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Argentina forma parte del “mundo”, y son mentiras las acusaciones sobre nuestro aislamiento internacional. Todo se lo debemos al pollo. Al igual que ocurre en los países “líderes”, la carne avícola reemplaza a la vacuna de la mesa familiar; y esta última se convierte en un artículo de lujo.

Redacción

Los datos oficiales y los de consultoras privadas coinciden en una serie de datos: durante 2021, los argentinos consumieron casi 46 kilos de carne de pollo por habitante (4 kilos más del índice de consumo de carne de vaca). Asimismo, se estima que en promedio cada argentino ingiere 300 huevos al año.

Como es de esperarse, el sector avícola salta en una pata, y difunde las estadísticas rodeándolas de un halo de “actividad clave y estratégica” dentro del complejo agropecuario, su vinculación con la industria alimenticia y el comercio exterior. Lo cierto, es que el crecimiento exponencial del consumo de pollo, habla más de la ausencia de carne vacuna en las mesas argentinas que de una transformación productiva de sentido positivo.

También tenemos algunos datos del comercio exterior, que dan cuenta de la “importancia” del sector avícola en la canasta de ventas externas: entre enero y mayo de 2022, la faena superó los 300 millones de pollos anuales; las exportaciones avícolas de Argentina mostraron una recuperación en dólares del 18,7% respecto de 2021 – totalizando U$S 139 millones-; aumento que también se reflejo en las 91.000 toneladas exportadas (6,9% más que el año pasado). También aumentó el precio internacional cerca del 11%, llevando el monto de la tonelada a U$S 1.530.

Lo significativo del caso es que según la (ahora) Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación, publica que el precio de mostrador del kilo de pollo aumentó entre junio del 21 y mayo del 22 un 86%; superando el índice de inflación oficial por casi 30 puntos.

Los datos nos otorgan un panorama claro sobre la situación de la actividad y sus repercusión en el concierto general de la producción, la alimentación y los precios. Si bien no es prudente realizar una sentencia definitiva, la tendencia del último lustro indica que la carne vacuna va retirándose de las mesas de los argentinos; y se convierte – prácticamente – en un artículo de lujo en nuestro país. Del mismo modo, el pollo pasa al lugar central. Es la carne más consumida, con mayor margen de aumento relativo de precios y de rentabilidad.

Las consideraciones esgrimidas para las carnes vacunas y avícolas, son las mismas que tiene vigencia a nivel global. Gracias al pollo, Argentina es “parte del mundo”. ¡Gloria al pollo!

Fuentes: MAGyPN / INDEC / CEPA / IES

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