¡Oia!; o ¡Eureka! La SRA se avivó de que somos una semicolonia

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¡Oia!; o ¡Eureka! La SRA se avivó de que somos una semicolonia

En su afán de victimizarse, la SRA salió a tirarse un tiro en el pie, denunciando las diferencias que existen entre el mercado interno norteamericano, y el argentino. El primero que integra nacionalmente las cadenas productivas estratégicas; y nosotros, que hemos transformado a nuestros puertos, en una canaleta incesante de salida de productos agropecuarios en manos de algunos, y en puente de entrada de trabajo industrial extranjero.

Por Pablo Casals

Llega esta época y comienzan a circular distintos informes de consultoras privadas con información basada en datos oficiales y los que arroja el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA, en inglés), de cara tomar posiciones de mercado de cara a la campaña que inicia y viene mostrando las primeras perspectivas. Los datos, mezclados y arbitrariamente seleccionados, no solamente reflejan una situación “de sector” y no de actividad.

En criollo: no son un mero reflejo de la realidad agropecuaria -en este caso-, sino que conforman una combinación de dato oficial aislado, más expectativas de rentabilidad de momento, y con el poder de maniobra que cada sector evalúa que va a tener.

Hasta acá, podemos hasta decir que “está bien”; que “es lógico”. Cada cual trata de llevar agua para su molino y ya sabemos que en el capitalismo de colonia todo vale. Lo feo del caso, es que por un lado, los medios “críticos” no analizan la información que reciben. La publican y listo.

Pero lo peor del asunto, es que con el correr del tiempo vamos detectando, que esos datos de origen privado, se ven entremezclados con la información oficial. O peor todavía. El (los) Gobiernos, impulsan políticas públicas tomando como base esos números. De allí después, las galletas y desfasajes permanentes de precios entre actividades, regiones y políticas de control.

¿Cuál es el problema? Y… uno muy evidente es que no hacen costos de cadena completa. Ponen el ojo solamente en la potencial recaudación fiscal y el resto “vemos”. Sucede que en el “vemos”, está el pueblo trabajador argentino y su situación.

La de esta semana – en realidad, del pasado viernes -, es que la Sociedad Rural Argentina (SRA) y el Grupo CREA, descubrieron que en las relaciones de comercio capitalistas entre países, existe algo que se denomina “términos de intercambio”; y también otra cosita que es la “posición dominante de mercado” – internacional en este caso.

Los argentinos, en nuestro acervo de pensamiento nacional, tenemos este tema resuelto hace siglos. Belgrano decía algo así como que “los recursos del Estado productor, quedan en manos del Estado navegante”. Desde ahí para acá, todos nuestros grandes hombres, mujeres y movimientos políticos de masas se han referido al respecto.

Sin embargo – y en hora buena -, una parte de los dueños de las cosas de todos se acaban de dar cuenta que – por ejemplo -, el valor de venta en dólares de la maquinaria agrícola, es similar en Argentina como en Estados Unidos. Sin embargo nuestro poder de compra es menor. Lo que se dice, “una luz”.

La consultora se llama “Grupo Lonja”. Entre sus referentes están los ex funcionarios de agricultura, e integrantes de la SRA y CREA , Luis Miguel Etchevehere y Santiago del Solar. El estudio de esta empresa, determinó que así como un productor agropecuario argentino, debe vender 45,25 toneladas de carne o 332 mil litros de leche para comprar un tractor mediano de 110 a 120 HP; el “farmer” norteamericano, lo adquiere prácticamente por la mitad.

Una relación similar se da en términos comparativos con el maíz (el argento debe vender un 40% más); o con la soja donde se requiere alrededor del 80% adicional.

¿Y por qué ocurre eso? Simple, aunque no lo explican de esta manera. Primero: la tonelada de tractor lógicamente va a ser más cara que la tonelada de carne, porque estamos comparando un producto primario sin valor agregado de exportación, contra otro de manufactura industrial de mediana calificación que además se importa, o se ensambla en Argentina con el 70% de partes importadas.

Ya ahí tenemos una diferencia “natural” de precio y de poder adquisitivo. El productor yanqui compra un tractor “nacional” en su país. El argento, compra un tractor extranjero, a precio foráneo más los costos de importación. En el primer caso, es una operación de comercio interno. La segunda, es de comercio exterior. Incluso si el tractor o la máquina fuera de ensamble argentino, el parámetros de costo-precio, es el heredado por su casa matriz foránea más el costo argentino por importación.

Pero lo más importante, es que si bien el tractor en dólares cuesta lo mismo aquí o en Estados Unidos; lo que no cuesta lo mismo es la tonelada de productos primarios en ambos países porque el trabajo argentino posee un vale el 70% menos que el trabajo norteamericano. Si equiparásemos parámetros económicos reales, una de dos: o la rentabilidad del patrón agropecuario en lugar de ser extraordinaria, rondaría el 20%; o la tonelada de soja argenta costarle al mundo el 70% de lo que el mundo la paga.

De todas formas, lo dicho anteriormente es un disparate. Comparar la economía argentina con la de Estados Unidos no tiene relación. Miré los PBI de cada uno y se dará cuenta; el producto yanqui es 100 veces más grande que el nuestro, por lo tanto las relaciones y las magnitudes internas de cada país son diferentes.

El informe de la consultora es bastante pobre, pero ratifica para nosotros tres conclusiones: primero, somos una semicolonia subordinada a los centros industriales, que además está dejando de ser próspera; segundo; si Argentina no industrializa su matriz económica y no se integra con los países de la región, la brecha mencionada se irá acrecentando; y tercero; no hay alternativa soberana si el Estado nacional no asume los términos del comercio exterior con las demás naciones del mundo.

Fuente: Grupo Lonja / Infocampo

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