Pensar en argentino y sopa para todos

Cuencas: un laudo para Portezuelo del Viento
25 febrero, 2022
Minería Argentina, Estado y Nación
26 febrero, 2022
ver todo

Pensar en argentino y sopa para todos

Finalmente, Rusia bombardeó Ucrania y las guerras volvieron a Europa. Desde Chasqui Federal no vamos a hacer una cobertura especial al conflicto porque no contamos con el acceso a información buena y suficiente. Sólo podemos dar información y desarrollar una posición desde América Latina sobre las consecuencias del enfrentamiento.

Por Pablo Casals

Tampoco sabemos cuál será la postura del Gobierno Argentino al respecto más allá de las primeras consideraciones y anuncios. Este asunto traerá coletazos importantes y deben estar midiendo las consecuencias de cada movimiento. Una triste posición, porque es el momento ideal para que el Poder Ejecutivo Nacional de una respuesta argentina ante el conflicto que pretende ser global.

Motivos, argumentos y fundamentos, nos sobran. Desde los más inmediatos hasta los históricos, Argentina posee una amplia saga de motivos para tomar una posición ante la disputa y desarrollar una estrategia diplomática acorde a los intereses nacionales.

En principio, con la OTAN ya tenemos nuestras cuitas. La invasión británica sobre nuestro territorio en el Atlántico Sur, Malvinas y el asedio permanente a nuestra porción Antártica tendrían que ser suficientes para, desde la diplomacia, comunicarle a la vieja Europa (Inglaterra, Francia y Alemania) y a Estados Unidos, que este conflicto es responsabilidad de ellos.

Desde las parábolas descriptivas que tanto nos gustan a los argentos, podemos explicarles, que todo asedio sobre los territorios, recursos, e intereses estratégicos de la naciones tienen su límite cuando las operaciones afectan severamente la vida de las poblaciones que los sufren. Peores consecuencias que las que vivimos en Argentina, no tendríamos que estar dispuestos a tolerar: Estados Unidos y el Reino Unido, más Francia y España – además de la invasión territorial -, saquean nuestros recursos naturales en mar y tierra, dominan y resuelven sobre nuestro comercio exterior, cabotaje marítimo, logística interna, abastecimiento y suministros.

Y no es de ahora este problema. Salvo durante cortos periodos, toda esa lista viene recreándose desde 1833.

Para los rusos también tenemos unas cucharadas. Su aparente socio comercial y estratégico más importante – China -, viene teniendo una influencia cada vez más importante sobre las decisiones nacionales respecto del comercio y la infraestructura interna acorde a esos acuerdos bilaterales. Rusia participa de ellos, como socio contratista chino. Sucede que el gigante asiático tuvo dos grandes maestros: Japón – principal realizador de ingeniería inversa del siglo XX -; y la Unión Soviética -cómo conducir un territorio tan vasto y disímil en pocos años. China aprendió de ellos esas dos claves, y las está implementando en forma mejorada; porque aprendieron a ser malos y correctos al mismo tiempo de manos de los ingleses.

Así, acá los tenemos a los chinos y a sus ingenieros formados por los rusos, corporizándose en la organización interna de nuestro territorio en forma de puentes, centrales hidroeléctricas, ferrocarriles, gasoductos y acueductos.

Pero también hay otros elementos para pensar en argentino y tomar posición respecto del conflicto. Por ejemplo, el gas. Hace un par de años – la pandemia tapó cosas -, que en Europa el hidrocarburo es un problema, y la clave del suministro la aporta Rusia con sus pozos, sus gasoductos y su Empresa Estatal, Gazprom. Obviamente, quienes se oponen a esa influencia es Estados Unidos que hace lo posible vía barcos con GNL, para dotar al “viejo continente” de gas y teniéndolo a Qatar como aliado principal. Entre los tres, le venden cerca del 80% del combustible a los europeos.

Esto no es sólo una guerra comercial, también es estratégica en cuestiones territoriales: varios de los gasoductos pasan por territorio ucraniano. De allí la importancia de controlar la región.

¿En que nos afecta a los argentinos? En que supuestamente, hasta que los gasoductos desde Vaca Muerta (de control británico-estadounidense) estén construidos (por chinos), y los bolivianos no quieran seguir regalándonos el gas (porque piensan en boliviano), Argentina tendrá que importar gas, al precio que haya. Y éste conflicto entre rusos y ucranianos ya disparó los precios.

Si se pensara en argentino, habría que cortar el chorro a las multinacionales que están explotando Vaca Muerta y las cuencas Austral y San Jorge; y que ese gas se vuelque al mercado interno, con transportadoras estatales nacionales y distribuidoras del mismo signo. El mundo está en guerra por el gas: no es conveniente que la OTAN tome decisiones sobre los hidrocarburos argentinos.

Respecto a las exportaciones de granos está sucediendo algo parecido. Los precios de trigo, soja y maíz se dispararon entre 8 y 10% en unas horas. Más allá de que volverán a estabilizarse a mediano plazo, nos enciende las alarmas: Ucrania es uno de los principales productores de trigo y maíz del mundo junto con Argentina. La soja también se ve afectada porque según es caso puede ser sustituta o complementaria de esos cereales, y por tanto es lógico que se cotice en alza.

¿Qué podría hacer Argentina? Poner el precio a sus producción. Encabezar las negociaciones con sus propios términos de intercambio, sacando de la mesa a las multinacionales cuyos países de origen pertenecen a la OTAN, y nuestros principales compradores son aliados estratégicos de los rusos.

Es el momento propicio – dirían los chinos – para pensar en argentino y a cada cual con sus cucharadas de sopa.

Invitame un café en cafecito.app

1 Comment

  1. Luis dice:

    Tal cual cada veS aparescan agujeros cada ves más profundos la capacidad de una clase profesional fingida de inoperante se transforma cada ves en menda fácil hasta que la tela se va pudriendo y parece que pronto habrá 4002

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.