de un artefacto que fortalece la posición de nuestro invasor – Gran Bretaña – y su principal aliado – la OTAN -, el Ministerio de Defensa debe desarticular el mismo, desarmarlo, llevarlo a lugar seguro y analizar y estudiar todos sus componentes, apropiarse de la tecnología, para luego devolverle el radar a los ingleses en una bolsa.

Pero hay algo que se menciona en la nota de The Economist, y que nuestro colega pasa por alto dado que hizo mayor referencia al asunto de los drones y otros vehículos no tripulados.

Nos referimos a la cuestión balística, misiles y vectores. Si Argentina construye sus aviones de combate de cara a desarrollar un sistema aéreo de patrullajes, alertas tempranas, y aviones de combate que como principal prestación tengan la velocidad, autonomía y precisión de disparo para ir hasta los puntos de conflicto en el Atlántico Sur y volver a continente, hay una serie de instrumentos de EW que debemos desarrollar, y allí debemos contar con toda la estructura que bien describe Arias en su comentario.

Por un lado los artefactos suficientes para que nuestras aeronaves no sean interceptados, más los sistemas que hagan propicio los lanzamientos a varias millas de distancia, tal como según se describe realizan los rusos sin entrar en el espacio aéreo ucraniano.

Lo otro, la especie de “escudo” detector de los instrumentos de EW.

Bichos parecidos al radar de LEOLabs, que dadas las circunstancias y el contexto global que se avecina, nos hace dudar sobre si gastar una bolsa en devolverlo.

Tal vez lo mejor sería apropiarse de la tecnología, reproducirlo, y multiplicarlos por todo nuestro territorio bicontinental y bioceánico.

Fuente: AgendAR

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